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Digitalizando la protesta: movimientos sociales y cibercultura (1 de 2)

Trabajo presentado en el 2do. Congreso de Investigación, Instituciones, Gobierno y Sociedad

 Eje temático: 10. Movimientos sociales y grupos de presión

Carlos  Armando Alberto Tapia Fontes*

I Parte

Este trabajo es parte de una investigación doctoral en proceso sobre la cibercultura, las comunidades emergentes de conocimiento y los usos del saber convergente, que forma parte del Programa de Posgrado Integral de Ciencias Sociales de la Universidad de Sonora. Entre nuestros hallazgos observamos que en la cibercultura se han formado grandes espacios para los movimientos sociales, es decir, varios espacios de protesta han tenido una impronta digital.

Nuestra propuesta es señalar que muchas veces se cae en el discurso positivo, idealizador o de novedad frente a los usos tecnológicos, al de nuevas tecnologías y su efecto potencial o de promesa de cambio social. La tecnología siempre ha estado ligada al discurso social, pero es desde los años ochenta que lo tecnosocial ha adquirido relevancia. También destacamos el desarrollo histórico de los intentos o contrapropuestas de cambio social impulsados por la tecnología, indicando hechos y referentes claves que permitan entender a la cibercultura y su relación con los distintos movimientos sociales que han intentado ejercer presión para el cambio social ya sean de repercusión masiva o solo digitales.

 

Introducción

Rebasados los modelos de comunicación de masas, empezamos a analizar los modelos con base en la comunicación red  (Castells 2001). Donde existe una nueva realidad, el  nuevo espacio público descrito por Ferry (1998) adquiere relevancia en torno a lo virtual. Este nuevo espacio público, junto a sus representaciones ciudadanas, converge y da lugar a relaciones sociopolíticas inéditas con la creación de nuevas vías y la regeneración de los pensamientos políticos, en términos propuestos por Morin 2011, ejemplificados en las primaveras árabes o en los indignados españoles y griegos o de estudiantes mexicanos con YoSoy132, movimientos sociales surgidos entre los años  2010 y 2102 en el contexto de la crisis europea y de las elecciones federales en México, y recientemente en el 2014 y 2015 por los casos de Ayotzinapa, Tlatlaya y últimamente el de la periodista Carmen Aristegui. Movimientos donde las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en su expresión de uso de teléfonos inteligentes y de redes sociales tuvieron gran impacto.

Los espacios digitales públicos de protesta van de lo esperanzador a lo utópico, de una élite muy informada a las de las brechas digitales o infopobreza, de una ética hacker de propuestas libertarias a los intentos de control político y mercadotécnico.

Ahora los jóvenes aprehenden más rápido la realidad y le dan sentido al publicar sus experiencias en las redes sociales como twitterfacebook o youtube. Comparten sus pensamientos en redes extraterritoriales y al margen de los medios tradicionales; la virtualidad se torna acción. Se observa en estos movimientos que el conocimiento tecnológico que tienen sus integrantes es un factor común, además de su insistencia en una política colectiva realmente democrática y solidaria.

Rizoma histórico  

Estos movimientos no son nuevos, podemos rastrearlos a principios de los años setenta del siglo pasado. Es en esa época que se da, en términos generales, el  inicio de la cibercultura, derivada de una dinámica que surge a finales de los años cincuenta en los laboratorios del MIT (Massachussets Institute of Technology), donde jóvenes programadores trabajaban con las primeras máquinas informáticas.

En este espacio temporal que abarca cerca de treinta años (de 1950 a 1970) sucede una serie de eventos que derivarán en las manifestaciones contraculturales ocurridas en los Estados Unidos y en el mundo, donde se conjuntaron una serie de acontecimientos relevantes: a partir del entorno cultural literario surge la Beat Generation  (el 16 de noviembre de 1952, John C. Holmes publicó en el New York Times un artículo titulado “This is the Beat Generation” dando  a conocer a Jack Kerouac, Allen Gisnsberg y William S. Burroughs, escritores emblemáticos que influyeron en la literatura, la poesía y el estilo de vida, y que más tarde repercutirían en varios movimientos contestatarios), un colectivo que influyó particularmente en el movimiento underground que se caracterizó por dos tendencias fundamentales: la búsqueda de una solidaridad mundial y el intento de romper las líneas de poder, distribución, producción e información de las organizaciones autoritarias de Estados Unidos principalmente, pero también en buena parte del mundo. Son emblemáticas las protestas estudiantiles en Francia, México y la invasión soviética a Checoslovaquia en 1968; los movimientos contra la energía atómica en Gran Bretaña y Alemania principalmente; los movimientos feminista, ecologista, de respeto gay, pacifista, de educación popular, etcétera; es decir, se da una nueva combinatoria en forma de acciones sociales (movimientos sociales) que serán relevantes en la historia cibercultural, pero fue en Estados Unidos donde resaltaron estas dinámicas sociales, ya que desde la generación beat y de su tradición underground  universalista y libertaria nació la contracultura, que generó toda una explosión social y artística: Robert Crumb y Gilbert Shelton en los Comix; Zappa, Dylan, Hendrix y los Stones en el rock; Godard, Vanderbeek, Anger y Warhol en la cinematografía y la pintura; The Village Voice de Nueva York  y Time Out de Londres en la prensa, las revueltas de negros y blancos, los asesinatos de Kennedy, Malcom X. y Martín Luther King nunca esclarecidos pero atribuibles a la extrema derecha, las experiencias psicodélicas del Dr. Leary en Harvard, el bombardeo sistemático a Vietnam y la invasión a la República Dominicana por parte de E.U., la resistencia contra el reclutamiento militar y las marchas contra el pentágono, la convención demócrata en Chicago de 1968 y sus desmanes, el movimiento de liberación de la mujer, Woodstock, etcétera. Acontecimientos que reflejaban las contradicciones de una sociedad de consumo llegando a un punto de crisis psicológica que podría describirse como de infelicidad en la opulencia (Racionero 2002).

Es entonces que a  principios de los años setenta, en medio de las protestas contra la guerra de Camboya, se reunió un grupo de científicos de la informática en la Universidad de California en Berkeley, los temas principales de discusión fueron las políticas de información, destacando sus críticas al monopolio de la computación por el complejo militar-industrial y sus búsquedas del poder, esto significaba que tenían preocupaciones sociales y veían a la computadora y a la información como elementos liberadores, en la forma de idealismo político.

De esta reunión, surgió Resource One (Recurso uno), un servicio informático comunitario instalado en un almacén perteneciente a una colectividad de artistas en el sector industrial de San Francisco (Roszak 1990). Utilizando una vieja computadora IBM XDS-940 donada por la Transamerica Corporation, comenzaron su intento de dar un servicio público cuyo objetivo era la creación de una base de datos urbana que tuviera datos sobre censos, resultados electorales, entre otros. Tuvieron problemas, pues no alcanzaron  los objetivos planeados e iniciaron un nuevo proyecto: Community Memory (Comunidad Memoria o Memoria de la Comunidad), el cual consistía en una red de pequeñas terminales informáticas, distribuidas en la zona de la bahía de San Francisco, cuyo uso sería gratuito y estarían conectadas al banco de datos central de Resorce One. Community Memory instaló su primera computadora en agosto de 1973, desde una tienda de discos, para terminar en una biblioteca regional en una comunidad obrera.

Estos proyectos son fundacionales en el sentido de intentar democratizar la información mediante comunidades tecnosociales, y son claves para la cibercultura, pues aunque duraron muy poco tiempo (hasta 1975), son los primeros por luchar contra la manipulación informática por parte de los gobiernos y del elitismo tecnocrático, además son el principio del surgimiento de movimientos sociales en torno a lo digital.

II Parte

Fue en 1972, que Stewart Brand publicó un artículo para la revista Rolling Stone sobre los primeros hackers y la cultura tecnológica que estaba sucediendo alrededor de las universidades y centros de investigación como el MIT o el Xerox Parc de Palo Alto en California; Brand fue fundador de la biblia prospectiva tecno-hippie “Whole Earth Catalogue” (WEC) donde ofrecía consejos prácticos de vida comunitaria, ecológica y de volver a la tierra como forma básica de vida, pero siempre con elementos tecnológicos. Después del lento colapso de la disidencia radical americana en los años setenta, el WEC es desplazado a una modesta posición en el radar cultural; en 1974 cambia a formato de revista con CoEvolution Quarterly (CQ) y funciona como brazo de propaganda de Point Foundation (la organización editora). En 1984 Point Foundation inició en California las Hackers Conference (cuyos asistentes eran en su mayoría expertos ejecutivos de la alta tecnología, consultores, periodistas y empresarios, muy alejados del underground  digital) y empezó a interesarse por las nuevas posibilidades de la contracultura digital. Mientras tanto, CoEvolution  Quarterly se renombra Whole Earth Software Review, Whole Earth Review y al final en 1985 Whole Earth Electronic Link o The Well, la primera comunidad virtual de la red (BBS de Point Foundation)  y donde surgió el lema “Information wants to be free”, un espacio donde se discutía en tiempo real y se intercambiaban opiniones sobre cualquier tema, recordemos que un BBS (Bulletin Board System)  es un programa que permite conectarse a un sistema a través de un módem de Internet para descargar datos, leer noticias, mensajes y demás, y fueron muy populares en los años ochenta, antes del impacto de la World Wide Web a mitad de los noventa.

The Well  creó el modelo sobre el que se han basado después casi todas la comunidades virtuales y fue donde tuvieron sus orígenes movimientos como la Ciberdelia y el Technochamanismo,  además de gestarse la creación de la Electronic Frontier Foundation,  organización pro derechos civiles en el ámbito digital fundada por John Perry Barlow entre otros.

Rizoma literario

El concepto de ciberespacio aparece por primera vez en el cuento Burning Chrome (1982) de Willian Gibson (1999). Es el espacio digital de la información. Pero es con su novela de ciencia ficción de 1984, Neuromancer, donde la palabra se popularizó. El  término aparece como un híbrido entre las redes telemáticas, realidad virtual y experimentaciones con conexiones craneales, es desde la literatura donde empieza el camino hacia la contracultura digital y sus comunidades y movimientos, construida también desde la visión decadente y hedonista de los años setenta, las desilusiones punk y postpunk y la estética transformadora del video en los ochenta, la generación beat  se transformó en la generación cyberpunk donde las narrativas hablan sobre mundos ultratecnológicos y violentos; Thomas Pynchon (Gravity’s Rainbow (1973)), Philip K. Dick (Do Androids Dream of Electric Sheep ? 1968) que inspiró a la película Blade Runner (1982), Bruce Bepkie, William Gibson, Bruce Sterling y Neal Sthepenson (Snow Crash, 1992), entre otros autores, crean en su escritura una especie de plataforma teórica e ideológica del mundo cyber, es decir, de la cibercultura, ahí radica su importancia.

Las primeras temáticas cyberpunk se desarrollaban en un futuro dominado por corporaciones privadas, que utilizan su poder en las tecnologías de información para controlar a los individuos, sus antihéroes suelen ser paranoicos, utilizan drogas de diseño y son catalogados como criminales. Es a partir de estas descripciones que políticamente se ve al cyberpunk como un heredero de una tradición libertaria individualista de desconfianza a las posibilidades de control social que puede ejercer el estado mediante la tecnología. Muy similar al estado actual de nuestra sociedad.

Desde la perspectiva ideológica, algunas comunidades digitales comenzaron a autodenominarse cyberpunks a mediados de los años ochenta inspirados por el movimiento literario. Su ideología era que el mundo totalitario descrito en las novelas y cuentos no pertenecía al futuro sino que de muchas maneras ya existía y estaba presente en la realidad. Es entonces que surge un híbrido histórico que mezcla el underground digital, los movimientos libertarios y de derechos civiles y la estética cyberpunk, surge así la contracultura digital.

Aunque Gibson inventó el concepto (ciberespacio), Barlow lo empezó a utilizar para definir el espacio de relación virtual generado por Internet, tuvo la habilidad para identificar lo que era un referente del movimiento cyberpunk con una realidad que la sociedad, los medios de comunicación y el gobierno no comprendían plenamente, en muchos sentidos el creó el término en su actual significado. La retórica libertaria, su lucha y defensa del libre tránsito por la red se identifica con la ideología californiana ejemplificada principalmente en su artículo “The Economy of Ideas. Selling Wine Without Bottles on The Global Net” (“La economía de las ideas.Vendiendo vino sin botellas en la red global”) el cual fue un artículo manifiesto sobre las redes y el copyright en la era digital, y la Declaración de Independencia del Ciberespacio (1996) con sus derechos constitucionales; esta declaración es resultado de las discusiones realizadas en The Well  acerca de la dureza y persecución criminal que realizaba el gobierno de Estados Unidos utilizando al FBI contra los hackers, cabe aclarar que fue el FBI quien hizo la degradación criminal del término hacker en medio de su confusión por entender que estaba pasando. Un estudio novelizado acerca de estos sucesos lo realizó Bruce Sterling en “The Hacker Crackdown. Law and Disorder on The Electronic Frontier”convertido en libro electrónico disponible en la red (Literary Freeware).

Observamos en esta síntesis que son evidentes los intentos y las posibilidades de impactos culturales, sociales y políticos de la protesta digital, vemos que la tecnología está en constante reconversión cognitiva multiplicada por la cultura virtual, por los movimientos artísticos y por eventos que pertenecieron a épocas de grandes intentos de cambios sociales. Se pensó que la cultura digital era la posibilitadora de la solidaridad imaginada en los años sesenta y de inteligencia colectiva señalada por Lévy 1999.

*Universidad de Sonora. tapiafon@gmail.com