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FOTO DE LA SEMANA: “En construcción”

La imagen fue capturada por Ana Sánchez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Morena versus PRD

 

Alvaro Bracamonte Sierra*

El 7 de junio no sólo está en juego la gubernatura de Sonora que, siendo objetivos, disputan únicamente el Revolucionario Institucional y el PAN. En la jornada electoral se definirá también cuál de los partidos de izquierda representa esa ideología y esa manera de ver los problemas estatales. El duelo lo están librando el PRD y Morena y habría que decir que no es menos interesante que el sostenido entre Acción Nacional y el tricolor. Dados los conflictos internos vividos en el sol azteca y la buena imagen que para muchos proyecta el partido fundado por López Obrador, se preveía que Morena iba a desplazar fácilmente al perredismo como primera fuerza de izquierda en Sonora. Sin embargo, a juzgar por los sondeos publicados, los morenistas están, en el mejor de los casos, empatados con el PRD, de ahí que ese dilema está aún por definirse. Aunque el resultado está en el aire, vale hacer algunos vaticinios a partir de al menos estos elementos:

Es notoria la diferencia de recursos manejados: el PRD al parecer cuenta con una chequera abundante, mientras que Morena es evidente que batalla para promocionar a sus candidatos. Si el triunfo o la derrota dependieran del dinero, se podría anticipar que el PRD derrotaría holgadamente a Morena. Sin embargo, si nos vamos al número de planillas municipales inscritas, el resultado esperable sería otro: Morena registró casi cincuenta y el PRD solo un poco más de treinta. Si tal representación organizativa definiera tendencias, entonces Morena debería vencer al PRD.

Independientemente del desenlace de esta particular competencia, que puede considerarse como la segunda división del torneo electoral sonorense, lo peculiar es que se está librando en un marco de extraordinaria descomposición de la izquierda sonorense. A la división entre petistas, dantistas (Movimiento Ciudadano antes Convergencia) y perredistas que en coyunturas específicas se coaligaban, ahora se suma la pulverización del perredismo en expresiones múltiples cada una de las cuales carga con intereses particulares. Veamos: en e1 2012 se registró la salida de los “pejistas” del sol azteca para conformar el partido Morena.

Con ese telón de fondo los perredistas, ya sin AMLO, se enfrascaron en una lucha interna que resultó en una fractura al parecer irreversible; dos corrientes históricas se pelearon por la dirección: por un lado estaba la aglutinada en torno a J.G. Curiel y por otro la cohesionada alrededor del diputado Carlos Navarro, representante indiscutible en Sonora de los tristemente célebres “Chuchos”. La puja entre ellos la ganó en primera instancia el grupo de Curiel que con buenas o malas maneras se hizo de la dirección del partido y, más pronto que tarde, dio el apoyo a Javier Gándara, candidato del PAN al gobierno sonorense. Esta decisión fue rechazada por el PRD nacional, quien primero desconoció a Curiel, luego lo expulsó y al final impuso a Carlos Navarro como el hombre que disputaría no sólo la gubernatura sino especialmente la representatividad de la izquierda sonorense a Morena.

Estas decisiones y contra decisiones han dado luz verde a extrañas y erráticas definiciones de la militancia y la dirigencia formal e informal del perredismo local: ahí están el apoyo que un día un grupo muestra hacia la priista Claudia Pavlovich, y al otro el que un grupo distinto manifiesta a favor del abanderado panista. Es fácil advertir que la izquierda sonorense está convertida en una ensalada esquizoide que seguramente no dejará buenos dividendos para los seguidores de esta filosofía, aunque sin duda producirá beneficios para quienes, abdicando de sus principios y aprovechando la crisis partidaria, conseguirán ganancias personales.

El desorden que vive el perredismo local es el contexto que daría pie para afirmar que los de Morena los sustituirían con relativa tranquilidad como cabeza del progresismo estatal aunque, como decíamos, este escenario ya no es tan claro. Ahora bien, cualquiera que sea el resultado, acarrearía serías implicaciones para la gobernanza política del estado. Todo indica que un avance del PRD liderado por Carlos Navarro fortalecería al PRI; en cambio, el de Morena afianzaría la construcción de un proyecto independiente al de los partidos tradicionales que evidentemente acusan el desgaste del paso del tiempo.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora