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Digitalizando la protesta: movimientos sociales y cibercultura (2 de 2)

Carlos Alberto Armando Tapia Fontes*

III.  Redes globales

Se insiste en que la industria tecnoinformática avanza en el principio de ver al individuo como única entidad política legítima y, con la virtualidad, parece estar lográndolo. Estas concepciones cambian a la cultura y la realidad pública. La cohesión digital supone un movimiento social en el que la naturaleza de las relaciones deja de ser jerárquica. Es en este contexto que hay un nuevo tipo de relaciones centrado en el individuo (Castells, 2001), pero paradójicamente esta individualización construye un modelo social basado en redes o comunidades con intereses, valores o afinidades.

Estas redes participan en un proceso estructurado que se manifiesta en varios niveles de los nuevos modos de vida, formas de construcción del yo, flujo transversal de las dimensiones política y económica, dominación y resistencia cuyo escenario es el ciberespacio. En tal sentido, se da una reconfiguración de la globalización.

Las grandes narrativas que describían el optimismo del desarrollo tecnológico y sus consecuentes explicaciones de los daños colaterales (en una visión liberal de la Historia) crearon el concepto de modernidad, sin embargo, a partir de los años setenta del siglo XX, se distingue que lo que ocupa al estudio sociológico es el concepto post o problemas post (post-industrialismo, post-modernidad, post-colonialismo, etcétera). Ahora, para describir la situación contemporánea existe una palabra clave: la globalización. García Canclini (1999) construyó una visión socioantropológica de la globalización, en la década de los noventa el globalismo no sólo era un fenómeno de relación, sino una ideología que disminuyó el mercado de las discrepancias políticas y las diferencias culturales, el reordenamiento de los campos simbólicos bajo un mercado que los controla; desde esa visión, la globalización estaba integrada a un universo mercantil, en donde el imaginario de un futuro económico mejor sería frágil si no se tomaba en cuenta la diversidad cultural.

Y efectivamente, la sociedad de la comunicación globalizada hizo que tuviéramos los mismos gustos, comportamientos y satisfactores a nivel urbano, pero había una violencia estructural, la cual parecía ser la violencia de la organización del comercio y de la producción, del control de mercados y de la tecnología por los grandes monopolios. Aumentaron la pobreza y la injusta distribución de las riquezas, la globalización se convierte en una globalización del caos, se justifica la corrupción por el libre mercado, hay una dogmaglobalización; las naciones eran arruinadas en cuestión de semanas, no había una regulación global económica, los países se medían en términos de riesgos económicos y no por su cultura.

El modelo de la globalización trajo consigo acciones económicas abrumadoras y homogéneamente adoptadas en el mundo, consistentes en la desactivación de los mecanismos institucionales de protección social. La concentración oligopólica financiera extrema parecía estar a punto de reventar y obligó a entrar en recesión a países como Japón, Argentina, México, Estados Unidos, entre otros.

Fue en ese contexto de crisis capitalista de proporciones indisimulables, que se desarrolló una ofensiva contra ese modelo globalizador que se supone propicia el anonimato, la uniformidad de culturas y la homogeneización de identidades: el movimiento antiglobalización, que pretendía situar al hombre en el centro de la política como fin y medio, además de promover el buen vivir frente al bienestar sólo económico.

Con la globalización surgen movimientos sociales que tienen como base común las propuestas de ejecución sobre los flujos de comunicación en red (Touraine, 2000): la rebelión zapatista de 1994, las protestas ocurridas en Seattle (1999) contra la cumbre de la OMC y Génova (2001) en la cumbre del G8; después en Davos y en Argentina (2001), en los Foros Sociales Alternos de Sao Paulo. Prácticamente en todo el mundo se empezó a trabajar en redes en conexión y oposición a ese modelo globalizador mediante el uso intenso de Internet., Esta expansión redimensionó las formas, y las acciones antisistémicas también se volvieron globales. Se digitalizó la protesta.

El proceso de convergencia tecnológica en el espacio de socialización en que se convirtieron las redes sociales digitales permitió la organización en torno a las acciones de represión discursiva y criminalización de las protestas antiglobales. Aparece la compleja transmisión de contrainformación a través de ideas libertarias frente a los valores autoritarios. Estas transformaciones reflejan los cambios tecnocognitivos y subjetivos que provocaron el contexto globalizador y la cibercultura.

Si la primera guerra del Golfo Pérsico (1991) provocó un movimiento de protesta mediante, elementos tecnológicos como el uso del fax, BBS v radio transmisiones, en la segunda (invasión a Irak, 2003) lo digital hizo que las acciones se expandieran y produjeran movilizaciones globales cuya expresión social más relevante fue el III Foro Social de Porto Alegre, en Brasil, en el mismo año. Con la idea de “otro mundo es posible”, en estos foros se empieza a complejizar el pensamiento a niveles de discusión sobre los temas de nuevas tecnologías con temáticas de inclusión digital y comunicaciones alternas así como su democratización, software libre y otros.

La reconversión digital democrática ciudadana se enfrentó a las viejas formas establecidas de la participación política; el proceso de la transformación del conocimiento colectivo se estrelló con los intentos de control monopólico de empresas como Google, Microsoft o Facebook, entre otras; las posibilidades sociales de libre distribución y privacidad confrontaron reiterados ataques a la libertad y a los derechos individuales por los cuales siempre se ha luchado en el neoterritorio Internet, donde los ataques son constantes y recurrentes.

Los intentos del gobierno de los Estados Unidos de imponer leyes contra la cibercultura evidencian la línea de un Estado vigilante y represor, con pretexto de su seguridad. Las acciones legales para disponer de nuestros datos con cualquier excusa para ser usados por la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) son cada vez más reiterativos. Esto es importante porque desafortunadamente la mayoría de los servicios que regularmente usamos a través de la Web pertenecen a compañías radicadas en Estados Unidos, por lo que el alcance de sus leyes sería global.

En este contexto de sociedad vigilada, también el gobierno de Peña Nieto ha hecho propuestas en la Ley Secundaria de Telecomunicaciones (2014) con la intención de tener control sobre los contenidos de Internet que, a juicio del Estado, puedan vulnerar su seguridad, es decir, una ley totalmente regresiva y censuradora.

A pesar de este panorama, las tecnologías generan campos tecnoculturales que transforman constantemente nuestra realidad y aún pueden ser libertarias., Hay una expresión de emergencia de experiencias culturales/cognitivas socializadas por las TIC en un proceso de convergencia que difícilmente pueden ser controladas. Se construyeron nuevas redes de acción colectivas con Internet, por eso son tan importantes los esfuerzos para mantener libre el flujo de información en el nuevo sistema multimedia. Además de la comunicación de masas, tenemos la autocomunicación de masas (Castells, 2009) desde cualquier plataforma.

En esta autocomunicación referencial, de orden autopoiético, existe el peligro de aturdimiento, donde el individuo ya no actúe como tal, sino que privilegie la forma sobre el contenido (Lanier, 2010), bloguear, twitear, wikear, son signos neolingüísticos que, por un lado, fragmentan una realidad que muchas veces más que potenciar el conocimiento banalizan las interacciones interpersonales pero, por otro, generan un proceso de autoestima y aumento de la percepción social de sí mismos. Además de la posibilidad de provocar acciones concretas, traducidos en posibles movimientos sociales, tenemos entonces posibles catalizadores y potenciadores de conocimientos y acciones. Observamos que el signo principal de la tecnología es el cómo cambia a las personas.

Sociedad red
Van Diik, quien fue el primero en nombrar la “sociedad red” en De Netwerkmaatschappij (Castells, 2000), popularizó el término en el primer volumen de su trilogía La Era de la Información, donde señala que la sociedad red se expandió como forma dominante de organización de nuestra época, una estructura conformada por redes de información impulsadas por la TIC sobre la base del paradigma informacionalista.

Según este modelo generado por la globalización, en la sociedad red la realidad se construye por redes de información que procesan, almacenan y distribuyen información sin restricciones de espacio, tiempo ni volumen. Hay una revolución tecnológica que genera una nueva sociedad basada en la información y el conocimiento, lo que trae consigo una nueva economía cuya características principales son:

• Poder conectarse en red (networking power)
• Poder de la red (network power)
• Poder en red (networked power)
• Poder para crear redes (network-making power)

En tal sentido, la información y la comunicación son de los mayores desafíos políticos del siglo XXI. En el ciberespacio existe evidentemente fragmentación, pero en la conformación de comunidades de usuarios globales en línea (Facebook, youtube, twitter) y wikis, blogs, software libre, creative commons, existe el sentido de descubrimiento (conocimiento), aplicación, servicio y recepción; este es el uso efectivo para provocar cambios sociales.

Por eso es importante, se construyen vínculos con la interacción y participación en redes, se transmite y genera conocimiento, hablamos y compartimos con aplicaciones cuyo uso es mayormente gratuito, los contenidos libres generan pretextos para la conversación y sentimientos de pertenencia, se empieza a colaborar en procesos de producción colectiva. Empezamos a consumir y a necesitar información y conocimiento de forma reiterada, con lo cual se va creando un régimen informacional que cada vez aumenta y hace que comprendamos mejor la realidad y sus problemas. Los nativos digitales se desenvuelven entre la web social y el nanoblogging y el videoblogging (Twitter, Whatsapp), el auge de los Podcasts y la nueva gestión del conocimiento e información a través de los wikis (Wikipedia), etcétera. Por otra parte, el inmigrante digital puede también recombinarse para configurar la nueva vida digital en espacios múltiples con ciudadanos cibersociales (interactividad), bajo esquemas que muchas veces no reconocen esta nueva realidad, sobre todo en el entorno educativo y en el de medios noticiosos.

 

IV. Formas de protesta digital

Al interior de la resistencia digital existen varios nombres para designar el concepto de activismo digital: hakctivismo, mediaactivismo, artivismo, activismo táctico. Podemos ubicar históricamente también a una serie de colectivos mayormente orientados al arte que se dedican a confrontar el poder en el ciberespacio: Critical Art Ensemble (CAE) colectivo de artistas formado en 1987, dedicados a explorar las intersecciones entre arte, tecnología y activismo político. Sus actividades interdisciplinarias iban del diseño gráfico a la teoría crítica, al arte electrónico, la fotografía, etcétera. Su objetivo era, a través de sus obras, provocar y retar a las estructuras autoritarias de la cultura occidental. En 1994 introdujeron el concepto e idea de la desobediencia civil electrónica a partir del modelo de la desobediencia civil callejera, sugiriendo la idea de un flujo descentralizado de microorganizaciones diferenciadas (células) que producirían múltiples corrientes y trayectorias con el fin de emular la velocidad de la economía política capitalista. Una de las acciones más representativas de este concepto de cibersabotaje fue el proyecto SWARM, que llevó a cabo el grupo Electronic Disturbance Theater durante la celebración de INFOWAR, el Festival Ars Electrónica de Linz, en Austria, en 1998. Crearon un software llamado FloodNet cuyo funcionamiento consiste en enviar órdenes de recarga a la página que desean intervenir. Así, si varias personas lo utilizan simultáneamente contra una web determinada, la página se bloquea y nadie puede entrar. En esa ocasión se propusieron atacar tres páginas: la de la presidencia mexicana (en apoyo al zapatismo), la web del Pentágono (contra el Ejército de los E.U.) y la web de la bolsa de Frankfurt (Símbolo del capitalismo internacional).

Las formas de trabajar de los artistas del Critical art Ensemble podrían definirse como Tactical Media, especie de intervencionismo digital, donde intervienen la recombinación y la representación, la copia y reproducción, es decir, se pueden cuestionar los estándares semióticos creando eventos participativos. Hay una experimentación colectiva que intenta el desplazamiento de símbolos y de nuevos usos tecnológicos, por ejemplo, invertir los roles o dicotomías del emisor-receptor, aprender-hacer, cliente-servidor.

Entre estas formas diversas de protesta que generan movimientos sociales se ubica al hakctivismo telemático y digital que trabaja sobre los códigos y procesos comunicativos; es decir, si el poder trabaja sobre las bases del reconocimiento, el hakctivismo trabaja sobre el sujeto en tanto que es susceptible de copia, modificación, representación, sobrerecodificación o recombinación.
Otra forma de resistencia es la del software libre, propagada e iniciada por el hacker Richard Matthew Stallman (RMS) en 1984 con su software GPL. En éste, el usuario de una computadora tiene el derecho ético de saber qué hace el programa que usa y el derecho también de poder cambiarlo y difundir copias entre su comunidad con libertad. Puede cooperar, compartir y tener el control de lo que hace el programa. Un tipo de software de este tipo sería obra de muchos consumidores-productores anónimos que garantizarían al usuario la libertad de utilizarlo para cualquier propósito (libertad 0), libertad de estudiarlo y ver cómo funciona y adaptarlo a sus necesidades (libertad 1), la libertad de distribuir copias (libertad 2) y la libertad de mejorarlo y hacer públicas las mejoras para los demás, de modo que los beneficios sean para toda la comunidad.

De igual manera, inspiradados en la filosofía del software libre, especialistas en ciberderechos han estado trabajando para ofrecer modelos legales que tengan que ver con aplicaciones de informática y reserva de derechos. Uno de ellos, Lawrence Lessig, acuñó el concepto de “Creative Commons” una propuesta de liberar a la cultura de los excesos del copyright y del concepto de protección de contenidos. Lessig, en su libro Free Culture. How big media uses technology and the law to lock down culture and control creativity. (Cultura Libre. Cómo los grandes medios usan la tecnología y la ley para cerrar el acceso a la cultura y controlar la creatividad), explica que los conceptos no son una apología de la piratería sino que significa una aplicación de una serie de medidas legales entre otros copyrights y el uso social de los productos culturales. Se trata de aumentar las posibilidades que tiene la sociedad de acceder a la cultura sin dañar a los autores. Creative Commons es un proyecto que trata de incidir en las actitudes monopolizadoras del conocimiento y su manipulación. Se estudian principalmente los programas, ya que las redes digitales forman la infraestructura básica sobre la que se instala la sociedad del conocimiento. Creative Commons proporciona un sistema que automatiza la búsqueda de contenidos “comunes”. Los autores establecen condiciones generales que quedan incorporadas digitalmente a sus obras, de manera que un motor de búsqueda pueda identificarlos.

Es así que llegamos a los estudios de Rheingold (2002), donde tomamos los conceptos Virtual Community (comunidad virtual) y Smart Mobs (multitudes inteligentes), donde se propone el uso de la democracia descentralizada en la organización social mediante la comunicación móvil (teléfonos inteligentes), redes inalámbricas y la acción colectiva y colaborativa que conforman las competencias digitales y que pueden provocar movimientos sociales y formas de protesta y de resistencia.

Conclusiones
Dentro de nuestras investigaciones en el proyecto doctoral, en noviembre de 2104 llevamos a cabo una encuesta a 133 alumnos preuniversitarios para saber cómo practicaban el saber convergente en la cibercultura, es decir, en su sociabilidad digital, fueron cuatro grupos representativos de orientaciones disciplinares distintas. Estos fueron de las preparatorias del Tecnológico de Monterey Campus Sonora Norte, Colegio de Bachilleres Plantel Villa de Seris, Preparatoria Paulo Freire y Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y de Servicio No. 11, todas ubicadas en la ciudad de Hermosillo, Sonora. Estas escuelas cubren un gran espectro social: la primera, por ejemplo, es una escuela privada orientada a un estrato social con poder económico alto y con prácticas escolares orientadas a la tecnología; la segunda es pública, con gran nivel de aprovechamiento escolar según indicadores; la tercera es una escuela privada orientada a Ciencias y Artes, y la última tiene una vocación técnico industrial. Analizamos dimensiones colaborativas, colectivas y de diálogo, pero lo que quiero señalar es que a la pregunta referencial a nivel de interactividad de que si participaban o conocían movimientos sociales a través de la red, la respuesta fue negativa en un 66% . Aunque la mayoría de los alumnos preuniversitarios no tiene una fuerte carga ideológica o de compromiso político, el dato es relevante. Es necesaria la autocrítica, el uso de las TIC no es nuevo ni tampoco es un elemento liberador. Es un elemento que puede, eso sí, provocar cambios, pero éstos no son automáticos. Los intereses de la mayoría de las personas se centran en sobrevivir en ambientes económicamente hostiles; los chicos centran sus actividades digitales en lo lúdico y la reproducción principalmente; un gran porcentaje de la población todavía no tiene acceso al mundo digital. El uso de las redes se idealiza en forma mitológica.

Vemos que las TIC en su transcurrir histórico han impactado las formas de organización y difusión y sí han provocado movimientos sociales, políticos y de vocación democrática, pero se necesitan aún más reflexiones teóricas en términos sociocríticos y no abstractos ni idealizadores de la tecnología, sino desmitificadores y que, además, no se queden solamente en el plano académico. Sólo así las intenciones de cambio se convertirán en realidades permanentes.

Referencias bibliográficas:
Castells, M. 2000. The rise of the network society. Oxford: Blackwell.
Castells, M. 2001. La galaxia Internet. Barcelona: Areté.
Castells, M. 2009. Poder y comunicación. Madrid. Alianza.
Critical Art Ensemble. 1998. Flesh machine, cyborgs, designer babies, and the new eugenic consciousness. New York: Autonomedia
Ferry J.M, Dominique, Wolton y otros. 1998. El nuevo espacio público. Barcelona, Gedisa.
García Canclini, N. 1999. La globalización imaginada. México-Buenos Aires, Ed. Paidós.
Gibson, W. 1999. Neuromante. Barcelona: Minotauro.
Lanier, J. 2010. You are not a gagdet. New York: Random House
Lévy, P. 1999. ¿Qué es lo virtual? Barcelona: Paidós.
Morin, E. 2011. La vía para el futuro de la humanidad. Barcelona: Paidós.
Racionero, L. 2002. Filosofías del underground. Barcelona: Anagrama.
Rheingold, H. 2002. Smart Mobs: The next social revolution. Transforming cultures and communities in the age of instant. New York: Perseus
Roszak, T. 1990. El culto a la información. México: Grijalvo.
Touraine, A. 2000. Can we live together?: Equality and difference. Stanford, Calif.: Stanford University Press.

*Maestro de tiempo completo en la Universidad de Sonora.