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FOTO DE LA SEMANA: “Amarillo”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Crónica mínima de una elección

Alvaro Bracamonte Sierra*

En mi carácter de funcionario de casilla, relato a continuación las vivencias experimentadas antes y durante la jornada electoral en éstos que serán recordados como los comicios más difíciles en la historia de la entidad.

Sábado seis. En la víspera reviso la documentación recibida por el Capacitador-asistente electoral, como técnicamente se llama a la persona representante del INE y el IEE encargada de visitar al ciudadano insaculado y a quien una vez confirmada su participación lo instruyen sobre los aspectos más relevantes del proceso. La capacitación y el simulacro quedan lejos de despejar todas las dudas que surgen en la preparación e instalación de la casilla.

Por eso un par de días antes, pero sobre todo el sábado, lo dediqué a releer el manual de funcionario elaborado por el INE. Con esta relectura me quedaron más o menos despejadas las confusiones y me sentí más seguro de cómo proceder en los aspectos más delicados de la jornada como es la propia instalación de la casilla.

Enseguida me puse a revisar la papelería electoral que la misma capacitadora entregara unas semanas antes. Todo estaba en orden, aunque cierta desazón me surgió a propósito de la vasta cantidad de expedientes que deben llenarse antes y durante la votación y sobre todo en el cierre, en el conteo de los votos, el llenado e integración del paquete electoral y la publicación de los resultados. Hice de nuevo el recuento de los pasos seguir y así pude por fin experimentar cierta tranquilidad al considerar que estaba preparado para llevar adecuadamente el proceso.

Si bien estas impresiones son personales, no dudo que todos o casi todos los ciudadanos que aceptaron esta responsabilidad debieron sentir las mismas preocupaciones; igualmente, y por supuesto aún mayores, las tuvieron el cuerpo directivo del INE y del IEE, pues se trató de las elecciones más ríspidas de la historia y particularmente los consejeros ciudadanos del organismo local se estrenaban en esta alta responsabilidad; además, el nuevo código electoral aprobado el año pasado contemplaba ajustes significativos en la operación y organización de la cuestión electoral.

Supongo también que deben estar preocupados por lo cerrado que concluyó la campaña; los dos candidatos punteros terminaron prácticamente empatados, lo que generaba cierto temor entre los consejeros electorales de que eventualmente se desbordaran las pasiones y se volvieran inmanejables situaciones que en otras circunstancias no tendrían mayores consecuencias.

Pero donde la ansiedad registró niveles extraordinarios a lo largo del sábado fue en los equipos de trabajo de los candidatos punteros quienes, sabedores de lo parejo de la disputa, debieron poner el mayor de los empeños en aceitar la maquinaria de movilización a fin de garantizar que los simpatizantes acudieran a la urna y depositaran el voto. Sabían los encargados de estos operativos que la movilización sería la clave; a lo largo del sábado el estrés debió llegar a alturas desconocidas pues ese día seguían detectando las insuficiencias que podrían poner en duda la capacidad de llevar a votar a la gente.

Domingo siete: A las 7:30 de la mañana, tal como se indica en el Manual del Funcionario de Casilla, me apersoné en la casilla donde estaría como presidente. Puntualmente arribó el resto de los funcionarios y tras estar completos nos dispusimos a dar cumplimento al procedimiento de instalación. Tuvimos siempre conciencia de que en ninguna circunstancia la votación podía empezar antes de las 8:00 de la mañana. Igualmente dimos cumplimento con los pasos establecidos en el referido manual para la instalación de la casilla. Así procedimos. Mientras que los secretarios de la elección federal y local contaban las boletas foliadas, me dispuse junto con los escrutadores, a armar las urnas y las mamparas. Luego, los secretarios llenaban el formato de identificación y en lo personal recibí los nombramientos de los representantes de partidos.

Una vez cotejadas las boletas e instalada la urna y la mampara con la aprobación de los representantes de cada uno de los partidos, nos dispusimos a dar inicio a la votación; para ese momento la fila de ciudadanos esperando sufragar se extendía a más de 60 metros. Empezábamos así, entusiasmados, la parte que nos correspondía en este ejercicio ciudadano. En la siguiente colaboración continuaré con esta crónica mínima del proceso electoral, compartiendo los pormenores y desenlace de la jornada. Mientras tanto, ojalá que este día haya iniciado con el país y el estado en calma.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora