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FOTO DE LA SEMANA: “Amarillo”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Votar… ¿o no votar?

Victor S. Peña*

No hay tiempo que no se llegue. Y ya está aquí, el de la elección.

Desde el pasado miércoles no hay campañas. Un respiro, algunos dirán. Un poco antes, desde el domingo, las y los candidatos hicieron su mejor cierre. Las cosas más o menos a la tranquilidad habitual. Siguen algunos días en los que se supone cabe la reflexión anterior al sufragio.

¿Un balance preliminar? Las propuestas y promesas parecían estar en un segundo plano, siendo la descalificación lo que ocupó las primeras planas y conversaciones de café: corrupción, impericia, abuso del poder. Nadie parece haber escapado.

Lo vivido en Sonora no es muy diferente a lo sucedido en el resto del país. Acá, puede ser, el asunto estuvo más intenso. Pero también por otras latitudes se intentó y se dijo de todo.

Ante esto, el ciudadano no militante sentirá lo tupido y ya no solo lo mojado.

Si estaba al borde del fastidio y la apatía, muy seguramente terminó por convencerse de que anular su voto, o de plano ausentarse de la casilla, es una opción atractiva (y hasta lógica) para dar a conocer su desencanto: si votar es hacerles gordo el caldo a los mismos, no hacerlo supondría un castigo. Más o menos así la conclusión.

Por mi parte, invito a votar. Hacer un esfuerzo por no mandar al diablo a las instituciones y tomar una decisión que, si bien pudiera no ser óptima, en términos reales tiene un impacto.

Cuando el ciudadano apartidista se aleja de las urnas, la importancia de la movilización (léase, acarreo) durante la jornada crece exponencialmente y, con ello, las prácticas clientelares a favor de todos los colores y un largo etcétera. Circulo vicioso.

Efectivamente, mucho se ha dicho de todos, o de la mayoría, si no se quiere una visión tan catastrófica. La duda sobre la integridad de los contendientes se parece más a la certeza de que todos son lo mismo. Aun así, lo que veo es un ejercicio más complejo para decidir, pero no es algo imposible.

Anular el voto, me parece, es una puerta falsa en el sistema que tenemos.

Ahora bien, el asunto es claro: votar no es el único camino para mejorar lo que tenemos. Incluso, podría hasta ser el más acotado de ellos: seleccionar entre los propuestos por un deteriorado sistema, no es igual a elegir con libertad al más digno representante. Esto debe decirse con toda claridad.

Votar no equivale a participación ciudadana, está claro. Mal se haría tratando de reducir al ciudadano a la mera jornada electoral. Otros caminos existen, incluso regulados por leyes de participación sin estrenar; pero en eso de ser ciudadano, la cartera está abierta y el único límite es la creatividad. ¿Quién levanta la mano? ¿Quién se arremanga para predicar con el ejemplo?

Cada quien en la libertad de expresarse como quiera y adherirse a la corriente que mejor le acomode. El respeto a las posturas, ante todo. Yo, en lo personal, sencillamente no creo en anular el voto. Como tampoco creo que el asunto termine el día de la elección.

Votar (o no) este domingo, lo importante es entender que el asunto apenas comienza.

Si los representantes no responden a los intereses de la comunidad, hay que señalarlo. Si los gobiernos no tienen capacidad para hacer frente a las demandas, hay que reclamarlo. Si los políticos son mentirosos y corruptos, hay que castigarlos. Esto todos los días y sin cansarse.

Pero para señalar, reclamar y castigar como se debe, hay también una tarea por hacer en la que todos estamos incluidos y nos queda mucho por aprender. Más allá de la jornada electoral, todos debemos participar en la causa común de construir una mejor comunidad.

*Doctor en Política Pública por el Tecnológico de Monterrey. Profesor investigador en El Colegio de Sonora. En twitter, @victorspena