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FOTO DE LA SEMANA: “Luces y música”

La imagen fue capturada por Ana Rosa Sánchez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Si el río suena…¿es que metales lleva?

José Eduardo Calvario*

Hay un refrán popular que asocia el mundo de las suspicacias, sospechas, conjeturas que a veces son fundadas y otras no, con la terrible realidad. Las voces “disidentes” que denuncian, y denunciaban, la gravedad de la contaminación del río Sonora nos debería mantener alertas. No obstante, al final del primer medio año del derrame de tóxicos por parte de la minera de Cananea la situación quedó en un estado de latencia, de impasse. Las movilizaciones sociales en los pueblos se pararon, la agenda noticiosa y política se ocupó de otros asuntos, las autoridades de salud poco dijeron, y dicen, del monitoreo respecto a los impactos en los/as pobladores/as directamente afectados/as. Se acaba de cumplir un año, y al parecer, hay atisbos de reiniciar la atención local y medianamente nacional sobre el asunto.

Durante este primer año existen, y existieron, testimonios que relatan el impacto negativo en la vida cotidiana y productiva de la región. Salta la pregunta ¿qué es lo que motiva la desmemoria o el desinterés colectivo por este tipo de tragedias ecológicas y humanas?

Una respuesta apresurada puede ser que los medios masivos de comunicación no han dado seguimiento sistemático a este hecho y que por ende no contribuyen a dimensionarlo en términos de eso que se llama “opinión pública”.

Otra respuesta estaría en función del nivel de afectación subjetiva y el resarcimiento maquillado. A los pobladores lejanos, como los citadinos de la ciudad de Hermosillo, la percepción y constatación de su afectación prácticamente fue cero. A los/as pobladores/as de la región se les retribuyó, en parte, el daño causado con una suma monetaria y medidas paliativas como las instalaciones de tinacos en sus casas. Pero estos dos hechos por sí mismos no explican cabalmente por qué se olvida el hecho o no se le presta la adecuada atención.

Al agregar un tercer elemento, la influencia de grupos de interés, la respuesta es más completa y compleja a la vez. Y no solo eso, si recordamos, junto con la sociología, que no existe esa sustancia amorfa que llamamos “opinión pública”, porque ni es opinión ni es pública. En realidad estamos frente a un conjunto de juegos de discursos que están en una lógica de intereses, en ocasiones inconfesables. Son juegos de poder en donde los participantes con menos posibilidad de ganar son los/as ciudadanos/as con poca influencia y representación social. La opinión pública es una construcción de intereses particulares que elaboran agentes económicos y políticos. Es entendible que Grupo México, las autoridades estatales y federales, así como organizaciones afines o comprometidos con algunos de estos (organizaciones empresariales, sindicatos, partidos políticos, etcétera) hagan frente común para la desmemoria colectiva, y traten, a su manera, de desviar la atención con la ayuda de algunos medios.

Según información tanto de medios tradicionales como de las actuales redes sociales, pareciera que hay pruebas suficientes para poner en alerta a la población en general. Más allá de los grupos de interés, y más allá de la agenda noticiosa de los medios de comunicación tradicionales, el letargo de la población es evidente. Para el caso de la ciudad de Hermosillo, las movilizaciones son muy tibias, quienes la promueven son pocos/as.

En términos de la percepción colectiva del daño, tal parece que no existe o en su defecto se minimiza y se otorga poca relevancia de la gravedad. Los juegos de verdad, o juegos de discurso, por parte de las autoridades gubernamentales intentan camuflajear los daños; existe una insostenible ocultación de las consecuencias ecológicas, sociales, económicas y de salud. Para el caso de los/as ciudadanos/as de Hermosillo, no han calado los posibles efectos porque no solo hay el contubernio de las autoridades sino que también hay procesos, en sectores de la población, de retraimiento de la sensibilización social, del cuidado ético del medio ambiente, y de la noción del bien común. Estamos a años luz respecto a la construcción de una ciudadanía participativa, propositiva, informada, democrática. Sin duda, lo anterior dificulta una plena consciencia de los riesgos y peligros latentes y actuales que enfrenta la ciudad ante los niveles de metales pesados, a decir de la investigadora de la UNISON Reina Castro, en algunos pobladores de las localidades cercanas a la presa el Molinito. Esperemos que la situación del país no alimente aún más la apatía, el desencanto, la frustración, el desinterés, y se reactiven grupos sociales que puedan impulsar acciones frente a los peligros que se avecinan. La moneda está en el aire.

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.