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FOTO DE LA SEMANA: “Observatorio Tolteca”

La imagen fue capturada por Janeth Schwarzbeck en Tula, Hidalgo.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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La deconstrucción de lo políticamente correcto

J. Eduardo Calvario*

Una de las características más notorias de nuestras sociedades, sobre todo las de corte occidental, es la tendencia a construir un discurso que podríamos llamar de doble moral. En las siguientes líneas, quisiera compartirles lo que considero un efecto negativo de los comportamientos que implican un doble discurso.

En el contexto de las pasadas campañas electorales todos los candidatos y candidatas se movieron en la lógica de lo políticamente correcto. En cierta manera es comprensible. Ganarse la confianza de la ciudadanía a costa de reproducir las ilusorias pantallas de lo “correcto” es redituable. Pero ¿es sólo responsabilidad suya? creo que la principal responsabilidad obviamente es de ellos(as), no obstante, existe una grado compartido.

El término “doble moral” se aplica en varias situaciones: cuando por un principio axiológico se rechaza expresamente pero se tolera y permite “por debajo del agua”, o cuando situaciones similares son evaluadas con distintos raseros. En ciertas circunstancias un mismo hecho puede ser reconocido y valorado, y en otras, rechazado y estigmatizado. En la arena netamente pública o política, como se prefiera, se tiende a emitir juicios o realizar acciones que son socialmente aceptadas para caer en lo que se conoce como “políticamente correcto”. No obstante, cuando no se está frente a un público que evaluará nuestros dichos o acciones, fácilmente se puede hacer lo opuesto de lo “políticamente correcto”. Sostengo que uno de los efectos perniciosos de esta situación es la exigencia a quienes realizan política formal, de ser químicamente puros. Por medio de estudios de opinión, a dichos profesionales les hacen llegar información respecto al sistema de valores de su potencial electorado. Es decir, qué valores, qué temas, qué situaciones de la vida diaria rechaza o acepta la población en referencia.

También los máximos líderes de nuestro país, en los terrenos de la política profesional, se han movido en esta lógica. Si se deconstruye el contenido “de lo políticamente correcto” se tendrían propuestas, políticas, programas, incluso, candidatos y candidatas más cercanos al mundo real. Creo que combatir la doble moral no sólo en el terreno de la sexualidad, sino en el político,  oxigenaría los atisbos democráticos que hay en nuestro país y lo haría más creíble. La pulcritud en la honestidad y eficacia a la hora de gobernar no riñe con la exigencia de reconocer que tanto los  profesionales de la política como los ciudadanos (hombres y mujeres) comunes y corrientes no somos químicamente puros. Quizá reconocer esto matizaría un poco la idea de que todos/as somos lo mismo.

Sacudirse la doble moral del discurso público es prerrequisito para socavar los espejos falsos, las ilusiones proyectadas como reales, las distorsiones moralinas, en suma, la idea equivocada de que los personajes que ocupan puestos y espacios públicos de poder deben ser de otro planeta, o simplemente seres extra-ordinarios. La ciudadanía alimenta estas imágenes erróneas y los mismos dirigentes, líderes, las refuerzan.

Se debiera reconocer que la llamada condición humana, o por lo menos el individuo perteneciente a la sociedad capitalista moderna, es proclive a cometer errores y desvaríos propios de la lógica social en que se mueve. Nuestros/as dirigentes, gobernantes, políticos, como buenos descendientes de la modernidad capitalista no están exentos de errores. Lo anterior no los exime de que se les juzgue por cualquier tropelía, el rasero para medirlos debe ser más preciso que para cualquier mortal por la posición de poder que ocupan. Pero la doble moral hace que en el discurso se disfracen, y los disfracemos, como seres impolutos, cuasi santos, cuando los hechos indican todo lo contrario.

Desembarazarnos de actitudes hipócritas, timoratas, moralinas,  ayudaría a construir nuevos modelos de actuación ética, política y social en los cuales se instauraran mecanismos institucionales que sancionaran los yerros, y a que no sean el linchamiento público, las acciones individualizadas con ansias de venganza, las que restauren los daños.

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora.