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FOTO DE LA SEMANA: “Observatorio Tolteca”

La imagen fue capturada por Janeth Schwarzbeck en Tula, Hidalgo.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Lo típico de lo atípico

Zulema Trejo Contreras*

El domingo pasado Hermosillo se convirtió en una versión de Venecia en el desierto. Una lluvia torrencial acompañada de fuertes vientos cayó sobre la ciudad inundando no solo sus calles, como sucede con cualquier lluvia más o menos fuerte que caiga sobre la ciudad, en esta ocasión la inundación llegó al interior de muchos hogares hermosillenses. De más está decir que los servicios de agua potable y electricidad colapsaron, se cayeron árboles y espectaculares. Afortunadamente no hubo pérdidas humanas que lamentar.

Lo que sí es lamentable es que la ciudad no esté mínimamente preparada para este tipo de fenómenos climáticos. No se puede argüir que la tormenta llegara de forma inesperada, las lluvias se esperaban y las señales estaban por todos lados, tanto en los servicios de información meteorológica como en las percepciones del ambiente húmedo que se sentía desde varios días antes. Sin embargo, la tormenta llegó y con ella la inundación de calles, viviendas y otras edificaciones.

Los comentarios del lunes por la mañana tanto en redes sociales como de persona a persona versaban sobre la falta de agua y luz, así como de la lucha contra el agua que entró en sus casas la noche anterior. Las declaraciones por parte de las instancias que debían dar la cara ante este suceso fueron las mismas que ante hechos similares del pasado: fue una lluvia atípica. Cierto, lo fue, en lo personal no tengo recuerdos de una lluvia así en Hermosillo por lo menos en los últimos quince años. Sin embargo, calificar un fenómeno natural de tal envergadura como algo “atípico” no es dar una explicación satisfactoria.

¿Por qué la ciudad no cuenta con drenaje pluvial?, ¿por qué si las autoridades saben  —suponemos que lo saben— que la ciudad está construida en terrenos de diferentes niveles nunca han tomado precauciones para evitar el inundamiento de las zonas más bajas de Hermosillo? Afrontémoslo, las inundaciones de la ciudad debidas a las lluvias no son atípicas. Basta una lluvia de intensidad media para que calles como Revolución, Juárez, Bulevar Rodríguez, Navarrete, Luis Encinas, etcétera, se conviertan en arroyos que ponen en peligro la circulación de vehículos y peatones. Esto ya se sabe, cada hermosillense lo vive en carne propia cada vez que “llueve fuerte” en la capital sonorense. Ante este hecho consumado un sin fin de veces, ¿no hay nada qué hacer?, ¿tenemos que resignarnos a correr el riesgo de transitar por avenidas anegadas, o resignarnos a encerrarnos en casa ante cualquier lluvia de mediana intensidad?

¿Y qué pasa cuando ni las casas son resguardo ante la inundación de las calles?, ¿debemos aceptarlo, tener listos escobas y trapeadores, bolsas de plástico y sacos de arena para evitar la entrada del agua? Este no es el camino más fácil o más difícil, simplemente es el único que queda ante las consecuencias de una mala planeación urbana, una confianza desmedida en el “aquí nunca llueve” y un desconocimiento no digamos de las características climáticas de la región, sino simplemente de la ubicación de las zonas bajas y altas de la ciudad, de los sitios donde año tras año se producen inundaciones sin que las autoridades de los tres niveles hagan algo por solucionarlo.

En Hermosillo no llueve, en Sonora lo típico es la sequía. Si, esa es la tendencia general pero como dijo alguien muy sabio: la naturaleza no tiene palabra.

Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.