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La imagen fue capturada por Janeth Schwarzbeck en Tula, Hidalgo.

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Un centenario de corrupción

Álvaro Bracamonte Sierra*

No por predecible fue menos dolorosa, lamentable y vergonzosa la exoneración que hizo Virgilio Andrade, titular de la Función Pública, del conflicto de interés en que fueron pillados tanto el presidente Peña Nieto como el secretario de Hacienda Luis Videgaray. Me temo que nadie en su sano juicio creerá en la inocencia de los inculpados. Pero parece que el asunto no los tiene preocupados, creen que pronto este episodio incómodo será parte del baúl de los recuerdos y una anécdota más en la larga lista de bribonadas e impunidades que tiene sumido al régimen en el fango del descrédito y la desconfianza. Se dice que la historia de México es la historia del saqueo del patrimonio público: es hartamente conocido que al término de cada sexenio se produce una camada de nuevos millonarios que pasan a engrosar el exiguo segmento de privilegiados nacionales.

Los gobiernos panistas no han cantado mal las rancheras, y para muestra, un botón: el controvertido primer Gobierno panista de Sonora. Al parecer esta rapaz proclividad no siempre fue así. Todo hace pensar que en el porfiriato la corrupción no era mayor problema o por lo menos no era tan brutal como lo es ahora. Pero decir cosas buenas sobre el porfiriato no es, o no lo ha sido hasta ahora, políticamente correcto, pues para presentar como buena a la familia revolucionaria en la narrativa fundacional del moderno Estado mexicano, resultaba indispensable que hubiera un villano. Este papel precisamente lo jugó Porfirio Díaz y su dictadura. Este 2015 se cumplen 100 años de que el oaxaqueño muriera exiliado en París, pero también, como lo habíamos anotado en una columna anterior, se cumple un centenario de los combates del bajío que a la postre perfilaron el final de la revolución armada y el enquistamiento de una elite política que convirtió en comportamiento normal la discrecionalidad en el usufructo de los recursos públicos. He ahí la tendencia depredadora surgida de la paz posrevolucionaria inicialmente liderada por los generales sonorenses victoriosos.

En el número 451 de la revista Nexos, se toca esa zona prohibida en la historia de México que es la de Porfirio Díaz. Una variopinta relación de colaboradores, la mayoría naturalmente historiadores, disecciona ese tema tabú en la historiografía nacional. Coinciden, al menos Jean Meyer, Claudio Lomnitz, Fernando Escalante y Ariel Rodríguez Kuri, en que sobre el tema, si bien no está prohibido, hay una especie de autocensura entre los escritores que empuja a magnificar lo malo y minimizar lo bueno del porfiriato. Meyer describe cómo era la vida cotidiana de las comunidades del interior de la República en esa época.

Para ello refiere una plática que sostuvo con don Luis González, célebre historiador fundador de la microhistoria del país. Dice Jean Meyer: “Un día, en San José de Gracia, Michoacán, Luis González le pidió a su padre que me contara cómo era la vida en el pueblo en los tiempos del general y presidente Díaz”. Aquél le contestó:  “[Era] la santa paz, no había bandidos en el camino real ni cuatreros ni rateros en los pueblos. Si a uno se le extraviaba un animal, un vecino lo metía a su corral hasta saber quién era el dueño. Uno podía amarrar su caballo a la sombra de un fresno y regresar unas horas después, ahí estaba el caballo. En el pueblo las casas estaban abiertas día y noche, y eso por primera vez desde la Independencia”. Narra, a manera de remate, el autor de Pueblo en vilo.

Los escritores reunidos en la edición de julio de la revista Nexos no pretenden reivindicar la tiranía de Porfirio Díaz sino plantear un juicio objetivo sobre ese importante periodo de la historia mexicana. Sin duda Díaz acumuló tantos pasivos que suscitó una revolución con altísimos costos para el país. Pero también, como deja entrever Jean Meyer, se vivía un momento de relativa confianza en materia de corrupción, muy distante al actual donde los desaseos en el ejercicio de la función pública son pan de todos los días.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora