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La imagen fue capturada por Cindy Martínez.

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Prohibido enfermarse, prohibido envejecer

Alvaro Bracamonte Sierra*

El envejecimiento demográfico de Sonora es un hecho, como lo indican las estadísticas oficiales publicadas ayer en estas mismas páginas. Se trata de un fenómeno muy estudiado en la teoría de la transición demográfica, misma que ubica tres etapas: en la primera, la mortalidad es mayor que la fecundidad; en la segunda cae la mortalidad y sube la fecundidad lo que se expresa en un aumento acelerado de la población; la tercera se caracteriza por una estabilización de los nacimientos y que a la postre origina el envejecimiento aludido.

Un remedio a esa situación sería la promoción de la migración, aunque en nuestra entidad no parece una alternativa plausible. El envejecimiento es inevitable y las autoridades estatales de Salud tendrían que prepararse para enfrentar los desafíos que eso plantea. Estos asuntos han sido abordados por la investigadora Ana Lucía Castro, de El Colegio de Sonora, quien sugiere una
cuarta fase de la transición, que se caracterizaría por la disminución de la población —derivada de un mayor descenso en la fecundidad y un significativo estancamiento de la mortalidad, explicado en parte por la posibilidad de alargar el periodo de envejecimiento de la población.

La doctora Castro señala que a futuro el subgrupo conocido como “adultos mayores” y el de los “jóvenes arribando a la edad madura” serán los de mayor crecimiento, lo que naturalmente implicará no sólo más necesidades de servicios de salud sino también un incremento en la complejidad de los cuidados que ese grupo reclamará. Plantea que “en un contexto económico caracterizado por una permanente crisis nacional y estatal, referirnos a los grupos de población envejecida no hace sino evocar un río a punto de desbordarse, lo cual traerá grandes complicaciones a nuestra sociedad. Entre las más socorridas deben mencionarse la modificación al patrón de morbilidad y mortalidad de Sonora”.

De hecho, los problemas que acompañan a una población envejecida ya están presentes en Sonora. Basta darse una vuelta por los principales nosocomios de la ciudad para apreciar que la inmensa mayoría de los pacientes esperando consulta o turno para entrar al quirófano son ancianos o están a pocos años de serlo. Lo más preocupante es que el déficit de atención tiende a elevarse: las quejas por desabasto de medicinas, escasez de material quirúrgico, demoras en las citas con especialistas y un largo etcétera, han crecido abruptamente en los últimos años.

De no hacerse nada, es decir de no preverse el soporte financiero que demanda la atención del creciente número de adultos mayores, los riesgos sanitarios podrían tornarse inmanejables. Patologías propias de la edad avanzada exigirán partidas presupuestales mayores que a simple vista parece imposible cubrir ante las dificultades fiscales que se ciernen sobre el país y particularmente sobre la entidad. ¿Qué hacer frente al incremento desbordado de pacientes diabéticos, con Alzheimer o demencia senil, con problemas pulmonares o del corazón, u otras patologías crónico-degenerativas? padecimientos casi todos que requieren un tratamiento que es caro y en vías de encarecerse aún más.

Este horizonte es el que enfrentará la nueva administración en materia de salud; se trata de una problemática que exige sabiduría y paciencia a fin de confeccionar una plataforma hospitalaria digna para los actuales adultos mayores de Sonora o para los que próximamente se incorporarán a ese grupo poblacional. Ojalá que podamos entre todos tejer el mejor proyecto de salud para los sonorenses que ya padecen los estragos del tiempo y que no reciben atención médica adecuada. Por lo pronto, queda prohibido enfermarse y, si se pudiera, envejecer.

Los cambios en el gabinete de EPN

Algunos sostendrán que fue sólo gatopardismo: cambiar para que todo siga igual; otros dirán que los cambios le dieron un vuelco completo al centro de gravedad del poder en Los Pinos. Como sea, es evidente que fueron insuficientes dada la gravedad de la situación económica y política del país. Si la economía va mal y la inseguridad sigue haciendo de las suyas, entonces los que debieron irse son los encargados de esas tareas. Pero ahí siguen, como la Puerta de Alcalá. Todo indica que los enroques se fraguaron atendiendo más a una estrategia electoral y menos buscando mejorar el funcionamiento y la eficiencia de la administración federal.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.