» Convocatorias

  • convo-desa-581 Convocatoria “Seminario sobre Desarrollo Humano en la Región Transfronteriza Sonora Arizona SDHT ” 2015-2016 »

    El Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, El Colegio de Sonora, El Colegio de la Frontera Norte, El Colegio de la Frontera Sur, Universidad [...]

» Novedades Editoriales

  • liberalismo-577 Los efectos del liberalismo en México. Siglo XIX. »

    Los efectos del liberalismo en México. Siglo XIX. (2015, COLSON) coordinado por Antonio Escobar Ohmstede, José Marcos Medina Bustos y Zulema Trejo.

  • crisiseco-577 Crisis económica y política antiinmigrante. Efectos en familias mixtas en Estados Unidos y México. »

    Crisis económica y política antiinmigrante. Efectos en familias mixtas en Estados Unidos y México. (2015, COLSON) coordinado por Gloria Ciria Valdéz Gardea y Alvaro Bracamonte [...]

  • sonora15-577 Sonora 2015 »

    Sonora 2015: Balance y perspectivas de la alternancia, coordinado por Alvaro Bracamonte Sierra, Gloria Ciria Valdéz Gardea y Álex Covarrubias (2015, COLSON)

FOTO DE LA SEMANA: “Roedor”

La imagen fue capturada por Antonio Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

documentos-587

Bienvenidos a Codorachi: ruinas de un pueblo nuevo

Miré los muros de la patria mía,
si un tiempo fuertes,
ya desmoronados…

FRANCISCO DE QUEVEDO

Todo mundo dice que son ruinas muertas, que ni al sol le gusta andar por entre esos muros color sepia de Codorachi.

Y sí, si se ven por primera vez, parecen ruinas que nacieron un día cualquiera entre la vegetación tímida de un jirón de tierra sonorense.

Pero si uno observa detenidamente y en silencio, estos muro nos cuentan con sus voces de anciano todas las aventuras que han vivido durante un siglo.

Nos susurran al oído lo que ha pasado cada día desde aquellos viejos amaneceres en que el agua era la savia luminosa que alimentaba toda la región, hasta éste momento triste en que sólo a través de una lente fotográfica se puede ver y rescatar la maravillosa grandiosidad de los volúmenes de una hacienda y de un molino y de una fuente que esperan sentados en una mecedora de agonías a que llegue el final del tiempo.

Sí, como los ancianos solitarios de los pueblos fantasmas.

Pero… ¿se imaginan cuánta gente, cuánta vida, cuánta agua vieron pasar frente a ellos esta hacienda, este molino, y esta fuente? ¿Se imaginan cuántas risas escucharon y compartieron durante cien años estas ruinas descascaradas por el abandono? ¿Se imaginan cuántas personas caminaron por estos pasillos, cruzaron estos dinteles y bailaron en esos salones majestuosos?
(Hubo años de bonanza, cuentan las crónicas. “Hubo años de bonanza”, repiten los muros con su voz de fango milenario).

¿Se imaginan todo el bullicio que permanece atrapado entre los resquicios del tiempo como fino polvo que atraviesa el pasado y penetra por la mirada, por los oídos, por la nariz y por el tacto de quienes hemos tenido la fabulosa oportunidad de estar ahí, bajo las vigas trémulas de la estructura de la hacienda —rasgada para siempre por la indolencia—, escuchando el paso de los remolinos del aire trayendo las voces de personajes que se han perdido bajo los pliegues del olvido?

Si como nosotros, ustedes se imaginan la gente, el agua, las risas, los bailes y el bullicio, de seguro también se sorprenderán por ese milagro que tenemos al alcance de la mano, a unos cuantos kilómetros, y que nos espera para compartirnos el eco interminable de los pasos, de los trasiegos, de los gritos y de la soledad, en el ambiente enrarecido tal vez por los espectros de un pasado cada vez más transparente, porque sabrá dios cuantos espíritus ocultos tras los años nos miran desde el contraste armónico de los arcos y ángulos arquitectónicos de un pasado cubierto de la piel caliza de un Codorachi atesorado en el frágil cofre de las fotografías.

Si nos fijamos, si observamos más allá de estas ruinas que nos dan la bienvenida como se recibe a un ser amado, de seguro alcanzaremos a ver que cada ladrillo que está ahí nos dice algo de los que ya no están, y que cada muro de adobe despellejado es una cicatriz reseca y curtida por los sueños, y que cada ventana nos permite ver hacia nosotros mismos. Ahí: un siglo atrás, con otros rostros, otras vestimentas, otras voces, otros afanes, pero con la misma esperanza de que aquel pasado que hoy es presente siga siendo un testigo fiel en el futuro.

Si miramos bien, tal vez alcancemos a ver que las ruinas de un pueblo nuevo han sido una y otra vez el cimiento de todos y cada uno de nosotros tratando de llegar a la otra orilla de los siglos…

Lucy Rosales