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La imagen fue capturada por Antonio Morales.

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Delincuencia en el norte de México: ¿Rompiendo estigmas?

Francisco Piña*

En días pasados el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI) dio a conocer los resultados de la Encuesta de Cohesión Social para la Prevención de la Violencia y la Delincuencia (ECOPRED) 2014 (1), cuyo objetivo es ofrecer estimaciones sobre los factores de riesgo que los jóvenes entre 12 a 29 años experimentan en su entorno familiar, escolar e individual, y que se relacionan con el clima delictivo de su ciudad.

Históricamente el norte del país ha sido reconocido como un escenario violento, donde se han ubicado a las ciudades de Tijuana, Baja California; Culiacán, Sinaloa; Ciudad Juárez, Chihuahua, y Nuevo Laredo, Tamaulipas, como epicentro operativo y administrativo de diversos grupos criminales y caldo de cultivo y reproducción del crimen. Sin embargo, la ECOPRED y los resultados que ésta arroja muestran un rompimiento con ese estigma hiperdelictivo que cae sobre este cuarteto de ciudades del norte de México. Los indicadores que se ordenan a continuación podrían apoyar esta ruptura.

A nivel nacional el porcentaje de jóvenes que consideran estar en “Situaciones de conflicto o peleas entre miembros del hogar” es de 50.0 por ciento. Tijuana (38.5), Culiacán (40.9) y Ciudad Juárez (32.6) se encuentran por debajo de este porcentaje, es decir, los jóvenes de estas ciudades perciben menos conflicto en sus hogares que el promedio nacional.

En el rubro tener “Amigos involucrados en asuntos de drogas ilegales”, la media nacional es de 22.2 por ciento; Culiacán (20.3) y Nuevo Laredo (19.3) se consideran en menor medida dentro de esta situación con respecto al resto del país.

La media nacional de jóvenes con “Amigos ligados a actos delictivos” es de 30.6 por ciento; Tijuana (26.0), Culiacán (27.2) y Nuevo Laredo (29.0) están por debajo de la media en este indicador, aunque por poco.

Aquellos “Jóvenes que experimentaron al menos un factor de riesgo individual” (como consumo de drogas ilegales, incursión a actividades delictivas o portación de armas) tienen un porcentaje nacional de 35.8; tanto en Tijuana (27.1) como en Culiacán (28.1), en Ciudad Juárez (16.3) y Nuevo Laredo (25.7), la proporción de jóvenes que se perciben en esa condición es menor que el nacional.

El porcentaje nacional de “Jóvenes que considera que su ciudad es insegura” es de 47; las cifras de Tijuana (44.2) y Culiacán (44.0) están por debajo de la media en este indicador.

En cuanto a la tasa de “Jóvenes que considera haber sido víctima de un delito o de maltrato”, a nivel nacional el promedio es de 46 400 por cada 100 mil jóvenes; Tijuana (43 300); Culiacán (39 500) y Ciudad Juárez (40 500) se encuentran debajo del promedio nacional.

Por último, en cuanto a los “Padres que consideran que la crianza de sus hijos en sus ciudades no ha sido fácil”, el porcentaje nacional es de 31.7; para los padres de las ciudades de Tijuana, Culiacán, Ciudad Juárez  y Nuevo Laredo, los porcentajes respectivos son: 22.6; 14.9; 21.4,  y 28.6. Esta consideración es menor que la del promedio de padres del resto de la República.

Si nos apegamos a los resultados propuestos por la ECOPRED, éstos nos están planteando algo: es menor la proporción de jóvenes que perciben alto riesgo delincuencial en ciudades del Norte de México legitimadas como violentas, en comparación con los jóvenes del resto del país, incluso los que viven en ciudades no reconocidas por sus altos índices delictivos. Esta conclusión podría tener tres lecturas:

• Los programas sociales, aplicados en estas localidades, dirigidos a la intervención y la prevención de conductas delictivas, a la recuperación de espacios públicos y a la atención de poblaciones en riesgo delictivo, probablemente ya han tenido algún efecto sobre la ciudadanía y ello ha provocado una percepción más positiva del riesgo delincuencial. En un clima como el que se está viviendo en la actualidad, esta conclusión es poco probable, pero no imposible.

• Quizá, es preciso ya abandonar la idea de que estas ciudades son hegemónicamente violentas y cambiarla por la noción de un país donde la percepción de violencia de la ciudadanía se ha desenquistado de un espacio específico y dispersado por todo el país.

• Quizá la lectura más triste sea que han sido tantos los años en que los ciudadanos de estas cuatro ciudades se han visto sumidos en esta dinámica, han sido tan diversas y agresivas las estrategias de combate a la delincuencia aplicadas sobre ellas y tan numerosos los hechos violentos que las han aquejado, que sus pobladores, específicamente sus jóvenes, se han vuelto menos sensibles a la violencia y han ido modificando su capacidad de dimensionar la gravedad y el impacto de un hecho violento. Quizá los jóvenes de estas ciudades subestiman los diferentes peligros que les circundan y debido a esta insensibilización, en vez de considerar el peligro ante la violencia los hace descartar incluso verdaderos riesgos. O, para decirlo más coloquialmente, estos ciudadanos ya están curados de espanto y lo que para jóvenes de otras ciudades significaría un verdadero factor de riesgo, para ellos no implica mayor peligro: se han acostumbrado a vivir en la violencia.

(1) El Boletín de Prensa donde se presentan en extenso los resultados de ECOPRED se puede consultar en el sitio: http://www.inegi.org.mx/saladeprensa/boletines/2015/especiales/especiales2015_08_9.pdf

*Doctorante de El Colegio de Sonora fpina@posgrado.colson.edu.mx