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FOTO DE LA SEMANA: “Roedor”

La imagen fue capturada por Antonio Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Derecho a la ciudad

Cristina Martínez*

En estos momentos vivimos la vorágine de eventos producidos por la coyuntura de los cambios de gobiernos estatal y municipal, y más allá de enumerarlos o profundizar en ellos, me interesa centrar la atención en las expectativas ciudadanas respecto a algunas propuestas de los entonces candidatos y ahora gobernantes alrededor de la ciudad capital de Hermosillo. Naturalmente me refiero al proyecto “Hermosillo con Todo” del presidente municipal electo Manuel Maloro Acosta y la lectura que se le debería dar desde la perspectiva del derecho a la ciudad.

Esta última noción no es una propuesta nueva; la acuñó el filósofo francés Henri Lefebvre en la década de los años sesenta considerando el impacto negativo sufrido por las ciudades desde que fue convertida en mercancía por los sistemas capitalistas. La idea parte de reivindicar “nuestra casa” desde los derechos humanos elementales. De ahí que Lefebvre aboga por rescatar al hombre como protagonista de la ciudad y restaurar el sentido de la misma mediante la construcción de la vida colectiva con derechos plenos. El derecho a la ciudad posibilitaría, pues, la distribución equitativa de los recursos trabajo, salud, vivienda, educación y recursos simbólicos, entre otros.

Cuando conocimos la propuesta del entonces candidato, él habló de una ciudad planeada e incluyente con derecho a la movilidad y a los espacios públicos, pero también al desarrollo económico y tecnológico, entre otros. Recuerdo que además de las campañas masivas se entrevistó con un sinnúmero de asociaciones de profesionistas, cámaras de constructores e instituciones de educación superior como El Colegio de Sonora. En estas aseguró que la participación ciudadana sería fundamental para llevar adelante sus propuestas e invitó a los presentes a sumarse.

Pues bien, quisiera estar segura de que no sólo el Maloro sino su equipo de trabajo saben que ya existe un camino pavimentado que permite conocer y exigir los derechos a la ciudad; me refiero a la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad elaborada y discutida por organismos supranacionales desde el año de 1984. En ésta se contemplan los derechos relativos al ejercicio de la ciudadanía y a la participación en la planificación, producción y gestión de la ciudad; asimismo, los derechos al desarrollo económico, social, cultural y ambiental de la ciudad. Por otra parte, en el espectro de los derechos humanos para la ciudad también destacan la Carta Europea de Salvaguarda de los Derechos Humanos en la Ciudad, el Estatuto de la Ciudad en Brasil, la Carta de Montreal y la Carta de la Ciudad de México por el Derecho a la Ciudad.

Es importante subrayar que estos documentos fueron resultado de una amplia demanda, discusión y participación de todos los actores sociales, económicos y políticos; se trató de un esfuerzo superior de ciudadanía que desembocó en estos marcos normativos que ahora exigen ser puestos a prueba. En otros ámbitos donde éstos son inexistentes, el desafío más importante es la participación ciudadana y los mecanismos para motivarla. Por experiencia sostengo que no bastan los Consejos Consultivos en la toma de decisiones públicas; es necesario abrir la discusión con la diversidad de actores y con información transparente, lo cual permitiría el ejercer el derecho a la participación ciudadana y a la información pública.

Finalmente, para cerrar el ciclo virtuoso de los derechos a la ciudad, debo decir que los cambios deben comenzar por uno mismo. Esto es, para que la Carta Mundial por el Derecho a la Ciudad sea exitosa se requiere primero transformar a las personas que la promueven y/o promovemos; me refiero a gobernantes y gobernados, a cambiar nuestras costumbres, nuestras formas de pensar y ver el mundo, es más, nuestro accionar hacia la acción colectiva. Solamente así cambiarían las instituciones y los estados. En verdad esa sería la verdadera victoria de la Carta.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.