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FOTO DE LA SEMANA: “Roedor”

La imagen fue capturada por Antonio Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El anonimato de lo virtual

Zulema Trejo Contreras*

Con el advenimiento del uso masivo de Internet, en los últimos diez años hemos obtenido muchos beneficios que pueden resumirse en tres palabras: “todo está cerca.” Internet nos permite el acceso a noticias en tiempo real en cualquier parte del mundo, nos permite leer revistas y periódicos lo mismo de Europa que América y Asia, no se diga ya el mantenernos en contacto diario con familiares y amigos a través de las multicitadas e intensivamente usadas redes sociales. En términos profesionales, las ventajas que trae el uso de Internet son incuestionables. A través   de Skype, hangout y otros medios somos capaces de enlazarnos a congresos, conferencias, cursos, reuniones de trabajo, etcétera.

Como sucede con todas las cosas buenas, ésta también trae aparejada una parte oscura en la que no reparamos, o lo hacemos sólo cuando padecemos sus embates. Me refiero específicamente al daño ocasionado por el anonimato que confiere Internet a sus usuarios. Ciertamente hay una gran cantidad de filtros, programas para proteger la privacidad de uno, pero como alguien dijo alguna vez,  ya que entras al mundo de Internet, eres vulnerable. Sabias palabras que la labor de los hackers corrobora. Ya tuvimos en épocas recientes el fenómeno de “anónimo”; más atrás en el tiempo, la amenaza omnipresente de los virus, que inutilizaban computadoras a diestra y siniestra sin que se pudiera hacer gran cosa para evitarlos. Tampoco podemos olvidar la era dorada de las presentaciones en power point que circulaban constantemente vía e-mail formando las tristemente célebres “cadenas” que saturaban los buzones de las cuentas de correos.

Con el advenimiento de las redes sociales el ataque a los usuarios de Internet toma un nuevo sesgo, el acoso virtual. En el frenesí de crear redes de amigos propiciado por la aparición de Face Book —que sustituyó a las antiguas aunque aún vigentes páginas de chatGoogle+, He five, blogs y otros espacios que permiten la comunicación uno a uno o grupal, según las preferencias de los usuarios—, comenzaron a aparecer casos de acoso, incluso secuestros y asesinatos vinculados al uso intensivo e indiscriminado de las redes sociales donde se vertía, y se sigue vertiendo aunque en menor medida, información que se constituyó en aliciente para una amplia variedad de criminales. En algunos países como Estados Unidos, España e Inglaterra la situación llegó a tal extremo que las autoridades se vieron en la necesidad de crear leyes específicas para castigar los delitos producidos a través de Internet, llámense robos de identidad, de información confidencial, fraudes, entre otros. Estas leyes contemplan así mismo el monitoreo permanente de las redes sociales para evitar secuestros y asesinatos: las personas tienen derecho en esos países a denunciar a quienes las o los acosan a través de las redes sociales.

¿Y cómo es el acoso virtual?, es tan sutil que pocos solemos catalogarlo como tal. Por ejemplo, existe el caso de los amigos de los amigos de una red social que aceptamos en nuestros contactos por “X” motivo, y esta persona está constantemente bombardeando tus cuentas ya sea con comentarios molestos, memes que no te interesan, etiquetándote en eventos o fotografías que no tienen absolutamente nada qué ver con lo que te interesa o deseas saber. A estas personas generalmente se les bloquea, y algunos entienden la indirecta, otros no, y continúan el acoso vía inbox. El uso del whatsapp y la posibilidad de crear grupos de conversación en el mismo ha abierto una nueva puerta al acoso, porque el integrarte o no a esos grupos implica que tu celular te notificará cada 5 minutos que alguien ha enviado un mensaje, muchas veces intrascendente. Ciertamente uno tiene la prerrogativa de salirse del grupo, lo que intento explicar es que el acoso ha encontrado un nuevo terreno donde desarrollarse y nosotros todavía no somos conscientes de esta nueva arma que los acosadores tienen a su disposición.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.