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FOTO DE LA SEMANA: “Lago titicaca”

La imagen fue capturada por Cindy Martínez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Historia cultural de Sonora: El carnaval de Guaymas

 

Silvestre Hernández Uresti*

Como sabemos, en el calendario  festivo sonorense, desde hace más de un siglo, se celebran las fiestas de carnaval en Guaymas. Por ser uno de los eventos culturales más antiguos, queremos dedicarle este artículo, a la vez que nos sirve para comunicar a los lectores una parte de los resultados de un tema que me atrae y ocupa mi tiempo como historiador cultural.

El carnaval de Guaymas surgió hacia mediados del siglo XIX. En los archivos históricos oficiales a nivel estatal se encontró un registro en 1909. Las fuentes periodísticas anotan que en 1888 se celebró la fiesta en el puerto. Por su parte, las primeras noticias en libros se fechan en 1843. Así, adoptamos este año como fecha inicial de la  celebración del primer carnaval en Guaymas, Sonora. De su constante práctica, la mayoría de los cronistas piensan que el carnaval guaymense sirve como válvula de escape para sus habitantes y participantes. Y una vez terminada la fiesta autorizada, los asistentes vuelven a su  rutina de siempre.

En nuestra propuesta, enfocada desde los estudios materialistas de la sociedad, nos oponemos a la interpretación del carnaval como válvula de escape y como un hecho cultural que no cambia. Pensamos que esa postura encaja en los análisis de la tradición y el folclor ya rebasados por la realidad contemporánea. Esos estudios tradicionalistas conllevan una fuerte carga purista y no problematizan la exclusión y hegemonía cultural. Por tanto, dejan  fuera el asunto cultural como zona donde se debaten los grandes problemas culturales del momento y a lo largo del tiempo histórico. Para nosotros, el carnaval de Guaymas entronca con una antigua práctica y se comprende como baluarte de la vida histórica e individual del lugar en cuestión, en este caso del puerto guaymense.

La fiesta carnavalesca funcionó, según nuestro teórico principal Bajtin, como un elemento ambivalente, pues a la vez que relativizaba la realidad, la renovaba. Por eso también afirmamos que el carnaval forma parte del devenir de la población y su gente. A lo largo de la historia, el análisis del carnaval de Guaymas indica que la empresa carnavalesca se fundó bajo los auspicios de los pactos soterrados del porfirismo. Es decir, la fiesta funcionó como parte del aparato ideológico del Estado porfirista. Pero eso no significó el dominio total en el sentido de controlar los mecanismos profundos de una tradición tan antigua y nueva a la vez. En verdad sólo permitió el espacio suficiente para su desarrollo y ejecución anual. Mediante el carnaval la elite reproducía su poderío cultural y económico y otros grupos experimentaban su resistencia.

Entendido así, como estrategia del Estado en la lucha de clases y por el poder, el acontecimiento cultural del carnaval explica en buena parte su larga permanencia. Asimismo, el proceso de su ejecución anual y la composición de su estructura interna (Comité de Carnaval, Quema de malhumor, Reyes, Carros alegóricos, etcétera) parecen delinearse mejor. Sin duda, es el perol donde se debaten los extravíos, amarguras y encuentros felices de una sociedad en movimiento. El conflicto cultural por una sociedad y mundo mejor ha perpetuado su protagonismo festivo año tras año. Juzgado como evento festivo moderno, el carnaval guaymense se afinca en su postura de lucha por el poder simbólico y material.

En otras palabras, de la múltiple combinación de esferas del poder político y cultural resultó la fundación de un carnaval no elitista y popular. Los agentes intermediarios  fueron importantes pues su función consistió en administrar o dar cuenta de una fiesta para todos. La colmena elitista trató de reproducir, a través del carnaval, a la autoridad en turno y sus sistemas de producción capitalista y racional. Esto se evidencia en la estructura de los carros alegóricos y la pareja real carnavalista. La elección de los reyes y la exhibición de autos adornados las encabezaban las familias más ricas de la región. El Comité de Carnaval rescata otras propuestas de grupos subalternos y colaterales, que se concentran en los ritos de la Quema de malhumor y las mascaritas, así como en las comparsas, las luchas de bromas en la Plaza 13 de Julio y demás manifestaciones callejeras (consumo de alcohol excesivo y a la vista de todos). De este modo, el carnaval como patrimonio multicultural se convirtió en un espacio propicio para expresar las insatisfacciones y goces de la sociedad en general hasta hoy.

*Doctor en Estudios Históricos de Región y Frontera por El Colegio de Sonora

E-mail: silvestreuresti@hotmail.com; shernandez@colson.edu.mx