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La imagen fue capturada por Zulema Trejo.

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Reingeniería en la administración pública

Alvaro Bracamonte Sierra*

Ayer se inició la tercera semana de gobierno de Claudia Pavlovich y en tan breve tiempo las quejas del nuevo equipo sobre las deficiencias de la administración anterior son recurrentes: “Ni plumas dejaron” ha dicho en más de una ocasión la gobernadora. Es probable que así sea aceptando que el padresismo no se distinguió por un manejo pulcro de los recursos financieros. Pero tales desaseos son tan conocidos que resulta cansado volver a ellos, a no ser que sirvan de coartada para la inacción. Con lo poco o mucho que haya se puede y se debe trabajar y mostrar avances.

Antes, en efecto, habrá que contar con el diagnóstico preciso del estado que guarda la administración pública y de ahí derivar la dimensión de la transformación que se requiera. Valdría la pena explorar una especie de reingeniería en el organigrama gubernamental. Ello exigiría detectar duplicidades, así como los programas que no sirven y los que deberían reforzarse, o ubicar dónde se necesita de urgente intervención gubernamental. Así como fueron eliminadas la Secretaría de Imagen y la de Comunicación Social (no queda claro si operaban al margen de la aprobación legislativa), sin mayor problema pudieran desaparecer otras dependencias que sólo abultan el despilfarro y se podrían generar millones de pesos de ahorro, que bien canalizados servirían para atender viejos reclamos sociales.

El nuevo Gobierno puede tomar la decisión de reorganizar el aparato estatal y volverlo más manejable y eficiente. En ese ánimo debería considerarse una presupuestación distinta para los años por venir. El presupuesto base cero (PBC) es una opción que incluye replantear los fines, objetivos y metas de Gobierno; el PBC deja de lado la presupuestación inercial que se circunscribía a un incremento porcentual en las partidas sin tomar en cuenta si el recurso adicional estaba justificado o se correspondía con un asunto prioritario de la administración pública.

Aunque la idea de un presupuesto base cero no es mala, la experiencia no es necesariamente buena. Sin ir muy lejos, podemos voltear a ver ejemplos en el ámbito federal donde a principios de 2015 el presidente Peña Nieto se comprometió a integrar el programa económico 2016 a partir de un PBC. La propuesta oficial de Ley de Ingresos para el año entrante está en San Lázaro desde el 8 de septiembre y, por lo que se sabe, la prometida nueva presupuestación resultó ser una especie de “parto de los montes” o dicho en otros términos un gatopardismo, por aquello de cambiar todo para que todo siga igual. Al respecto, se aprecia a simple vista que el PBC consistió únicamente en agrupar algunos programas, desaparecer otros y mantener la inmensa mayoría; no se informó o al menos no se hicieron del conocimiento público los alcances de tales ajustes y mucho menos la justificación de los mismos.

La sensación es que seguiremos igual, con la salvedad de que los ingresos disponibles disminuyeron sensiblemente. En Sonora la experiencia en materia de presupuestación base cero también ha sido infructuosa. Recordemos que en el arranque de la  administración de Eduardo Bours se anunció que el presupuesto se formularía con criterios distintos, precisamente inspirados en el PBC: un ejército de funcionarios dedicó horas, semanas, meses enteros a reorganizar la nueva presupuestación en cumplimiento a lo indicado por el Ejecutivo. Al final, después de muchas expectativas y de una gran incertidumbre todo quedó igual o el resultado fue que, literalmente, poco impacto tuvo la tan novedosa confección presupuestal. Independientemente de los malos antecedentes, en particular de los ensayos del PBC, es importante aprovechar la coyuntura por la que atraviesa la administración estatal para que se enfoque en una verdadera reestructuración del aparato estatal. El desorden administrativo heredado, las dificultades financieras bien conocidas, el complicado escenario nacional e internacional, la prisa de dar buenos resultados y de hacer mucho con menos, son factores que deberían convencer a las autoridades de intentar una nueva manera de gestionar el quehacer público regional. Ojalá que haya verdadera conciencia de esta desafiante oportunidad.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.