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La imagen fue capturada por Gloria Ciria Valdéz-Gardea.

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Inicios de carnavales de Guaymas y Mazatlán

Silvestre Hernández Uresti*

En la historia cultural de México el tema del carnaval es poco explicado, por eso nuestro interés de estudiarlo. Se considera que esta fiesta tiene una raíz africana y grecorromana. De acuerdo con Marco Polo Hernández Cuevas, el discurso popular del carnaval se revela como una forma de resistencia: “como una guerra de guerrillas sicológica cimarrona (…)” instrumental para emancipar a la Nueva España de España en el primer cuarto del siglo XIX.

Hacia finales del siglo XVIII había una sociedad poco estratificada en el septentrión novohispano. Sin duda en Sonora más que en Sinaloa donde, sobre todo después de la separación del Estado de Occidente, había además de la “gente de razón” e indios, gente pudiente y también algún segmento popular.

Los carnavales de Sonora y Sinaloa se inician al convertirse éstos en estados independientes (1810-1836) y centralizados (1836-1846). Si bien desde 1742 había proyectos e ideas separatistas del Estado de Occidente, las dos poblaciones no se dividieron sino hasta 1831.

El hecho de que los puertos de Mazatlán y Guaymas hayan sido  los lugares donde se desarrollaron mejor los carnavales se debe a que  fueron zonas de tráfico ascendente desde principios del siglo XIX. En menos de veinte años pasaron de ser simples embarcaderos a puertos de auge comercial. Los puertos comenzaron a ser, por excelencia, zonas de lo que se ha dado en llamar cultura popular o del pueblo.

Aún no se tiene la certeza de cuándo se fundaron ambos puertos. Se puede asegurar sin embargo, que el piquete de vigías oficiales no fue el gran detonante del futuro puerto y ciudad de Guaymas, pero sí de Mazatlán.

En Mazatlán hubo puerto y ciudad porque durante la colonia los guardias pardos —soldados de color— formaron mancuerna con sus respectivas familias, se movían y vivían al unísono; en cambio en Guaymas los guardias auxiliares, predominantemente ópatas y pimas, se movilizaron solos, separados de sus respectivas familias. Por eso, en un informe geopolítico de 1827 se comprendió a Mazatlán como pueblo o presidio, y a San José de Guaymas como villa.

Luego de la Independencia, en la década de los veinte, tanto Mazatlán como Guaymas fueron territorios protegidos por las ciudades que funcionaban como capitales del Estado de Occidente, y diques contra las invasiones de los grupos sociales originarios, o bien como poblaciones de importancia por su comercio y punto de salida de la riqueza de tierra adentro.

En la fundación y posterior evolución del carnaval en México están los pardos milicianos , quienes se desarrollaron a la par que sus comunidades, a diferencia del indígena auxiliar sonorense, que no creó familia pionera de villas y comunidades adyacentes al presidio. De  ahí que las características que definirán ambas fiestas de carnaval radiquen, en buena parte, en el discurso popular.

Los delirios de nobleza y alcurnia de Culiacán o Álamos se desvanecían al contacto con el puerto  donde se entraba a otra dinámica, tanto en la vida cotidiana cerca del mar como en las fiestas y relajo portuario. Hay crónicas que muestran los festejos arriba de los barcos y en la playa, rejuegos que tienen un no sé qué de las futuras celebraciones de mascaradas y carnavales. Por su lejanía en el espacio y en tiempo (era la etapa republicana) no alcanzaban a llegarles completas las condicionantes nobiliarias o de refinamiento de los vecinos más importantes. Por ejemplo de las familias Almada y Gaxiola de Sonora, y los De la Vega y Martínez Vea en Sinaloa.

Esto también se confirma en el hecho de que durante las celebraciones religiosas o gentiles, particulares o en la plaza, se empezara el sarao con un ritmo calmado, al compás del vals, y a medida que se animaba la alegría derivaba en bailes identificados con los criollos y mestizos.

En los sustratos profundos de la futura sociedad mazatleca existe una diversidad étnica y cultural. Tal mestizaje parece más evidente, pero no más ramificado que en la sociedad guaymense, pues el confinamiento de los pueblos yaquis hizo que hubiera una separación entre indígenas y no indígenas, aunque finalmente el poblamiento del futuro puerto se hizo al cuidado de autoridades mestizas y españolas, así como soldados indígenas pacificados.

De esta primera etapa de los carnavales de Mazatlán y Guaymas, podemos afirmar que en la fiesta mazatleca se comprueba más la raíz africana, sobre todo con su presencia parda y con el mulataje de sus fiestas. En cambio, en la sociedad guaymense se aprecia más una fiesta con herencia grecorromana y de mestizaje mexicano.

Estas versiones y visiones de las fuentes profundas del carnaval se documentan, para Mazatlán, desde la colonia con los pioneros mulatos que fundaron el pueblo de Villa Unión y, para Guaymas, desde fines siglo XVIII en la fundación de la Villa de San José de Guaymas. Asimismo, podemos decir que la fiesta carnavalera registrada en 1827 en el Estado de Occidente, pertenece más a Mazatlán que a Guaymas. A la vez, esas primeras manifestaciones carnavalistas (el primer carnaval guaymense es de 1842) marcan la relación africana de ambos puertos norteños.

*Doctor en historia por El Colegio de Sonora. Actualmente desarrollo una estancia posdoctoral Conacyt-UAS 2015, silvestreuresti@hotmail.com