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FOTO DE LA SEMANA: “Músicos cubanos”

La imagen fue capturada por Gloria Ciria Valdéz-Gardea.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Octubre negro

Zulema Trejo Contreras*

2 de octubre de 1968. México, Distrito Federal. Año de los XIX Juegos Olímpicos. 2 de octubre de 1968. México, Distrito Federal. Plaza de Tlatelolco. Ejércitos, estudiantes. Muerte.
La consigna “2 de octubre no se olvida” ya forma parte del vocabulario mexicano y desafortunadamente su significado se había ido olvidando con el tiempo. Las nuevas generaciones no sabían o no saben exactamente qué es lo que no se olvida, o por qué no se debe olvidar lo sucedido hace cuarenta y siete años el segundo día de octubre. La masacre de Tlatelolco, acontecimiento cuya mención acompañó el crecimiento de al menos dos generaciones, ha tenido sus altas y bajas en la memoria de los mexicanos. A principios de la década de 1990 este trágico y vergonzoso episodio de la historia de México fue rescatado del limbo entre el olvido y la memoria por películas como “Rojo Amanecer”, “El bulto” y novelas como “Regina”. Quizá la difusión de estas películas y esta novela se comprenda mejor por los movimientos estudiantiles de principios de esa época. En el caso específico de Sonora se dio el movimiento estudiantil en contra de la promulgación de la Ley 4 para la Universidad de Sonora, y otros movimientos estudiantiles en la Universidad Autónoma de México y la Universidad Autónoma de Guadalajara.

Con el inicio del nuevo milenio el 2 de octubre regresó al limbo del cual emergía con más o menos fuerza cada año. El nuevo resurgimiento de la conmemoración masiva de esta fecha surge, otra vez, de la mano de otras tragedias como la sucedida en Ayotzinapan. La muerte de los jóvenes normalista es dolorosamente similar, casi igual a la muerte de los jóvenes de Tlatelolco. Realmente es triste y decepcionante que las más de cuatro décadas que separan un suceso de otro no hayan representado cambio alguno en el trato que el gobierno mexicano da a las protestas que encabezan sus ciudadanos. En lo personal me resulta tragicómico que a través de la cuenta oficial de twitter el presidente de México, o mejor dicho sus asistentes, constantemente estén lamentando y presentando condolencias por la violencia que sucede en otras partes del mundo, mientras cierran los ojos a lo que sucede en nuestro país día tras día. Los tuits de la presidencia me llevan a preguntarme, ¿qué se piensa en Palacio Nacional, en Los Pinos?

¿Realmente se cree que la sociedad mexicana acepta las explicaciones a medias, la justicia que se demora, las excepciones? ¿Qué significan para el gobierno las marchas de protesta, las peticiones que circulan pidiendo la destitución del jefe del Ejecutivo nacional?, ¿qué importancia le dan a casos tan vergonzantes como la venta de adopciones en Sonora?, ¿las poblaciones sitiadas?, ¿el surgimiento de las guardias civiles? ¿Será que las sedes de los poderes nacionales se han convertido en un Versalles cuyas rejas doradas no permitían el paso de la información?, ¿o simplemente se está haciendo una fuerte apuesta al olvido? La historia contemporánea de México demuestra que este tipo de estrategia, por llamarla de alguna forma, siempre funciona. La sociedad se cansa, se olvida y los motivos de protesta van a parar al archivo de lo olvidado. Si no para todos, sí para la mayoría de los ciudadanos que una vez llenaron las calles.

2 de octubre no se olvida, 5 de junio no se olvida, venta de adopciones no se olvida, feminicidios no se olvidan, 26 de septiembre no se olvida, casa blanca no se olvida, baja en el precio del petróleo no se olvida, corrupción no se olvida, recortes presupuestales no se olvidan… Ojalá pudieran olvidarse, pero los muertos no volverán a la vida, los padres no recuperarán a sus hijos, la paciencia se está estirando al límite en espera de respuestas, mientras en las redes sociales se debate acerca de la utilidad o inutilidad de las protestas ciudadanas; o se trae a la memoria a Gandhi, Luther King y Mandela los tres líderes carismáticos que encabezaron movimientos nacionales donde la no violencia obtuvo como respuesta violencia materializada en muerte.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.