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FOTO DE LA SEMANA: “Por la tarde”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Añorados

Zulema Trejo Contreras*

A veces en la televisión se transmiten programas que llevan a la reflexión. Tal vez no son tantos como deseamos, pero tampoco son inexistentes como solemos creer. Uno de estos programas lo vi hace aproximadamente tres años y se trataba de un documental europeo que abordaba un tema más o menos escabroso, la búsqueda de adopciones por parte de parejas que no podían tener hijos. El título del programa aludía a estas parejas, no a los niños que buscaban, pero el programa tenía por protagonista a estos bebés “abandonados” en algún lugar y añorados en otro.

En el documental se seguía el caso de tres parejas cuyo último recurso para tener hijos era la adopción. Dos de estas parejas eran inglesas y una francesa. Los tres matrimonios contrataron los servicios de una agencia de adopción que los envió a Rumania, lugar donde adoptarían un niño de un año, o menos, en un orfanato. Al llegar a Bucarest a una de las parejas se les entregó un bebé de un año;  a otra se les dijo que el niño que adoptaron estaba por nacer y que la madre deseaba darlo en adopción, a la tercera se le informó que el bebé destinado a ellos había muerto pero que existían posibilidades de que pudieran adoptar otro.

La experiencia de estos tres matrimonios no tuvo final feliz. La pareja que “adoptó” al bebé de un año lo perdió, no porque se los quitaran, sino porque murió. El bebé estaba muy enfermo y no les fue notificado por el orfanatorio que se los entregó, además tuvieron que enfrentar cargos por secuestro, pues bajo el pretexto de que los documentos de adopción se los entregaría la agencia de adopción en Londres, las autoridades del orfanatorio no les entregaron ningún documento que avalara la adopción.

Otra de las parejas se encontró que la madre que supuestamente deseaba dar en adopción a su hijo apenas naciera, en realidad no deseaba hacerlo y estaba siendo presionada por quienes dirigían la clínica, donde daría a luz de forma gratuita, a que entregara a su bebé en adopción a cambio de una fuerte suma de euros. Cuando el matrimonio inglés se enteró por medio de la futura madre de la verdadera situación que estaba viviendo, declinaron la adopción y volvieron a Londres. En aquel momento mis pensamientos respecto a ese tema que se presentaba de forma tan dramática en la televisión europea, me llevaron a considerar dos cuestiones: Primero, que el anhelo por tener hijos debía ser muy fuerte en Europa debido a la baja tasa de natalidad, una suposición basada más en información de orden común que en conocimiento académico. Segundo, que en México el problema de las adopciones forzadas no se presentaba o, si lo hacía, no era tan grave como en el viejo continente. De nuevo la suposición estaba basada más en el desconocimiento de la situación que en otra cosa.

Cuando hace un mes o mes y medio salió a la luz el tráfico de adopciones que se dio en Sonora en años anteriores, no reaccioné, no por desinterés en el tema, sino por el shock que me causó saber que aquellas situaciones que vi tan lejanas, tan ajenas a mi cotidianidad, en realidad no lo eran. Las adopciones forzadas son en Sonora tan reales, tan tangibles, como lo son en otros lugares como Europa, África, América del Sur, Centro América.

Pasado el aturdimiento del primer instante, surgió la indignación. Después intenté comprender, encontrar un motivo no para justificar lo injustificable, sino para tratar de entender qué lleva a la gente a lucrar con situaciones tan personales como el anhelo de tener hijos, así como su necesaria contraparte, la carencia y/o escasez de recursos para mantener a los bebés que nacen en el seno de familias con dificultades económicas. No hay forma de entender cómo se puede lucrar con quienes desean tener hijos y con quienes dejarán de ser madres para que otras lo sean. No hay manera de entender que el dinero se ponga por encima de la conducta humanitaria, ética, que debe regir la actuación de los que tienen en sus manos procesos tan delicados como las adopciones.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.