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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Anticorrupción: palabras y caras nuevas, viejas fórmulas

Víctor S. Peña*

Los inicios de administración están siempre acompañados de esa esperanza de que mucho cambiará para bien. Es, en algo, la secuela del proceso electoral y las emociones relacionadas: las promesas de un lado, la decisión del otro, las filias y fobias entre todo ello.

Sucede lo mismo en prácticamente todos los inicios de administración. Incluso en aquellos gobiernos, de (ahora) triste memoria, hubo la esperanza.

Los nuevos aires de un gobierno que empieza se reflejan en el discurso. Nuevas palabras se incluyen en el vocabulario del político y, como consecuencia, nuevos temas y prioridades se hacen presentes en la agenda, pero un discurso renovado no hace un gobierno nuevo.

O con nuevas caras. También así se conoce a un gobierno que empieza. Y no es que sean (necesariamente) personas de las que no se sabía nada. Muchos de los nuevos perfiles de un gobierno que empieza han “estado en el ambiente”. Eso no es malo, después de todo: cercanía también puede significar experiencia.

Pero ni un nuevo vocabulario ni nuevos titulares hacen que la “luna de miel” entre los nuevos gobiernos y los gobernados dure para siempre. El problema persiste dada la insistencia por andar en las veredas de viejas fórmulas ya desgastadas.

El asunto es más real de lo que se puede pensar. No es solo una idea que está en el aire y comprenderlo va mucho más allá de un interés académico. Demos un paso hacia la realidad.

En Sonora se ha renovado el vocabulario incluyendo en muchos lados la palabra anticorrupción. Hablar de algo más, por lo pronto al menos, es estar en una sintonía equivocada, pues de lo que se quiere escuchar es de esto. En parte por ello, nuevos actores se han sumado y, de una u otra manera, aportan.

El detalle está aquí: No todo lo que se llame anticorrupción combate, de hecho, la corrupción.

En el Congreso del Estado existe una iniciativa por la que se implementaría un “Sistema Estatal Anticorrupción” (puede rastrearse en la Gaceta Parlamentaria del 30 de septiembre del presente año). Es claro: que se haya presentado no significa que se vaya aprobar. Es, sin embargo, buen ejemplo.

Por cuestión de espacio, mencionamos apenas un botón de muestra. En lo que sería el ente coordinador del Sistema, llamado “Comité” (descrito en la fracción I, artículo 143 Bis de la propuesta local) se detecta: a) una naturaleza eminentemente política al pretender incluir a “los coordinadores parlamentarios de los dos partidos políticos con mayor representación en el Congreso del Estado”; b) es omiso con respecto al “modelo” nacional al no considerar al órgano garante local en materia de transparencia y protección de datos personales; c) confunde la naturaleza y finalidad del sistema local al incluir (sin argumento suficiente que puede detectarse) a la Fiscalía Especial para la Prevención y Atención de Delitos Electorales (que no encontraría contraparte nacional), y d) politiza la participación ciudadana al establecer, en la Constitución, que el “Comité de Participación Ciudadana del Sistema” será integrado a partir de una propuesta de la Comisión de Régimen Interno y Concertación Política del propio Congreso.

Viejas fórmulas que terminarán por abortar un proceso de cambio permanente.

Por decirlo de una vez: en los términos que está, la iniciativa no debe ser aprobada. Y esta aseveración en nada se relaciona con el origen partidista de la iniciativa. Otras acciones ya hay sobre el campo y lo mismo puede decirse: no todo lo que se llame anticorrupción combate, de hecho, la corrupción

Explorar nuevas fórmulas necesita de una participación constante, sistemática y pública de actores distintos de los tradicionales, los del gobierno y los del Congreso. Requiere una nueva dinámica, anclada en el diálogo informado.

Requiere recordar que no todo lo que brilla es oro.

*Doctor en Políticas Públicas por el Tecnológico de Monterrey actualmente profesor investigador en El Colegio de Sonora. Contacto en redes sociales: @victospena