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FOTO DE LA SEMANA: “Por la tarde”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Escasez y competencia

Lorenia Velázquez Contreras*

En cualquier parte del mundo la asignación de agua para los distintos usos implica necesariamente una competencia entre ellos. En este proceso, las ciudades, sobre todo aquellas que enfrentan la escasez del recurso, juegan un rol central como competidoras frente a los sectores industrial, agrícola y de generación de energía. En el escenario futuro, si  se proyecta el requerimiento de agua a 20 o 30 años, cuando las actividades que encabecen la demanda por agua sean el sector energético y la industria, se percibe el alto costo económico, financiero y sobre todo social que las ciudades deberán pagar para satisfacer las necesidades. Estos asuntos se dejan ver en una reciente publicación de la OCDE (OCDE, 2015, Water and Cities. Ensuring Sustainable Futures).

En esta publicación se cita como ejemplo el caso del suroeste de los Estados Unidos, donde desde hace décadas se realizan transferencias de agua a largo plazo hacia ciudades lejanas a pesar de la resistencia encontrada en las comunidades. El resultado de estas transferencias ha dejado pocas opciones para planear en el largo plazo el abastecimiento local (OCDE, 2015), es decir,  en las ciudades o comunidades desde donde se extrae el recurso.

De los documentos revisados y presentados en el mencionado informe, así como de las estadísticas y proyecciones que los respaldan, llaman la atención las similitudes que se pueden encontrar cuando se comparan, a nivel general, los datos no sólo entre los países que enfrentan los problemas de escasez, sino que también, a niveles más desagregados, entre las ciudades. Estas semejanzas se presentan no sólo en relación a los problemas actuales y los riesgos en el corto plazo; también se resaltan las coincidencias en las políticas implementadas para mitigarlos.

Por ejemplo, los resultados del trabajo de Richter et al. (2013) comparan las políticas para satisfacer la demanda progresiva en cinco ciudades situadas en regiones áridas y semiáridas que han mostrado un rápido y constante crecimiento en los últimos tiempos: Adelaide, en Australia, y Phoenix, San Antonio y San Diego, en Estados Unidos. Estos autores resumen la historia de las acciones tomadas para satisfacer las necesidades de agua en esas ciudades y, como consecuencia, los problemas que se han presentado: a) estas ciudades utilizaron el recurso disponible localmente de manera intensiva hasta el punto de llegar al agotamiento. El agotamiento se presenta primero en el agua subterránea y se continúa utilizando el agua superficial cuando está disponible y se construye infraestructura hidráulica para así poder aprovechar por periodos prolongados los recursos hídricos locales (presas, reservorios, embalses, etcétera); b) cuando la disponibilidad fue insuficiente, las ciudades optaron por transferir agua de otras cuencas hasta que, a finales del siglo XX, se percatan de que los impactos económicos, en el medio ambiente y sociales son más altos que establecer una política de conservación del agua; c) de esta forma, desde la década de los ochenta, las ciudades empezaron a invertir en la conservación. (El trabajo al que se hace referencia es el de Richter, et al., 2013, “Tapped out: how can cities secure their water future?” Water Policy. Vol. 15, pp. 335-369).

La experiencia de los países, y sobre todo de las ciudades que enfrentaron antes problemas similares a los que hoy encaramos —sociales, políticos, ambientales— y documentados desde el siglo pasado,  sirve para mantener la afirmación de que no podemos esperar otros resultados si se sigue el mismo camino, aun con varias décadas de retraso y con mayor riesgo de que las consecuencias sean irreversibles.

*Profesora-Investigadora. Centro de Estudios del Desarrollo. El Colegio de Sonora. lvelaz@colson.edu.mx