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Comentarios de Felipe Mora sobre “Sonora 2015. Balance y perspectivas de la alternancia”

Felipe Mora Arellano

Texto para presentación del libro: Sonora 2015. Balance y perspectivas de la alternancia, de Álvaro Bracamonte, Gloria Ciria Valdéz y Álex Covarrubias (coordinadores). Publicación de El Colegio de Sonora.

Todo libro tiene una historia, un motivo y objetivos que proponen algo a los lectores. El antecedente de esta obra que hoy se da a conocer es el Foro local y seminario internacional “Cambio Institucional y Alternancia. Un Balance desde las organizaciones y los actores”, convocado por el COLSON en abril de 2014, antes de las elecciones de junio de 2015. De los trabajos entonces presentados se seleccionaron los que hoy forman parte de este libro.

El motivo de ese Foro fue reflexionar sobre los problemas de la alternancia, elaborar un mapa y, a manera de oráculo, pensar lo que nos depararía el futuro y las implicaciones del desenlace de la jornada electoral que en ese entonces estaba por ocurrir.

La propuesta que ofrece el libro es que de sus trabajos haya tela para confeccionar un programa de acción mínimo que ayude tanto en la consolidación de lo bueno de la alternancia como en la superación de los pasivos que trajo consigo.

Desafortunadamente, el libro no pudo ver la luz antes de los resultados electorales y lo hace post factum, cuando una mujer se instala en el palacio de Gobierno con los colores del PRI y aliados, y se declara dispuesta a revisar y castigar los excesos del morador anterior y grupo que lo acompañó, y no a arremeter contra el PAN donde, como dijo la gobernadora, también hay gente buena.

En 265 páginas, los ensayistas darán cuenta de las promesas que hizo Álvaro Bracamonte en su calidad de introductor de la obra. La obra se estructura así: una Introducción a cargo de Álvaro Bracamonte (7 páginas) y en tres partes se distribuyen las contribuciones.

En la primera parte o La coyuntura sonorense: una visión de conjunto, la visión corre a cargo de Ignacio Almada y Miguel Ángel Vázquez, quienes por separado escriben “Sonora y la frontera que lo ha transgredido todo”, del primero, y “Sonora: la política y la economía durante el sexenio de la alternancia”, del segundo. Todo esto en 44 páginas.

La segunda parte trata sobre Los pasivos y activos económicos de la alternancia. La contabilidad de la experiencia alterna es tratada en tres artículos. Uno, de Álex Covarrubias es “Crony Sonora: de las evoluciones de una economía anclada en el pasado a una anclada en el compadrazgo”.

Otro artículo, a cargo de Álvaro Bracamonte, Rosana Méndez e Iris Valenzuela titulado “La economía sonorense en el gobierno de la alternancia (2009-2015)”, y el tercer trabajo firmado por Vicente Solís, se titula “Balance de la alternancia: justicia y derechos humanos laborales en Sonora”. Todo expuesto en 84 páginas.

En la tercera parte viene La agenda ciudadana: de lo electoral a la transparencia y participación ciudadana. El memorándum es tratado en cinco artículos.

El primero, a cargo de Juan Poom, que aborda “La dimensión electoral en las elecciones de gobernador 2009”; luego, Guillermo Noriega reflexiona sobre la “Alternancia política y participación ciudadana en Sonora: de las expectativas sociales y la tentación de la inercia”.

El tercer punto de esta agenda corrió a cargo de Víctor Peña, en “El gobernado frente al gobierno: una relación ¿en evolución? Hallazgos a partir de tres sexenios sonorenses”; en tanto que Nicolás Pineda contribuye a esta agenda con “El acueducto “chueco” del gobierno de la alternancia”. Cierra el libro la contribución de Gloria Ciria Valdéz con Sonora en la Migración internacional: la cruzada de los niños. Todo expuesto en 114 páginas.

A continuación, pasaré revista sobre las preguntas y propósitos centrales que, en mi opinión, los autores de los ensayos correspondientes a las partes I y II nos ofrecen para integrar esa codiciada agenda. La tercera parte correrá a cargo de mi compañero de presentación, Marco Paz.

En la introducción se escribió que uno de los propósitos del libro era saber lo que nos deparará el futuro. Pero Ignacio Almada cambia la conversación y se cuestiona y nos pregunta si Sonora tiene futuro así como está, o si hay posibles futuros y si se alcanzan a ver. Futuro de la seguridad pública, del medio ambiente, del estado de derecho.

Su propósito es ofrecer una radiografía de la entidad y hacer un balance, provocar el debate para unas elecciones que venían. Estas ya fueron y el libro apenas aparece, pero sus reflexiones siguen vigentes porque se mantiene el corredor de migrantes y la frontera-periferia, seguimos siendo la parte del perímetro de seguridad de los Estados Unidos, y hasta el momento no se han despejado las dudas que pueblan la desconfianza hacia la clase política y lo que para el país ha traído la transición y las alternancias.

Almada advierte una descomposición en la entidad y para evitarla apunta unas tareas para la sociedad civil: la participación social, el asociacionismo, y el empresariado, acciones que pueden abonar para cerrarle el paso a una cultura del incumplimiento que nos permea.

Miguel Ángel Vázquez, por su parte, desarrolla el binomio economía y política de la alternancia en un contexto nacional en donde esos factores se mueven, el primero, en una orientación exógena, y el segundo en una vuelta al centralismo.

El llamado gobierno del cambio o Nuevo Sonora debió jugar en varias pistas en cuyo score ni todo fue malo ni todo fue bueno, como hace un mes dijo Manlio F. Beltrones. Lo malo, interpreto a Miguel Ángel, estuvo en la pista política (impuestos, agua y transporte) al grado que se llegó a hablar de una crisis política.

Lo bueno ocurrió en la pista económica, según las cifras que muestra el autor, con ciertos bemoles en cuanto al desempleo. Bemoles con los cuales se configuró una partitura de réquiem para la calidad de vida de los habitantes de Sonora.

Mas ¿qué tan bueno es el lado amable del gobierno de la alternancia? Álex Covarrubias se armó de una herramienta de análisis tomada de la revista The Economist para medir el capitalismo y en especial, el grado de crony capitalism.

Este crony capitalism, según apunta Álex, se caracteriza por desarrollar un capitalismo clientelar, de amiguismo, de “compadresismo” (sic) entre el gobierno y la economía local, que respondía a una ideología pro negocios y que promueve un sistema rentista apoyado en la falta de transparencia y regulaciones, y el cabildeo de grupos de poder.

La metodología empleada orienta a indagar sobre las industrias que son más dependientes de acciones de gobierno, es decir, qué negocios privados fueron alentados desde el gobierno.

Lo anterior me hizo recordar que en el discurso de su toma de posesión, el ex gobernador Guillermo Padrés expresó un interés que refleja esta ideología, al señalar que su agenda de competitividad convertiría a Sonora “en el mejor lugar para hacer negocios” entre otras cosas por “la facilidad de gestión empresarial” que se ufanaba tener.

Los hallazgos que presenta Covarrubias son interesantes toda vez que en el camino se analiza el crecimiento económico del estado, el cual oscila desde hace tiempo, pero sin rumbo, sin un modelo y donde las constantes son la desigualdad, la vulnerabilidad y la impredecibilidad del desarrollo. En Sonora, dice Álex, la economía vive del pasado y de prestado. Como escribe Almada ¿Tiene futuro Sonora así como está?

Con todo, Bracamontes, Méndez y Valenzuela, le ven a la economía de Sonora un futuro aprovechable para el nuevo gobierno entonces desconocido, si sabe alinear las instituciones y los esfuerzos individuales para materializar una visión moderna para nuestro futuro.

Estos observadores académicos procedieron a analizar el comportamiento de la economía de la entidad; coinciden en que ha oscilado y aprecian que la relación con la economía norteamericana tuvo que ver con mucho en sus abruptas caídas.

Pero algo más, se detuvieron a observar el comportamiento de los siguientes cinco sectores en lo que se centró la estrategia gubernamental: agroindustria, automotriz, aeronáutica, turismo y minería.

El resultado, mostrado con cifras, indica que fue positivo. Así, el ave fénix del gobierno de la alternancia recobró el vuelo y se desprendió de la economía sumida en una profunda crisis en la que vivió durante los primeros años de su gestión, como apuntaron los autores.

Sin embargo, si el punto de observación desde el que se vio la alternancia es el campo de la justicia y los derechos humanos laborales en el cual se instaló Vicente Solís, el resultado le es adverso al llamado Nuevo Sonora.

Indicadores como la estabilidad del empleo y la precariedad laboral cayeron con todo y el gran crecimiento ocurrido entre 2010 y 2012. Lo mismo ocurrió con los índices de seguridad en el empleo y el del diálogo social, que cayeron. O la justicia laboral que acumuló un rezago considerable.

Al análisis Vicente Solís incorpora unas propuestas orientadas a promover medidas y a fortalecer acciones en diversos rubros como la productividad, la salud y la seguridad, la equidad de género y el empleo digno.

La lectura de estas dos partes del libro me lleva a pensar que la alternancia no dejó una huella que correspondiera a la marca de origen, distinguible entre un antes con el PRI y un después y a partir del PAN. A menos que esta se encuentre entre algunas de las acciones que el 13 de septiembre de 2009 se proponía llevar a cabo el nuevo gobierno en sus siete agendas, a saber, la ciudadana, la del futuro, la de competitividad, la de igualdad y equidad, la de innovación, la de austeridad y la de coordinación gubernamental.

Cada una de estas agendas se correspondía a perfiles predefinidos: los ciudadanos, los niños y jóvenes, los empresarios, los grupos vulnerables, la academia, el interior del gobierno y otras instancias de gobierno.

Dichas agendas y perfiles estaban atravesadas por tres ejes: el del gobierno eficiente y ciudadano, el de desarrollo sostenido, y el de la seguridad y justicia expedita.

¿Dónde está pues el sello, la práctica o la concepción diferente de hacer gobierno del PAN, que nos pueda servir de referencia en esta nueva hora del regreso del PRI?

El 26 de agosto pasado, a la entrega del VI y último informe de gobierno, Juan Valencia Durazo, líder del PAN en Sonora, se refería a este evento “Como un acto que marca la conclusión de seis años de trabajo en beneficio de todos los sonorenses”. Resumió los principales logros del gobierno y los enumeró así: la generación de empleos, la inversión en infraestructura, el crecimiento y estabilidad económica, la política social, educación, la seguridad pública, y el impulso a la ampliación de derechos y libertades de los sonorenses y de la libertad de expresión.

También reconocía los errores sin decir cuáles, y remató con la clásica frase de todavía falta mucho por hacer, indicando que la “lucha debe seguir, sólo que ahora estará en manos de un nuevo Gobierno encabezar dichos esfuerzos”.

Otra fue, en cambio, la visión de Claudia Pavlovich. En su discurso de toma de posesión, la nueva gobernadora evaluó: “la realidad del gobierno que estamos recibiendo es desastrosa. Es impresionante la ruina económica, pero más impresionante aún (es) la ruina moral que nos heredan… lo moral es lo más preocupante. El nivel de corrupción fue terrible; algo nunca visto en Sonora”.

En este momento de nuestra historia se promete escribir otro futuro para Sonora. El futuro que el gobierno de la alternancia deseaba alcanzar construyendo un Nuevo Sonora está en manos del partido que representa el estado de cosas que en el pasado se buscaba superar.

Pero las circunstancias que este nuevo gobierno vive a un mes de instalado lo acercan a la tentación de pinchar la burbuja y dejar salir el aire.1 ¿Será posible salvar la política y el estado, de los políticos? (1)

En un mundo pecador, dice Niklas Luhmann, es más fácil cambiar los criterios que el comportamiento.(2) Si en algún momento de la campaña se asumieron posturas que apelaban a valores de honestidad, que bien podrían encaminarse a ocultar lo viejo en lo nuevo o lo nuevo en lo viejo, esta situación que se experimenta ha avanzado al grado de convertirse en una exigencia política de corto plazo.

El gobierno realiza su balance –que sería una continuación in situ de los equipos de transición-; ha creado lo que dio en llamar una fiscalía anticorrupción, y muestra por áreas de la administración la situación de los dineros y bienes faltantes.

Estos hechos, se supone y se espera, habrán de convertirse en demandas formales para que los y las responsables den cuenta de sus inmoralidades y en su caso sean castigados y repongan lo que indebidamente se llevaron, si fuera el caso.

Recientemente, José Woldenberg escribía sobre el momento mexicano: “No sé siquiera si hoy existe más corrupción que en el pasado, pero lo que sí es claro es que hoy esos fenómenos tienen una mayor visibilidad pública (gracias al proceso democratizador) y una menor tolerancia social. Se trata —digamos— de dos poderosas palancas que pueden y deben ser activadas para derrotar a la corrupción”. (3) Una de esas palancas, digo yo, ya fue activada en nuestras elecciones del 2015; la otra está a prueba.

El pasado gobierno de la alternancia generó, en sí mismo, muchas expectativas de cambio, y otras más por las promesas expresadas por quienes lo encabezaron. En ese sentido, los niveles de exigencia son proporcionales a lo que se esperaba de él. ¿Fue la nuestra una réplica a escala de la alternancia del 2000? ¿Se trató solamente de una distribución del poder?

El balance que arroja la obra que hoy se presenta, si bien no puso en la báscula todos los campos donde se desempeñó el gobierno pasado –no solo el Ejecutivo, faltaron el Legislativo y el Judicial– , es una muestra de lo que la entidad experimentó luego de una larga espera de una parte importante de la ciudadanía que demandaba cambio de estafeta.

El balance aún no termina; habremos de recorrer un buen trecho para conocer el desenlace y en ese trayecto veremos:

Si el muerto atrapa, o no, al vivo/ Si la viveza del vivo es, o no, contrarrestada por el poder del estado,/ Si la rebeldía supera, o no, la legitimidad del poder político y/ Si la arrogancia resulta, o no, superior a nuestra cultura ciudadana de respeto a la ley/ —por hacer uso de las figuras que Ignacio Almada le pide prestado a Mauricio García Villegas y con las cuales él cerró su participación… y yo la mía.
1La frase es de Niklas Luhmann en “La moral de la sociedad”, 2013, España.

2 Ibid.

3 Woldenberg, José. “¿Dónde estamos?” Revista Nexos, México, 16 de octubre de 2015. http://www.nexos.com.mx/?cat=3331