» Convocatorias

  • convo-desa-581 Convocatoria “Seminario sobre Desarrollo Humano en la Región Transfronteriza Sonora Arizona SDHT ” 2015-2016 »

    El Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, El Colegio de Sonora, El Colegio de la Frontera Norte, El Colegio de la Frontera Sur, Universidad [...]

» Novedades Editoriales

  • innovacion-590 “Innovación social en el manejo de los recursos naturales. El sistema de cuotas de la captura de la curvina golfina del Alto Golfo de California” »
  • deudas-590 “Deudas en estados y municipios. Aproximaciones a una problemática subnacional” »
  • novedades-fomento-590 “Política de fomento pesquero. Heterogeneidad acuícola y pesquera en Sonora” »

FOTO DE LA SEMANA: “Catedral de Buenos Aires”

La imagen fue capturada por Zulema Trejo.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

tiempos-593

En tiempos de la inseguridad

Zulema Trejo Contreras*

Hubo un tiempo cuando las puertas de las casas estaban abiertas al menos por las tardes, cuando las personas salían a sentarse en la banqueta a disfrutar de la compañía de los otros, ya fuesen vecinos o conocidos que pasaban por la calle. La gente se sentaba, platicaba hasta tarde. No recuerdo que alguien hubiera manifestado alguna vez, que pasar la tarde-noche sentado en la banqueta implicara algún tipo de riesgo. Mis remembranzas tampoco incluyen transeúntes que caminaran presurosos por miedo a las calles oscuras, los asaltos o cosas así. Por supuesto que sería ingenuo decir que hace veinte o treinta años no existían los delitos, ciertamente los había y los periódicos los reportaban, los noticieros daban cuenta de ellos; incluso de vez en cuando eran temas de conversación, pero a lo que voy es al hecho de que la gente no vivía con miedo.

En la actualidad el miedo es una emoción que está a flor de piel y no es necesario hurgar mucho en el comportamiento social para percibirlo, basta pasear por las calles de la ciudad para verlo reflejado en las rejas que rodean las casas, cubren las ventanas; en los pequeños, pero ya reconocibles, logotipos de los sistemas de alarma y, por supuesto, en los fraccionamientos cerrados, donde la caseta de vigilancia es un símbolo de la inseguridad que reina en la sociedad, así como de sus esfuerzos para asegurar la tranquilidad. Ese temor subyacente es el que nos lleva a instalar en nuestros carros alarmas cada vez más sofisticadas, a cerrar nuestras oficinas con llave cada vez que salimos de ellas para asegurarnos que lo que está en ellas seguirá ahí cuando regresemos.

Sin embargo, en la misma medida en que nuestros sistemas de seguridad se vuelven más sofisticados, también lo hacen los métodos de robo. Los robos a viviendas, comercios, bancos, empresas siguen formando parte de nuestra cotidianidad aunque en los últimos años hemos sido testigos de la creatividad de quienes viven del hurto. Pareciera que ahora ya no es tan necesario arriesgarse en un robo real, por llamarlo de alguna forma, si se puede hacer de manera virtual, con formas cada vez más sofisticadas que van desde la clonación de tarjetas de crédito a las llamadas de extorsión, los supuestos adeudos de servicios (teléfono, electricidad), los datos de cuentas bancarias que deben ser actualizados y las llamadas telefónicas.

En lo personal me resulta increíble que ahora ni contestar el teléfono sea seguro, pues responder a una llamada sin conocer el número de quien llama es estar corriendo el riesgo de caer en una extorsión, o por lo menos de una intimidación. Creo que no exagero al comentar esto y una prueba a favor de lo que comento la constituye una reciente aplicación para celulares, que permite, mediante un método muy sencillo, enviar un mensaje de auxilio si se está en peligro. Quienes lo reciben no sólo leerán el mensaje que se haya escrito y guardado previamente, sino que también recibirán un mapa con una ubicación aproximada, dos fotografías del sitio donde se está e incluso, si la persona que recibió el mensaje llama y no hay respuesta, quien llamó podrá oír lo que está sucediendo en el lugar desde el que se envió el mensaje.

Supongo que una aplicación tan sofisticada como la descrita anteriormente no sería necesaria en un teléfono celular, si previamente las compañías que fabrican celulares no hubiesen detectado la necesidad de que  ese software se incorporara a los teléfonos móviles. Así, poco a poco y casi sin darnos cuenta nos vamos convirtiendo en una sociedad auto-aprisionada, por decirlo de alguna forma, nos estamos rodeando cada vez más de medidas de seguridad para estar tranquilos, y paradójicamente vivimos más inseguros.

Sería ingenuo negar la violencia que cotidianamente se vive en el país, pero también vale la pena reflexionar en la visibilidad que tienen los delitos actualmente. Reitero, no es que antes no hubiese existido criminalidad, siempre ha existido, lo que no había era una manera de hacerla visible, casi en tiempo real, por no decir que en vivo. Ahora, a través de las redes sociales, de los medios visuales y escritos en nuestros dispositivos móviles, los delitos salen inmediatamente a la luz, sean mínimos o graves, tal vez esa visibilidad esté contribuyendo a que nos rodeamos de tanta seguridad como podamos. Vale la pena reflexionar en ello.

*Profesora-investigadora de El Colegio de Sonora.