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FOTO DE LA SEMANA: “Atardecer en Tula”

La imagen fue capturada por Janeth Schwarzbeck.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Una agenda para Sonora

Nicolás Pineda*

La Ley de Planeación del Estado de Sonora (aprobada en 1984) indica que se debe de presentar un Plan Estatal de Desarrollo en un plazo de tres meses. Más aún, la Constitución del Estado de Sonora señala que el Gobierno del Estado está obligado a promover, orientar y conducir el desarrollo económico, social, político y cultural de la población de la entidad mediante el fomento del crecimiento económico, del empleo y una más justa distribución del ingreso y la riqueza con la más amplia participación de la sociedad (art. 25).

La decadencia de la planeación

La realidad es que la planeación gubernamental no está en sus mejores tiempos. Su época de oro fue la de López Portillo, en los años setenta, cuando se integraban comités de planeación a todos los niveles. La elaboración de los planes sexenales eran materia de pomposas reuniones y discursos. Eran tiempos también de economía cerrada, de partido cuasi único, de control de medios y de paternalismo social.

Hoy sin embargo, la planeación gubernamental está muy disminuida. La globalización de la economía y el tratado de libre comercio de 1994, la transición democrática de los años noventa que abrió campo al pluralismo político y a las entidades autónomas, así como el mayor dinamismo de la sociedad civil y de los medios, sobre todo con el internet y las redes sociales, le han restado peso y vigencia a la planeación gubernamental.

El último gobierno sonorense que parece haber hecho un esfuerzo serio de planeación, a mi juicio, fue el de Samuel Ocaña (1979-1985). Eran los tiempos del doctor Salvador Ortiz Pérez y de un grupo de brillantes funcionarios. Después de eso, o se han dedicado a trabajar una sola obra, como lo hicieron Félix Valdés con su carretera de cuatro carriles y López Nogales con su fallida planta desaladora, o bien se han dedicado a administrar la inercia económica y política. Además, la capacidad de los gobiernos para incidir en la economía está bastante reducida. La economía local está ahora gobernada por el entorno económico internacional y las políticas fiscales y monetarias nacionales. Lo que le ha quedado al gobierno estatal es administrar y encausar la inversión, y  ser una especie de gestor y mediador entre las fuerzas e intereses locales. Es así como se han emprendido los planes Sonora Proyecta, Sonora Construye y el Sonora SI, todos ellos muy costosos y de dudosa efectividad. Ahora, los planes estatales de desarrollo se encargan a una institución de educación privada y luego se archivan; al menos eso pasó en el sexenio anterior.

Gobernar con brújula y con agenda

Y sin embargo, a pesar de la decadencia de la planeación, el artículo 25 de la Constitución del Estado sigue ahí y es importante que se tome en cuenta. Sería nefasto que el gobierno estatal abandonara todo intento de planeación y se fuera al extremo para actuar solo por inercias e intereses, para convertirse en una especie de apagafuegos. Es más conveniente para el estado que se elabore una agenda de gobierno y que se le dé seguimiento. A esto se le ha llamado gobernar por políticas públicas. De otra manera se corre el riesgo de quedarse solamente con las agendas privadas y negocios de cada funcionario o en la anomia total como parece que sucedió al final del gobierno de Padrés.

Es hora entonces de que debiéramos  estar discutiendo la agenda de gobierno. ¿Cuáles son los problemas del estado? ¿Cuáles son los objetivos y líneas de acción de este gobierno? ¿Con qué criterios, metas y recursos se manejarán las dependencias y organismos estatales? Discutamos.

*Profesor-investigador de El Colegio de Sonora. nicolas.pineda.p@gmail.com. Twitter: @npinedap