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FOTO DE LA SEMANA: “Desfile de colores”

La imagen fue capturada por Cindy Martínez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Adolescentes migrantes con la mente en EU y el corazón en Centroamérica

Henia Prado Hernández*

Gilberto tiene 16 años de edad, Margarita, 15 y Lisandro, 13. En agosto pasado los tres hermanos guatemaltecos emprendieron solos un viaje sin documentos hacia  Nueva Orleans, Louisiana, Estados Unidos, con la intención de reunirse con sus padres a quienes no ven desde hace diez años.

En la travesía, integrantes del Cártel del Golfo los secuestraron. Gilberto fue torturado y su hermano obligado a sostener un arma para posar en la foto de los delincuentes, padecieron hambre, burlas, durmieron hacinados y su libertad costó 30 mil dólares. Cuando pensaban retomar la ruta al norte, agentes del Instituto Nacional de Migración los detuvieron y alojaron en una estación migratoria.

Así como Gilberto y sus hermanos, miles de niños y adolescentes se desplazan clandestinamente hacia Estados Unidos con el argumento de reencontrarse con sus madres y padres e incluso conocerlos por primera vez (en el caso de papás varones que migraron cuando sus esposas estaban embarazadas).

En siete años (de 2009 a 2015) fiscales, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) registró la detención de 122 724 menores de edad, centroamericanos, “no acompañados”, en la zona fronteriza de México-Estados Unidos.

Ante el éxodo masivo de hombres y mujeres que no rebasaban los 18 años de edad, organismos internacionales como la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) se dio a la tarea de indagar las motivaciones de viaje.

El año pasado la agencia publicó el informe “Niños en Fuga”, elaborado a partir de encuestas y entrevistas a menores de edad. Los resultados exhibieron que 83 de 104 salvadoreños cuestionados refirieron como uno de sus objetivos de viaje tener el reunirse con sus familias o conseguir mejores oportunidades de trabajo. De los guatemaltecos 84 de 100 y entre los hondureños, 80 de 102.

Esta causal de migración tan recurrente puede ser cuestionada en cuanto al alcance de lo que significa “reunificación familiar”.

En un estudio con 18 adolescentes centroamericanos “no acompañados” detenidos en la estación migratoria de Acayucan, Veracruz, se encontró que varios de ellos, desde la primera infancia (1 a 3 años de edad), han vivido con otros familiares debido a que sus padres emigraron a Estados Unidos.

De manera específica, 12 mamás se encontraban en Estados Unidos; cuatro, vivían con el adolescente; y de dos, no podía determinarse con claridad la situación; respecto a los papás, seis habían muerto, cinco habitaban en domicilios diferentes al de sus hijos; cuatro, vivían en Estados Unidos y de tres, se desconocía el paradero.

Los resultados arrojan una marcada fragmentación y desestabilidad familiar y evidencian al mismo tiempo, que las abuelas, tías, hermanas y hasta terceras personas sin lazo consanguíneo se han constituido como las o los verdaderos cuidadores de los niños y adolescentes migrantes ocupando el lugar de los padres biológicos. En contraste, el apellido, las conversaciones telefónicas, los mensajes virtuales y las remesas son el vínculo de los padres biológicos con los hijos.

Al momento de resolver entre migrar y no hacerlo, la decisión se torna bastante difícil para los menores de edad. Mentalmente desean llegar con sus padres a Estados Unidos para conformar el tradicional modelo de familia, pero en el aspecto sentimental no quieren desprenderse de las personas que los han cuidado desde que nacieron.

Los niños y adolescentes son arrancados del núcleo familiar que los ha criado y que conoce su desarrollo y vivencias, para insertarse en un núcleo familiar desconocido del cual prácticamente son “integrantes ajenos”, pues sus padres y madres en Estados Unidos y en muchas ocasiones ya tienen nueva pareja e hijos.

Ejemplo de ello es Gilberto y sus hermanos quienes tenían 6, 5 y 3 años de edad respectivamente cuando sus padres migraron al norte.

“Estoy emocionado, pero a la vez preocupado y decepcionado de mí mismo por dejar a seres queridos. O sea uno ya está acoplado a las personas que nos quieren, a la misma vez sí quieres ver a tus padres, pero a la misma vez no quieres dejar a tu familia que siempre te ha apoyado, es simplemente una decisión que se tomó a la ligera y a ley tuvo que hacerse”, comentó Gilberto cuando se encontraba alojado en la estación migratoria de Acayucan, Veracruz.

*Maestrante del Programa de Estudios Políticos y Sociales de la UNAM.