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FOTO DE LA SEMANA: “Tower water place”

La imagen fue capturada por Esther Padilla Calderón.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Ahora una desalinizadora en Guaymas

Nicolás Pineda*

La política hídrica de Sonora da un nuevo bandazo, ahora para anunciar una planta desalinizadora en la región de Guaymas. No es algo enteramente novedoso porque ya se había venido mencionando, pero resulta sorpresivo, ya que todavía no se resuelve el conflicto por el acueducto Independencia. El anuncio parece entonces orientado a enviar señales y a tratar de destensar la oposición de yaquis y del Movimiento Ciudadano por el Agua. Además, esto da indicios también de que la instancia judicial de la Suprema Corte no va a resolver las demandas hasta que dicho conflicto se haya resuelto primero en el ámbito político. La corte no parece tener prisa. Este es entonces el marco en el cuál se plantea la planta desaladora.

Prerrequisitos y prioridades

Las obras de infraestructura y el gasto de inversión se consideran acciones positivas en sí mismas, pero requieren de condiciones y requisitos previos para que funcionen y resulten socialmente rentables. De este modo, la planta desaladora es algo positivo y hasta puede considerarse la solución tecnológica para el abasto de agua en las regiones desérticas, pero tiene sus condiciones y requisitos. No es un simple sustituto del agua de los ríos y presas sino que implica una reconversión drástica de la estructura productiva y de la relación costo beneficio del insumo agua.

En general, las prioridades y orden de prelación para resolver el abasto de agua para Hermosillo, y ahora también para Guaymas y Empalme son las siguientes:

Primero, urge hacer más eficiente el sistema de distribución de la red de tubería de modo que se reduzcan al mínimo posible las pérdidas de agua en la conducción y distribución. Actualmente en Hermosillo se habla de que se pierde alrededor del 35 por ciento del agua de la red. Este porcentaje tiene que reducirse a menos de 20 por ciento para estar en los rangos aceptables. Ya el Maloro y el director de Agua de Hermosillo anunciaron que van a trabajar en este sentido.

Segundo, urge tratar las aguas residuales y darles un uso provechoso que reduzca la demanda de agua de la ciudad. Tanto Hermosillo como Guaymas están muy atrasados en este rubro. En Hermosillo está por iniciar operaciones la nueva planta de tratamiento de aguas residuales, pero estamos atorados en cómo pagar su costo; si se logra el aumento, la planta operará, pero hacen falta todavía estrategias para el aprovechamiento de las aguas tratadas.

Tercero, hace falta planear de manera integral la cuenca, en nuestro caso del río Sonora y del río Mátape. La pregunta clave es qué tanta agua asignar para la agricultura y qué tanta agua para las ciudades (es decir para los usos público, doméstico e industrial). Tanto en Hermosillo como en Guaymas tenemos distritos de riego que consumen grandes cantidades de agua de gran calidad a través de concesiones gratuitas y que se extrae con tarifas eléctricas subsidiadas. Así, mientras que a las ciudades se les orilla a pagar los costos netos y a buscar tecnologías caras como la desalación, a la agricultura se le da la mejor agua. Es una cuestión económica pero también de grupos económicos y cotos de poder. Las ciudades compiten contra la agricultura por el agua.

El boletín de prensa de la Conagua habla de este reordenamiento de las cuencas como una de las líneas de acción antes de proponer la desaladora. Si ya estamos seguros de que no se puede o debe transferir agua de uso agrícola a uso urbano, entonces pasamos a la siguiente opción para abasto de agua a las ciudades.

La siguiente etapa, después de resuelto lo anterior, es considerar las grandes obras de infraestructura que pueden ser tanto el acueducto como la desaladora, pero la desaladora implica mayores riesgos y más tecnología.

*Profesor-investigador. nicolas.pineda.p@gmail.com. Twitter: @npinedap