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FOTO DE LA SEMANA: “Tower water place”

La imagen fue capturada por Esther Padilla Calderón.

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Parte II. Conferencia de I. Almada sobre los alzamientos anticallistas en 1935

Ignacio Almada Bay*

Septiembre abre con truenos y luego se desata la tormenta que durará todo el otoño. El día primero hay tumulto en Bacobampo con una protesta bien articulada y explícita que recoge el militar enviado a controlar la toma de la comisaría.

El 5, en Navojoa, la anciana Ramona Mendívil es secuestrada a plena luz del día, para ya nunca más aparecer. El móvil, según su hija, Emilia Ortiz de Espriú, es despojar a su madre de la casa que habita contraesquina del mercado. A lo largo de las diligencias y reclamos, la hija califica a Juan Pacheco  —célebre quemasantos que devastó los retablos de las antiguas misiones jesuitas de ambas márgenes del río Mayo, que eran veneradas y custodiadas por los indios, desde Macoyahui hasta Navovaxia— como pistolero “muy conocido por sus inumerables crímenes”, a Manuel Valdez como esbirro “que hace las veces de ministerio público” y recibe, como atención del gobernador, que éste comisione a Manuel Guirado, subjefe de su escolta —a quien se atribuye el traslado sacrílego del San Francisco, venerado en Magdalena, para ser incinerado en Hermosillo— para apurar las diligencias del caso.[1]

Del inicio de la gestión de Francisco S. Elías, al fin del periodo del Ing. Ramos, se hubieran acabalado diez años de callismo (1929-39), que serían demasiados para la entidad según la oposición. Las divergencias de los opositores al continuismo callista no impidieron que gente a lomo de caballo, con memoria en la cabeza y armas en la mano, se levantara en el otoño.

Así, en el distrito de Altar, Pablo Rebeil se levantó “contra los poderes locales”.[2] en el de Magdalena surgió la guerrilla “vasconcelista” de Jesús María Suárez Arvizu;[3] en el de Moctezuma, el experimentado general cristero Luis Ibarra y “un cura Barceló”,, al frente de doscientos hombres —destacando entre sus banderas, una de la Guardia Nacional— e indios mayos quemarán puentes del ferrocarril por el rumbo de Bacabachi y luego remontarán el Bacatete. Los yaquis manifiestan desasosiego,[4] y el 12 de noviembre a las 12 de la noche en el Quiriego aparece un grupo gritando vivas a Cristo Rey y mueras al mal gobierno. Luego de aprehendidos, se suscitó una reyerta con la policía, resultando dos opositores muertos.[5]

El 25 de noviembre son aprehendidos en Cananea, por órdenes del gobernador, Jesús Lizárraga, Alfonso Leyva, Antonio Monreal, Miguel Ayala y Manuel Quijano, por ser “miembros del partido (de) oposición”. La misma semana se registra el incendio de El Pueblo, periódico opositor en Hermosillo.[6]

El 7 de diciembre, mandaron a aprehender a Francisco Zepeda, periodista de Cananea, legendario ex alcalde maytorenista y colaborador de don Chemalía. Habiendo sido cateadas su casa y otras del mineral —según afirma Zepeda—, logró éste evadirse internándose en la sierra para luego dirigirse a Nogales, Arizona. Días después informa al presidente que su terruño vive una “era de terror y anarquía, superando era preconstitucional. Pistoleros dejan pálidos encapuchados automóvil gris”.

Era el segundo intento de aprehensión. Su hija reportó que a mediados de noviembre se había mandado aprehender a don Francisco por un numeroso grupo de policías, cometiendo violencias y vejaciones, “…como si se tratara de dar caza alzados merodean estas regiones…pretenden arrojarlo a la rebelión…elementos callistas a las órdenes del Gobernador Ramos”[7].

Diciembre registra la segunda y definitiva crisis entre el presidente Cárdenas y el jefe-ya-no-tan-máximo. Las cámaras desaforan a los callistas y el 17, el Senado desconoce a los poderes locales de cuatro estados, incluido Sonora.

El jefe militar de las colonias yaquis, Gral. Jesús Gutiérrez Cázares, subordinado de Cárdenas en varias campañas, es designado gobernador provisional para convocar elecciones. El cardenismo apaciguador de Gutiérrez Cázares acompaña un proceso electoral singular: el candidato del  anticallismo gana el plebiscito del Partido Nacional Revolucionario y luego las elecciones. Román Yocupicio, el campeón del anticallismo, es electo gobernador para concluir el periodo de la hechura de Rodolfo Elías Calles, el Ing. Ramón Ramos Almada.[8]


[1]     agn, dgg, 2/012.2 (22), exp. 26. Lo interesante de este caso es que las diligencias que practica doña Emilia procurando a su madre desaparecida topan con el aparato policiaco del Gobierno del Estado y expresa las opiniones que sus personeros le merecen; incluye al gobernador Ramos como implicado en el intento de despojo de la propiedad de su madre. Así, de Juan Pacheco se expresa como “pistolero…muy conocido en Sonora por sus inumerables crímenes que ha cometido” como Jefe de la Policía Rural en el Mayo.

[2]     Para un perfil de la familia Rebeil, véase de Glenton G. Sykes A Sonoran Venture. Eclipse Expedition of September 1923,  por Universidad de Arizona y Carnegie Desert Laboratory. Mecanoescrito, 1964, 11 pp., Universidad de Arizona, Colección especial. Ahí se describe la cordial recepción a la expedición en la tienda de Pablo Rebeil (padre) y se asienta que “El Sr. Rebeil era la conexión de la bien conocida e influyente familia Rebeil de Tucson y uno de los principales ciudadanos del viejo pueblo mexicano de Altar. La tienda de Rebeil había sido siempre ‘a port of call’ para los americanos de todas las excursiones”. Se señala que en dicha tienda se congregaban los líderes de los ciudadanos y los comerciantes del pueblo. Los excursionistas observan en las comunidades a lo largo del río ruinas de viejos molinos de harina hechos de piedra, en ocasiones de dos o tres pisos, la mayoría de los cuales habían servido de refugio “durante las frecuentes revoluciones” y elecciones políticas. Ellos aprecian los huellas de balas en paredes y alrededor de puertas y ventanas y lo mismo ven en “viejas iglesias y misiones”.

[3]     Para la índole del movimiento véase agn, dgg, 2.012.8 (22), exp. 66, 11 enero 1936, Nogales, Manuel Iñigo y más de cien firmas. En esa fecha Jesús Ma. Suárez Arvizu se halla preso en Hermosillo a disposición de la Jefatura de Operaciones Militares “por haber encabezado a un grupo de ciudadanos sonorenses, que para hacer patente su inconformidad con la actuación del Gobierno encabezado por el Ing. Ramón Ramos, se levantó en armas, remontándose a las serranías de nuestro Estado”. Ahí se apunta que “…el cambio de autoridades vino a poner punto final a la inconformidad general que reinaba. Suárez Arvizu, al igual que otros grupos oposicionistas, depuso su actitud rebelde, protestando adhesión al gobierno emanado de la legalidad y que será el que presida los actos eleccionarios (sic) que darán como fruto la exaltación al Gobierno de Sonora, de aquellos hombres que el pueblo designe libremente”. La centena de firmantes cree injusta la detención de Suárez Arvizu, ya que “su rebeldía la enderezó en contra del gobierno Ramista, al que consideró espúrio y en tal actitud jamás cometió o permitió que se cometieran actos de bandolerismo ni asesinatos, caso este insólito en la historia revolucionaria de nuestro país”.

[4]     ahsdn, Pensionados. Juventino Espinoza Sánchez, militar de origen nayarita se desempeñará como comandante de la 4a. Zona Militar, con sede en Hermosillo, del 21 de octubre de 1935 al 31 de marzo de 1937 (f1379), habiendo llegado en medio de los alzamientos y refriegas del otoño de 1935 a pacificar la entidad, sin recurrir, de preferencia, a las armas y ofreciendo de entrada amnistía a los alzados. Además de las instrucciones que pudo recibir en este sentido, hay dos elementos que quizás influyeron en su desempeño: ya había estado en Sonora y había combatido a los cristeros en su tierra natal (f1097). El 24 de enero de 1930, por acuerdo presidencial, fue comisionado para encargarse de la administración y organización de las colonias de la tribu yaqui de Vícam y Pótam (f1088). En su desempeño ahí, elaboró una detallada propuesta que se cita al fin del II Capítulo de esta tesis. El mirador que ocupó entonces era propicio para captar la situación de la entidad en el parteaguas de 1929. En su expediente (f1858), en una relación, en el apartado “1935”, dice: “Campaña contra los rebeldes cristeros y locales del Estado de Sonora” que se efectuó del 19 de octubre a noviembre, logrando “pacificar el estado en veinte días”.El 22 de octubre se rindió “la partida rebelde contra poderes locales en Altar”, movimiento encabezado por Pablo Rabeil (sic), que entregó 29 armas y 16 caballos.

En el Distrito de Moctezuma estaba la “partida cristera del llamado Gral. Luis Ibarra y cura Barceló”, de alrededor de 200 hombres, con la que se sostuvieron combates y refriegas: el 25 de octubre en Suaqui (de) Batuc, el 2 de noviembre en Potrero don Cecilio y el 5 de noviembre en Agua Fría, San Pedro de la Cueva.

En el Distrito de Magdalena estaba “la partida rebelde de cerca de 50 hombres que se hacía llamar vasconcelista… encabezada por Jesús María Suárez”, se les persiguió y dispersó en El  Saucito, cerca de San Lázaro, y se les quitaron 28 armas y 2800 cartuchos.

Luego continúa sobre el proselitismo “fanático” entre indios mayos, a resultas del cual quemaron puentes del ferrocarril por Bacabachi y donde un grupo se remonta hasta la sierra del Bacatete, donde son perseguidos por tropas.

Cabe remarcar lo insólito que resulta en los anales locales, que mayos se internen en la Sierra del Bacatete, asiento tradicional de los yaquis broncos.

[5]     agn, dgg, 2.012.8 (22), caja 153, exp. 19, 13 febrero 1937, cárcel de Navojoa, Genaro Borbón Argüelles. Este era el presidente municipal de El Quiriego desde el 16 de septiembre de 1935; escribe al presidente Cárdenas que se halla en la cárcel desde el 13 de noviembre de 1935 “a consecuencia de la Rebelión Cristera”. Ofrece pormenores sobre el conflicto, que atribuye al surgimiento de un grupo de individuos con la intención de desalojarlo del puesto de presidente, “como lo habían hecho en algunos lugares del Estado. Haviendo dado muerte a varios empleados del Gobierno y por lo tanto todas las autoridades que comulgan con las ideas revolucionarias, corriamos la misma suerte…y por lo tanto estábamos amagados”. (Se refieren quizás a las muertes del alcalde y del jefe de policía de Santa Ana en la toma de este pueblo por la guerrilla de Jesús Ma. Suárez Arvizu). Luego apunta que como Sonora “ha estado en constante movimiento político, yo estoy sufriendo la consecuencia, por estar identificado con la clase obrera, la cual no tiene garantías en la mayor parte de Sonora”.

Borbón afirma en otro texto, que dió parte al gobernador Ramos de que las autoridades de Navojoa se presentaron aprehendiéndolos a él y a los policías y soltando a los presos.

El 24 de diciembre de 1935, Borbón escribió a Cárdenas asegurando que lo ocurrido era un motín de reaccionarios que a voz en cuello atacaban a la escuela socialista, al Gobierno de la Revolución y a las autoridades municipales, a éstas “tratándolas de perros sobiéticos (sic)” y amenazando a maestros y campesinos. Señala que el propio ministerio público de Navojoa, Manuel Valdez, como es de “clase burguesa”, dijo “hasta los sindicatos van a caer”.

La polarización que ocurría en el rumbo se manifiesta en que todavía en enero de 1936 asistían a la escuela diez niños, habiendo un padrón de más de cien. Un hermano de Genaro apunta que luego de que su hermano tomó posesión, los inconformes desarrollaron una campaña contra el presidente municipal, el sindicato y la escuela, hasta que en la noche del 11 de noviembre de 1935, un grupo “escandalizaba expresándose mal del Gobierno del Centro, así como del Gobernador del Estado y de la misma Autoridad Municipal” (Daniel R. Borbón al Presidente, 18 enero 1936).

En el texto del 15 de marzo de 1937 que dirigen “Trabajadores del Municipio de Quiriego” a Cárdenas (con más de 20 firmas autógrafas), se señala que Borbón había sido “aclamado por todos los trabajadores del Municipio para que asumiera el honroso puesto de Presidente Municipal”, que ganó por mayoría de votos. Borbón ofreció “igualdad (y)…terminar con el yugo de cincuenta años”, gestionó ejidos y creó sindicatos. El once de noviembre “surgió un escándalo, sin escrúpulo, secundando la revelión cristera que en esos meses de octubre y noviembre estaba ramificada por todo el estado, persiguiendo especialmente a las autoridades…echaban mueras al Presidente Municipal y al Socialismo…”. El texto luego la emprende contra José Ma. Mendívil B. quien visita los hogares instando a que no envíen los padres a sus hijos a la escuela “porque la enseñanza es socialista”.

También, 2/000 (22) 38531, exp. 41, dónde se señala que la mayoría de la población es indígena y esto se apunta como argumento para solicitar restricciones a las bebidas embriagantes.

[6]     Idem, exp. 60, Nogales, Humberto Monteverde, José Castro y Francisco Ochoa informan sobre los cinco aprehendidos en Cananea. Exp. 64, Israel González da parte de que le pusieron fuego a “mi periódico opositor a Ramos”, el mismo día en que ardieron otras dos propiedades de contrarios a los “imposicionistas””.

[7]     agn, dgg, 2.012.8 (22), exp. 52. Ahí Zepeda la emprende contra los “déspotas futuristas”.

[8]     Con otro enfoque y otras fuentes, Adrián A. Bantjes Arostegui se ha ocupado de 1935 en Sonora, véase su texto “Política nacional y regional en el México post-revolucionario: Lázaro Cárdenas y la revuelta sonorense de 1935”. Memoria. XIV Simposio de Historia y Antropología de Sonora, 1990: 101-117.