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FOTO DE LA SEMANA: “Tower water place”

La imagen fue capturada por Esther Padilla Calderón.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Preparativos para una sociedad del aprendizaje

Alvaro Bracamonte Sierra*

En la contraportada del nuevo libro de Joseph Stiglitz La creación de una sociedad del aprendizaje (escrito con Bruce Greenwald) se plantea que “para entender la forma en que los países crecen y se desarrollan, es esencial conocer cómo aprenden, cómo se vuelven más productivos y qué pueden hacer sus gobiernos para promover el aprendizaje, en el entendido de que si algo marca la diferencia entre los países desarrollados y los menos desarrollados, no son tanto los recursos ni las capacidades de producción, sino las brechas en el conocimiento”.

Viene a cuento lo anterior a propósito del proceso de evaluación que en prácticamente todos los niveles educativos y en todos los estados del país se registra por estos días. Una buena educación permite que los niños y jóvenes enfrenten en mejores condiciones los desafíos y exigencias de una sociedad en permanente cambio.

Hace unos cuantos años se decía que el conocimiento era un factor determinante del crecimiento económico; lo sigue siendo, aunque los estudiosos de estos temas han convenido en que más que el conocimiento, la clave es la capacidad de aprendizaje. El conocimiento puede volverse obsoleto y por tanto contribuir poco a la productividad de una región. En cambio, si estamos capacitados para aprender, es decir para apropiarnos del nuevo conocimiento que día a día se genera, podremos innovar y desarrollar estrategias eficientes para competir en los mercados. La obsolescencia es más acelerada en la actualidad dado que sistemáticamente surgen innovaciones que redefinen la dinámica económica. Dicho de otra manera, el conocimiento es un recurso finito mientras que el aprendizaje es un proceso inacabable que implica mantenerse permanentemente capacitado. No hacerlo condena a las personas, a las empresas y a los países al atraso. En estos días tuve la oportunidad de presenciar dos acontecimientos asociados con este asunto del aprendizaje.

Conocí a una joven maestra de bachillerato sumamente preocupada por la evaluación a la que se sometería el pasado fin de semana. Las evaluaciones son necesarias porque permiten detectar qué tan aptos están los profesores para la crucial tarea de instruir a los estudiantes y, sobre todo, para enseñarles a aprender. Hasta ahí es un acierto que el proceso de evaluación esté considerado en la reforma educativa, pero el asunto se torna quebradizo al observar la tensión prevaleciente alrededor de la evaluación: se trata de un ambiente casi de guerra que estresó más allá de lo normal a los profesores que serían examinados. A simple vista, es evidente que faltó negociación para mejorar las condiciones que favorecieran cerrar adecuadamente una de las fases más importantes de la reforma educativa.

El otro tema tiene que ver con la preparación de jóvenes empresarios en el mundo de la innovación. El sábado 28 concluyó un diplomado cuyo objetivo fue capacitar a directivos de pequeñas empresas en el diseño de proyectos de innovación tecnológica. La experiencia resultó interesante por varias razones: una de ellas es que el diplomado constituyó una especie de laboratorio para observar de qué están hechos los emprendedores que en el futuro tendrán a su cargo proyectos de innovación tecnológica. Por lo que se pudo apreciar, hay materia prima para esperar que pronto Sonora cuente con una camada de directivos y dueños de empresa calificados para involucrarse activamente en mercados que demandan preparación y capacidad de aprendizaje rápido.

Lo relevante es que los alumnos que cursaron el diplomado cuentan ahora con herramientas suficientes para buscar por ellos mismos optimizar sus decisiones mediante la vigilancia tecnológica, o a través del monitoreo de oportunidades de apoyo que ofrecen los fondos públicos y fundaciones internacionales, y también protegiendo sus hallazgos con patentes y otras modalidades de protección similares. En fin, puede advertirse que el advenimiento de una nueva era productiva —llamada por algunos el “internet de las cosas” y por otros “la era de la digitalización industrial”— así como los desafíos que ésta impone, no nos tomarán totalmente desprevenidos.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora