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¿Entregarse a migración? Estrategias migratorias de adolescentes centroamericanos “no acompañados”

Henia Prado Hernández*

El anhelo de todo migrante indocumentado es esquivar con éxito a las autoridades migratorias de los países que cruza y llegar al lugar deseado.

Ante la carencia de documentos oficiales que les permitan libre tránsito y estadía, hombres y mujeres, de manera individual, colectiva o con el asesoramiento de terceras personas, desarrollan diversas estrategias para pasar desapercibidos y/o “engañar” a los oficiales de migración.

De esta forma la clandestinidad se expresa en rodear puntos de control migratorio internándose en lugares inhóspitos y altamente peligrosos, sobornar o ceder a extorsiones de servidores públicos, obtener documentos falsos, usurpar identidades, esconderse dentro de vehículos de carga, entre otras artimañas.

Muchas de estas tácticas son de enorme riesgo y sitúan a los migrantes en escenarios de vulnerabilidad.

Si lo que se pretende es ser “invisible” ningún migrante indocumentado pensaría entonces colocarse ante la vista de un oficial de migración, pues ello implicaría automáticamente su detención y devolución al país de origen.

Sin embargo, de octubre de 2013 a septiembre de 2014 la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP, por sus siglas en inglés) registró la detención de 51 705 menores de edad centroamericanos “no acompañados” en la zona fronteriza de México-Estados Unidos. Es decir, cada día, en promedio, fueron aprehendidos 141 individuos. En siete años fiscales, de 2009 a 2015 se acumularon 122 mil 724 detenciones.

La magnitud del flujo migratorio provocó que el 2 de junio de 2014 el presidente Barack Obama emitiera un memorando en el que instó a las dependencias federales de su país a atender de manera coordinada y unificada esta “situación humanitaria urgente”.

Lo inédito del éxodo masivo no sólo fue la cifra histórica de capturas sino que la mayoría de éstas no ocurrieron cuando los menores de edad trataban de cruzar el desierto o el Río Bravo evadiendo a los oficiales de migración, sino que hombres y mujeres se entregaron a las autoridades estadounidenses.

Es decir, para cruzar la frontera México-Estados Unidos, los centroamericanos “no acompañados” —cuyo rango de edad se ubica entre los 13 a 17 años— están rompiendo el esquema tradicional de la migración indocumentada al dejar de lado la clandestinidad y buscar deliberadamente ser aprehendidos.

En entrevistas aplicadas a 18 adolescentes centroamericanos “no acompañados” alojados en la estación migratoria de Acayucan, Veracruz (se trata de migrantes identificados por agentes del Instituto Nacional de Migración cuando cruzaban México sin autorización oficial correspondiente), se les preguntó cuál habría sido la táctica a utilizar para el cruce hacia Estados Unidos de haber llegado a la frontera; todos respondieron que “entregarse a migración”.

Algunas de las explicaciones sobre el por qué se entregaban, fueron las siguientes:
—“Supuestamente no sufren más, pues al entregarse a la migración te llevan, te hacen una cita para explicar por qué vas y uno tiene que explicar para que lo dejen entrar” (Bryan, Guatemala, 16 años).

—“Es lo más fácil de entregar con la migra y es con la migra de Estados Unidos, yo con ellos, voy a enseñar mi identificación de que soy de Guatemala para que así, como yo soy menor de edad, les están dando así… pasan” (Florinda, Guatemala, 15 años).

—“La meta final que uno tiene, cuando uno ya llega, sólo falta pasar y ya, sólo lo agarra la migra y ya, ya es feliz uno” (Walter, El Salvador, 16 años).

—“A mí me iban a tirar en Piedras Negras para que yo cruzara el río y me agarrara la migración de Estados Unidos y me fuera a reclamar un tío o tía que tuviera papeles, pero quien sabe también si me iban a soltar, si me soltarían fácilmente, porque no estoy registrado ni en mí país” (Braiton, Honduras, 15 años.

Las expresiones dan cuenta de que en las comunidades de origen se difunde información que alienta la migración temprana bajo el argumento de que las personas que no rebasan 18 años de edad tienen ciertas prerrogativas ante las autoridades estadounidenses.

En realidad lo que existe en aquel país es un marco normativo para la protección de menores de edad, esencialmente hacia aquellos que sufren persecución y violencia en sus países de origen a causa de su raza, religión, pertenencia a determinado grupo social, opinión política o porque han sufrido abuso por sus padres, pero no es una legislación de apertura total.

No obstante, los datos —involuntaria o intencionalmente distorsionados— son trasmitidos como rumores en Centroamérica y están representando un prolífico negocio para los llamados “coyotes”, “polleros” o “guías”. La especialización de su “trabajo o servicio” ha llegado a tal grado que ofrecen paquetes, tarifas o viajes exclusivos para menores de edad “no acompañados”.

Este tipo de argucias está arrancando de Guatemala, Honduras y El Salvador parte considerable de su población joven en detrimento del desarrollo nacional, pero al mismo tiempo incita a los menores de edad a emprender “solos” un viaje de acentuado riesgo al cual posiblemente no sobrevivan.

*Maestrante del Programa de Estudios Políticos y Sociales de la UNAM.