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FOTO DE LA SEMANA: “El rey de los piratas”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Discurso para la ceremonia de egresados 2015

Maribel Pallanez Murrieta*

10 de diciembre de 2015

Estimados amigos, antes que nada quiero agradecer a quienes me dieron la distinción de dirigir las palabras de graduación de la IV promoción de Doctorado en Ciencias Sociales, Generación 2012-2015.

“Yo no soy un producto de mis circunstancias. Soy un producto de mis decisiones”, dice Stephen Covey,  y hace cuatro años o más, tomamos la decisión de continuar nuestros estudios.

Una decisión que se tomó por diferentes circunstancias, algunos porque era el momento de crecer, otros porque era una forma de tener un sustento económico durante cuatro años o porque recién egresaban de la maestría y ya estaban encarrilados en esto, otros, seguramente, por otras circunstancias. El caso es que tomamos la decisión de iniciar un camino nuevo, un camino que hoy, simbólicamente, llega a su fin con buen término para 23 graduantes.

Debo decirles que cuando me pidieron dar el discurso, estuve pensando mucho en qué cosas podría decir que representaran a los 23 graduantes, y entré en pánico. Entré en pánico porque las experiencias de cuatro años fueron vastas.

En cuatro años muchas cosas sucedieron y ni siquiera sé bien a quién debemos agradecer: al Conacyt por habernos brindado la oportunidad de tener un sustento económico, que aunque a veces llegaba tarde (y por cierto el Facebook se llenaba de bromas al respecto), no nos falló ni un solo mes; a El Colegio de Sonora por habernos brindado una educación de excelencia, por los buenos amigos que logramos hacer entre los docentes, administrativos y personal de apoyo y también, por qué no decirlo, por aquellas personas que aun dentro del Colegio nos dificultaron la estancia, porque gracias a ellos también crecimos. Quizás debamos agradecer también a los sillones de la sala de lectura que tan cómodamente nos cobijaron cuando queríamos dormir un ratito para seguir con nuestras tareas, a doña Chata que a precio módico nos ofrecía un plato de comida, a las gorditas que venden en la Serdán, a la Barra Hidalgo o al Gandaritas, para quienes lo usaron como centro de escape; al café o a la bebida que algunos degustábamos mientras escribíamos las trescientas y pico de hojas que conformó nuestro producto de tesis. Por supuesto, al centro de cómputo, en donde a veces trabajábamos y a veces cotorreábamos, el cual se inundaba de reflexiones académicas, políticas, culturales, de Facebook, de videos graciosos, de anécdotas, de noticias, de música. Creo que a todos ellos debemos agradecer, pero sin duda, el máximo agradecimiento está centrado en la familia, la familia de cada uno de nosotros que soportó los desvelos, los días de mal humor, los episodios de desesperación cuando tirábamos la tesis al bote de basura y luego la recogíamos para sentarnos de nuevo a tratar de idear cómo resolver el problema empírico o teórico que nos habíamos impuesto.

En cuatro años muchas cosas suceden, algunos se divorciaron, otros se separaron, otros más se unieron, hubo nacimientos, embarazos, muertes de seres queridos, enfermedades propias y de seres queridos que estuvieron a punto de hacernos declinar, pero no, no sucumbimos.

Henry Ford decía que los “obstáculos son esas cosas espantosas que ves cuando apartas los ojos de la meta.” Y nosotros no los apartamos, seguimos en pie de guerra y cada que vez que nuestro asesor o nuestro comité desbarataba nuestro proyecto, lo recogíamos de las cenizas y lo construíamos de nuevo… creciendo, siempre creciendo.

En cuatro años muchas cosas suceden. Yo soy testigo viviente del crecimiento académico que tuvimos durante la estancia en el programa de doctorado, la mayoría participó en congresos, seminarios, charlas; tuvieron la maravillosa y muchas veces frustante experiencia de escribir al menos un artículo científico y tener que esperar su dictaminación; algunos salieron del estado (a otros estados o a otro país) a desarrollar parte de la investigación o a presentar sus resultados en algún evento académico.¡Qué crecimiento y qué experiencias! Las charlas y discusiones siempre reflexivas y apegadas al respeto que se tenían en el aula, cuántas horas invertidas en las lecturas que debíamos de discutir grupal o individualmente con nuestros maestros.

Cuando yo preguntaba qué debería poner en un discurso de este tipo, alguien me decía “pon lo que esperan encontrar saliendo del doctorado” y yo digo: no sé qué esperamos encontrar, porque los desafíos continúan.

A algunos nos espera un trabajo, a otros los espera la búsqueda de uno, algunos piensan ya en el posdoctorado y otros piensan en no volver a tomar los libros por un buen tiempo. ¿Qué nos espera en el futuro? No sé. Lo que sí sé, es que ahora tenemos un nuevo título bajo el brazo, que nos debe abrir más puertas que nos permitan alcanzar nuestros sueños y que más allá del conocimiento está la experiencia adquirida, porque durante estos cuatro años aprendimos o reaprendimos que los desafíos se pueden superar. Y parafraseando a Joshhua Marine, esto, superarlos, es lo que hace tu vida significativa.

Así que felicidades a todas y a todos, brindemos por un futuro lleno de éxitos y no olvidemos la verdadera esencia de la vida, la búsqueda de la felicidad. Salud por los graduantes de la IV promoción del Doctorado en Ciencias Sociales de El Colegio de Sonora, Generación 2012-2015.

*Doctora en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora.