» Novedades Editoriales

  • industria-599 La industria automotriz en México frente al nuevo siglo. Países, tecnologías, movilidades y actores emergentes »

    La industria automotriz en México frente al nuevo siglo. Países, tecnologías, movilidades y actores emergentes Coordinadores, Alex Covarrubias V. y Arnulfo Arteaga-García.

  • sonora-599 Sonora violenta. Género, mujeres y feminicidio »

    Sonora violenta. Género, mujeres y feminicidio Coordinadora, Mercedes Zúñiga Elizalde

  • redes-599 Redes regionales de conocimiento e innovación. El caso del sector primario en el estado de Sonora »

    Redes regionales de conocimiento e innovación. El caso del sector primario en el estado de Sonora Coordinadores, Alvaro Bracamonte Sierra, Jorge Inés León Balderrama

FOTO DE LA SEMANA: “El rey de los piratas”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

tiempos-603

¿Me dice cuánto?

Zulema Trejo Contreras*

 

Las escenas que se observan en el súpermercado durante el mes de diciembre, principalmente en las vísperas de Navidad y Año Nuevo difieren bastante de las que vemos en las primeras semanas de enero. La diferencia entre las largas filas que se forman frente a las cajas de cobro en las semanas decembrinas y los pocos clientes que esperan para pagar sus mercancías durante las primeras semanas del nuevo año. El contraste entre ambas escenas es tan grande que uno no puede dejar de preguntarse, ¿qué pasó? La respuesta probablemente es muy obvia, pues cualquiera de nosotros sabe que diciembre es mes de fiestas, ya que durante sus días se suceden las posadas, Noche Buena, Navidad, Año Nuevo, así como otras festividades cuyos gastos suelen cubrirse con los siempre bienvenidos aguinaldos, así pues, la lógica nos dice que en diciembre sencillamente se compra más, por consiguiente, se gasta más… pero ese gastar más ¿significa que se gasta demasiado? La respuesta a este cuestionamiento no es tan obvia, pues gastar poco, mucho o demasiado debe definirse en relación con algo o alguien, por ejemplo, con relación al salario, la cantidad que se tenía previsto erogar, lo que gastaron otras personas, etcétera.

Sin embargo, es vox populi que durante los festejos decembrinos se gasta siempre de más al comprar productos que en otras épocas del año no se compran, como los regalos navideños, que no se restringen a los niños, sino que abarca todo el espectro de edades. Ahora se regala a todas y todos los integrantes de las familias, además se añade a varios amigos,  dependiendo de la cantidad de intercambios de regalos en las que se acceda a participar y/o de la voluntad que se tenga de regalarle a un determinado número de amigos. En esta época donde el valor material de las cosas supera el sentimental, las personas no suelen conformarse con “cualquier cosa” y no son pocas las ocasiones en que se espera como regalo un objeto que habitualmente la o las personas en cuestión no estarían en posibilidades de comprar, entonces, ¿por qué se espera que otras personas en nuestra misma situación sí estén dispuestos a gastar una cierta cantidad que nosotros mismos no gastaríamos? Aquí tal vez cabría como respuesta la tan conocida frase de “se vale soñar”, lo malo es que en estas ocasiones muy seguido se pasa del sueño a la desilusión y de esta al resentimiento hacia la persona que no regaló lo que se esperaba.

El párrafo anterior da pie para plantear la gastada pero vigente cuestión de si al regalar (por consiguiente gastar dinero) realmente lo que importa es el valor material del regalo y no el significado que éste tenga; es decir, al participar en un intercambio de regalos con un grupo de amigos, ¿qué es lo que se espera realmente?, ¿recibir algo que se desea y no se puede costear o un detalle que independientemente de su valor material simbolice los lazos de amistad que unen a la persona que lo da con quien lo recibe? Vale aclarar que no estoy en desacuerdo con el intercambio de regalos, es una práctica que apruebo cuando se realiza entre personas a las que realmente unen lazos filiales ya sean de amistad, fraternales o sentimentales, y cuando lo regalado representa y reafirma estos vínculos sin importar su costo material. Desafortunadamente, en las últimas cuatro décadas el valor de los regalos se mide por su costo monetario, no por cuestiones subjetivas como los recuerdos que despierta en quien lo recibe, por cualidades como el color, la belleza, la armonía u originalidad.

Estas primeras semanas del año el “cuánto cuesta” que revoloteaba en algunas mentes a la hora de recibir obsequios, se materializa en frases dirigidas a las y los cajeros de los súpermercados cuando, con ceño fruncido y manos temblorosas, se va pasando la mercancía que en diciembre no tuvo precio o no importó qué tan bajo o tan alto lo tuviera.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.