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FOTO DE LA SEMANA: “Cola de caballo”

La imagen fue capturada por Lilián Salado Rodríguez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Los caídos en el sol

Zulema Trejo Contreras*

En 1986 una trabajadora social británica especializada en casos de adopción recibió la carta de una mujer australiana que solicitaba ayuda para localizar a su madre. Esa carta dio pie para que Margaret Humphreys iniciara una investigación que la llevó a descubrir un programa gubernamental que entre 1947-1967 deportó a miles de niños supuestamente huérfanos a países como Australia y Canadá. Según la investigación realizada por Humphreys, en el lapso de esos veinte años miles de niños fueron sacados de Inglaterra sin conocimiento de sus padres.

Las investigaciones realizadas por esta trabajadora social revelaron también que la mayor parte de los niños deportados tuvieron como destino final Australia, lugar en el que se les obligó a realizar trabajos forzados y en el que fueron víctimas de numerosos abusos; esta historia fue llevada a la pantalla en 2010 con el título de Orange and sunshine.

Los primeros años del segundo milenio trajeron a primera plana muchos acontecimientos que tal vez ya se hayan borrado de la memoria, o que tal vez nunca conocimos debido a la inconmensurable cantidad de información que nos llega prácticamente en tiempo real a través de internet; uno de esos acontecimientos fue el escándalo de la trata de blancas —así lo llamaron los medios— descubierto por Kathryn Bolkovac en Bosnia mientras realizaba trabajos de monitoreo policial para las fuerzas de paz de la ONU. Bolkovac descubrió la red de tráfico de mujeres que se daba entre Bosnia y países del este europeo como Rumania y Rusia. Las mujeres llevadas ilegalmente a Bosnia eran forzadas a trabajar como prostitutas en bares frecuentados, principalmente, por agentes internacionales de policía contratados para capacitar y supervisar a las fuerzas policiacas del lugar. La publicación de estos descubrimientos condujo al despido de Kathryn Bolkovac, y dada la publicidad que su denuncia y despido despertaron, se tomaron algunas medidas para dar solución a la problemática de la trata de blancas, entre ellas el despido de algunos de los implicados en la red de trata, aunque hasta la fecha ninguno de ellos ha sido juzgado.

En 2010 se estrenó en la cartelera cinematográfica la película The Whistleblower cuyo título en español es Secretos peligrosos. La exhibición de la película tuvo consecuencias positivas, la más importante es que puso en conocimiento del público general un problema que, aunque de vez en cuando vemos aparecer en los medios, generalmente queda subsumido en el mar de problemáticas que aquejan a la sociedad. Otra consecuencia que podría considerarse positiva es que la película orilló a la ONU a abrir una mesa de debate acerca del tráfico de mujeres y la prostitución forzada, aunque lo que más destacó de esa mesa fueron los esfuerzos de la misma ONU para evitar que sucedan estas atrocidades.

Niños deportados, tráfico de mujeres, prostitución forzada, abuso… los términos no son nuevos, su concreción en la realidad lo es menos, la importancia que se les suele dar es mínima —no nos engañemos— a menos que surja un acontecimiento de tal magnitud que no pueda ignorarse, tal como sucedió en los casos que se reseñaron anteriormente. La reflexión que plantea lo anterior se contiene en estas interrogantes: ¿por qué son los medios de expresión (prensa, noticieros, cine, literatura) los que sacan a la luz estas problemáticas?, ¿por qué no son las autoridades las que ponen en conocimiento del público no sólo el problema sino la o las soluciones al mismo? y por último, ¿de qué sirve un panel de expertos si sus propuestas, sus análisis, pocas o ninguna vez son tomados en cuenta?

Sin duda es alentador saber que existen personas como Margaret Humphreys y Kathryn Bolkovac, pero a la vez es frustrante y desalentador ver que son los esfuerzos personales, individuales los que abren brecha, empujan, obligan a las autoridades a tomar cartas en el asunto, cuando deberían ser éstas las que lideraran la lucha contra fenómenos tan degradantes física, moral y emocionalmente.

*Profesora investigadora de El Colegio de Sonora