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Los derechos de las mujeres

 

Zulema Trejo Contreras*

¿Cuándo se publicó por primera vez la declaración de los derechos de la mujer, y quién la escribió? A muchos de nosotros el primer pensamiento que nos despierta tal interrogante va temporalmente hacia el siglo XX, y en cuestión de autores solemos pensar en alguna organización civil, política o quizá en una mujer contemporánea. Sin embargo, La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana se escribió en 1791 y su autora fue la francesa Marie Gouze, quien al escribir utilizaba el seudónimo de Olympe de Gouges. Sin duda resulta un tanto sorprendente que un tema tan contemporáneo, que aún causa polémica en muchos lugares (por ejemplo en algunos países de Oriente) y que tiene que defenderse constantemente haya sido enunciado por primera vez en la última década del siglo XVIII.

La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana se escribió en el contexto de la revolución francesa, lo cual no es extraño pues este movimiento político que cimbró a Europa cambió muchas cosas, algunas de forma momentánea, como la participación pública de la mujer en la escena revolucionaria a través de los clubes políticos cuyas sedes estaban principalmente en París. En el escenario que presenció el ascenso de Napoleón Bonaparte, la época del terror liderada por Robespierre, la decapitación de Luis XVI y de María Antonieta, también se atestiguó el avance al primer plano de mujeres que con su pluma intentaron dejar huella de su pensamiento. Enfatizo “el intentaron” porque la mayor parte de ellas quedó en el olvido, salvo para uno u otro historiador/a que las convierte en objetivo de sus investigaciones.

Volviendo a La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, este documento consta de diecisiete artículos, algunos destinados a establecer explícitamente la igualdad entre hombres y mujeres, como el artículo XVII que al hablar de la propiedad establece que “Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ellas como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que sea por la necesidad pública.” En aquella época este artículo resultaba revolucionario, puesto que la mujer no tenía derecho alguno sobre las propiedades puestas a su nombre, ya que éstas tenían que ser administradas por un hombre (su padre, esposo, hermano, hijo). Esta cuestión de considerar a la mujer incapaz de ocuparse de sus propiedades permaneció inalterable hasta finales del siglo XIX.

Otros artículos polémicos en aquel tiempo y totalmente lógicos en esta época fueron los artículos tres y diez. En el tres se estableció que la soberanía de la nación estaba constituida por la unión de todos los hombres y mujeres; una declaración de esta naturaleza, en un contexto donde la política era terreno exclusivo de los hombres, causó no sólo molestia sino oposición. El artículo diez postulaba la libertad de la mujer para expresar públicamente sus opiniones, de este artículo proviene la frase más conocida de Olympe: “Si la mujer tiene el derecho de subir al cadalso, debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna”. En otras palabras, Olympe de Gouges estaba reclamando para las mujeres el derecho de hacerse oír en el centro del escenario político del momento, la tribuna de la Asamblea Nacional.

La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana fue un documento non grato en el París revolucionario, ni siquiera recibió el apoyo de los clubes políticos integrados por mujeres, e incluso varios impresores se negaron a imprimirlo por temor a las represalias que pudieran caer sobre ellos si los relacionaban con la publicación de un documento tan polémico. Aunque finalmente La Declaración… se publicó, no tuvo prácticamente ninguna repercusión en su época y tampoco posteriormente, pues el documento sigue siendo desconocido por el público general, incluso por la mayoría de nosotras.

Olympe de Gouges y su Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana merecen ser conocidos y reconocidos porque constituyen uno de los pilares en los que se asienta tanto la lucha como los triunfos obtenidos por las mujeres en los años transcurridos desde su publicación.

*Profesora  investigadora de El Colegio de Sonora.