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FOTO DE LA SEMANA: “Represo y altiplanicie de la sierra de Mazatán”

La imagen fue capturada por Francisco Piña.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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El internet de las cosas: cuarta revolución industrial

Álvaro Bracamonte Sierra*

Los economistas y empresarios han aceptado que la innovación es un factor central del crecimiento y del progreso social; para no pocos incluso es el factor. De hecho, históricamente las etapas del desarrollo económico están definidas por la innovación. La primera revolución industrial, por ejemplo, fue resultado de una gran innovación: la creación automatizada de energía que potenció las capacidades productivas en los albores del capitalismo. La segunda revolución surgió de una innovación organizativa: la división del trabajo (modelo Fordista-Taylorista), que originó la producción en masa. La tercera fue incubándose poco a poco con el avance de las tecnologías de la información y la comunicación, mismas que posibilitaron el desarrollo de regiones con notable expansión económica (Sylicon Valley en la alta California).

El impacto que la revolución de la información ha tenido sobre la economía mundial es indiscutible; la prueba es que Estados Unidos pudo superar el desafío tecnológico que representaron Japón y Alemania a finales de los años ochenta del siglo pasado. Corporaciones asociadas a la floreciente economía de la información desplazaron a las firmas que en el pasado lideraron el crecimiento de la economía norteamericana: General Electric, Standard Oil, GMC, Ford, entre otras, dieron paso a los consorcios vinculados a la economía del conocimiento, tales son los casos de Apple, Microsoft, Cisco, Intel, y recientemente Facebook, Amazon, etcétera. Toda revolución trae consigo cambios profundos en la sociedad y en la cultura; digamos que la globalización económica no podría entenderse sin los dispositivos inteligentes derivados de la revolución de la información. La globalización y las TIC transformaron radicalmente las formas de interrelación de las personas y las naciones en la era contemporánea. Habría que decir que el mundo se ha achicado, lo que ha derivado en un abrupto proceso de desterritorialización y homogenización de la sociedad mundial.

De este fenómeno nadie está exento y como tal, no termina por acabar. Pese a que la globalización y la tercera revolución no cierran su ciclo, está incubándose la siguiente fase: la cuarta revolución industrial o el internet de las cosas (Industria 4.0). Esta etapa no debería confundirse como continuidad de la anterior; la Industria 4.0 es diferente y de acuerdo a los expertos transformará significativamente la economía mundial como lo hicieron las anteriores revoluciones ¿En qué consiste la Industria 4.0? De acuerdo con Expense Reduction Analysis, la conectividad alcanzada en la red hace posible las fábricas inteligentes donde ahora son las máquinas las que se comunican entre sí gracias a los avances tecnológicos. Éstos tienen la capacidad de conectar todo a una red posibilitando la recepción de información, su transferencia y almacenamiento sin intervención humana.

De esta manera los problemas pueden ser resueltos y las decisiones pueden ser tomadas a partir del análisis de los datos manteniendo una calidad constante y reduciendo el riesgo de error humano. Este proceso, el cual a simple vista está en fase de maduración, traerá profundas consecuencias para la economía, especialmente en sectores como el de la salud, el financiero, la generación de electricidad, etcétera, pero fundamentalmente conlleva inevitables implicaciones para el mercado laboral debido a que se espera que el desplazamiento de mano de obra sea significativo.

De hecho, en el marco de la Cumbre de Davos 2016 se manejó que la Comunidad Europea perdería alrededor de 7 millones de puestos de trabajo y, en contraparte, apenas se crearían unos dos o tres. Para México y para Sonora parecerían lejanos escenarios como el aquí descrito habida cuenta de que todavía no agotamos las bondades de la tercera revolución. Sin embargo, dado que la temporalidad de las revoluciones industriales se acorta, más vale prepararnos desde ya para enfrentar el reto que representa el internet de las cosas. Los egresados de las universidades requerirán nuevas competencias y habilidades y las propias empresas deberán contar con sistemas ciberfísicos (CPS) a fin de aclimatarse gradualmente a las exigencias de la ya inminente nueva revolución industrial. Para empezar, al menos debemos tomar conciencia de los cambios económicos que vienen.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora