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La imagen fue capturada por Carlos Corrales.

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¿Cómo medir la riqueza?

Zulema Trejo Contreras*

La aspiración de medir la riqueza de los ciudadanos con el fin de saber cuánto podía ser la cantidad con la que podían contribuir al sostenimiento del gobierno, y a través de éste, a satisfacer las necesidades de todos los ciudadanos, fue una de las metas que intentaron alcanzar por diversos medios los gobiernos decimononos tanto de América como de Europa. El hecho de que en el siglo XIX se incrementaran los esfuerzos por medir la riqueza de los ciudadanos para poder cobrarles impuestos, no significa que antes no se cobraran; de hecho, los impuestos se han cobrado desde muchos siglos atrás y de varias formas, aunque quizá la más común que aún sigue vigente son los impuestos indirectos.

Los impuestos indirectos es un pago que realizamos los ciudadanos, aparentemente sin darnos cuenta, pues se le agrega al consumo de ciertos productos. Por ejemplo, en siglos anteriores estos impuestos eran de diversos tipos, siendo el de alcabalas uno de los más famosos. Este tipo de impuesto se cobraba sobre las mercancías que transitaban de un lugar a otro en determinado territorio. El gran problema de las alcabalas era que entre más alejado estuviera el lugar donde se consumía el producto del lugar donde se generaba, mayor era su precio; esto se debía básicamente a que no existía un sistema impositivo centralizado, de modo que cada ciudad, incluso cada poblado por donde pasaba la mercancía, cobraba un impuesto que los comerciantes añadían al costo del producto.

Otra forma de cobrar impuestos a lo largo de la historia se llama cupo. El cupo era una cantidad total de dinero que el gobierno, ya fuera de un país o una región determinada, deseaba o necesitaba recaudar. Por ejemplo, en la Sonora del siglo XIX, el gobierno planteaba su necesidad de recaudar mil pesos para combatir a los apaches, ese monto era repartido entre los ciudadanos que se consideraba tenía las mayores fortunas y así se definía cuánto tenía que poner cada persona para reunir esa cantidad.

El cobro de impuestos por poseer tierras y casas también ha sido común a lo largo de la historia; el problema que se presentaba para recaudar este impuesto es que no existían parámetros claros para saber cuál era el valor de las propiedades y cuánto debía cobrarse de impuesto. Los propietarios no solían cooperar con los gobiernos para darles información de la cual pudiera derivarse el valor de sus propiedades, ya que se sabía que estos datos se utilizarían para cobrarles impuestos. Ante este panorama, las autoridades optaban por medidas que les permitieran inferir la riqueza de sus dueños a partir de datos que pudieran obtener, sin necesidad de solicitárselos a sus propietarios; así es como surgen algunas formas, que ahora nos parecen absurdas, de evaluar la riqueza, como la tan criticada medida de Antonio López de Santa Anna de cobrar más impuestos a los dueños de las casas con más ventanas.

La idea de Santa Anna no era tan absurda como nos parece actualmente. Una casa con muchas ventanas tenía que ser una casa grande, cuyo dueño tenía el dinero suficiente para construirla, mantenerla, comprar vidrios, cortinas, maderas para los postigos, material para las rejas y balcones. En una casa grande probable o seguramente vivían muchas personas que vestían y se alimentaban. Todo ello daba la idea de que el dueño de esta propiedad tenía una respetable fortuna, por lo tanto podía pagar impuestos más altos.

Aún hoy todavía no hay un método claro para medir la riqueza de las personas, de ahí que en muchos países el sistema impositivo siga basándose en impuestos indirectos en lugar de un solo impuesto, el impuesto per capita, es decir, el que debería pagar cada persona con base a la riqueza que posee.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.