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FOTO DE LA SEMANA: “Invierno 16″

La imagen fue capturada por Tadeo Vázquez.

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El Papa y la distracción

Álvaro Bracamonte Sierra *

Imposible que pase desapercibida la visita del Papa en México: al sintonizar la radio escuchamos al sumo pontífice; lo mismo pasa con la TV, donde en varios canales aparece el representante de Dios en la tierra; visito a mis familiares y están pegados al televisor siguiendo paso a paso al patriarca católico. La población en el país está como adormecida y a la vez complacida con la presencia de Francisco I.

Si mal no recuerdo, fueron varios políticos los que giraron la invitación para que visitara territorio mexicano. Uno de ellos fue el propio presidente Peña Nieto, así que deberá ser tolerante si alguno de los discursos papales no resultan de su agrado. De hecho, los que pronunció el sábado no fueron muy complacientes que digamos con la clase política ni con los curas mexicanos. A los primeros les refirió directamente el problema de la corrupción y la desigualdad; bien sabe que la corrupción es uno de los temas principales en la agenda pública.

En este mismo espacio, hace tan sólo una semana, dábamos cuenta de los costos que esa plaga representa para el país. El Papa lo dijo frente a un mandatario con fama de andar solapando hechos tipificados como de tráfico de influencias. Al margen del entusiasmo que provoca la carismática figura de Bergoglio, habría que decir que la visita desvió la atención que merecen otros asuntos importantes. No me detendré en la carnicería ocurrida en la cárcel de Topo Chico que ha sido ya tan referida por otros columnistas.

En esta ocasión vale la pena destacar lo que ocurre en la esfera de la economía que cruza por un momento delicado: a la depreciación del peso se suma el horizonte fatídico que se adivina en terrenos de la macroeconomía, principalmente por los impactos fiscales que tendrá la contracción del precio del barril de la mezcla mexicana: es inminente la presencia de mayores turbulencias que afectarán la estabilidad y el crecimiento del país. Hasta ahora las coberturas han amortiguado el efecto de la baja en los ingresos petroleros, pero es imposible esperar que dicha circunstancia se extienda más allá del 2016. El primero que puso el acento en esa problemática fue el propio Agustín Carstens quien, muy a su estilo, insinuó la necesidad de recortar el gasto público a fin de evitar un incremento en las tasas de interés. Después, el secretario de Hacienda adelantó que en los próximos meses se aplicará un recorte preventivo, con lo que anticipa el ineludible ajuste en el 2017. Un menor gasto genera por lo regular un menor crecimiento y consecuentemente mayores dificultades para crear los empleos que se necesitan. Los gobiernos estatales resentirán ese entorno adverso. Un menor presupuesto implicaría, en principio, una reducción de las contribuciones que la federación reparte a las entidades. Fundamentalmente se vería afectado el renglón de aportaciones, mismas que se componen de los ingresos no tributarios como los que se obtienen mediante la venta de petróleo. Pero igualmente, de acuerdo con la Ley de Coordinación Fiscal, bajaría el rubro de participaciones que se integra de una proporción asignada a cada estado de la recaudación impositiva.

Esta posibilidad es real debido a que el monto de los impuestos podría reducirse a consecuencia del menor dinamismo económico esperado e igualmente porque algunos estados exhiben desde tiempo atrás un precario crecimiento que lesiona la recaudación y, por tanto, propicia que las entidades no incrementen los ingresos por esa vía. Recordemos que Sonora prácticamente no creció en el 2014 y hasta el tercer trimestre del año pasado el ritmo de expansión económica no era favorable. La tendencia a la que apunta ese comportamiento sugiere que la entidad reducirá la contribución a la recaudación fiscal de la federación, afectándose así la parte que le toca según la fórmula de distribución considerada en el Sistema de Coordinación Fiscal. En síntesis, si se pensaba que 2014 y 2015 fueron malos para la economía sonorense, no hay muchas razones para esperar que los que vienen sean mucho mejores. La visita del Papa ha dejado estas mortificaciones en un segundo plano. Pero pronto volverán a ser noticia de primera plana.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora