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Elección de autoridades en los pueblos yaquis

Notas sobre la organización tradicional en los Pueblos Yaquis1

Jesús Armando Haro*

Es muy evidente que el centro organizativo de los yaquis se encuentra en la red extensa del parentesco, más importante aún que la familia nuclear y núcleo de organización también territorial, pues los solares son concebidos de acuerdo a estirpes consanguíneas, y, así, el ho’akame aglutina varias casas con solares nucleares, aunque algunos de sus miembros construyan una casa en otro lugar, tanto dentro como fuera del poblado. Su sistema de parentesco es bilateral, y su red, llamada wa’wai, incluye tanto a los parientes paternos como a los maternos, vivos y muertos. La red parental entreteje en su linaje a todos los miembros de la tribu, constituyendo un sistema de obligaciones y reciprocidades que adoptan una forma comunal, en el que las necesidades individuales devienen en demandas que suelen ser resueltas de manera colectiva, tanto de manera solidaria –horizontal–, como la que es mediada por las autoridades, como sucede con los permisos de ocupación de la tierra o el reparto de bienes, cuyo otorgamiento procede de decisiones que son tomadas en forma preferente mediante un amplio consenso.

La tribu en su conjunto está organizada alrededor de los ocho pueblos tradicionales, donde cada uno representa una unidad política, militar, religiosa y ritual relativamente autónoma, pues “El gobierno tradicional de los yaquis es un complejo conjunto de instancias civiles, militares y religiosas” (Figueroa 1993). Es importante considerar que la persistencia de su organización, heredada de los jesuitas, se encuentra enraizada en la historia de la lucha por su territorio, con una particular configuración cultural resultante, que es base de su identidad colectiva, con el convencimiento de que está destinada a existir (Lerma 2011). Su organización, en sus diferentes niveles y sectores, debe cumplir normativas que en su conjunto son conocidas como “la gran verdad” (Lu’uturia Yo’owe), que puede interpretarse como “un sistema de verdades que guían la forma en que debe comportarse una persona durante su vida (preservar la costumbre, pagar las mandas, casarse por la iglesia, cumplir los cargos, ser honrado, hablar con la verdad, ser justo, ayudar al prójimo, defender el territorio); el modo en que uno debe relacionarse con los otros (compartir los alimentos, colaborar en las fiestas, mirar por el bien común, no acaparar la tierra, recoger a las huérfanos, respetar a los ancianos, proteger a las mujeres y a los niños, respetar a las autoridades tradicionales, participar en las asambleas) y la forma en que debe darse continuidad a las creencias religiosas, al sistema de gobierno y de impartición de justicia, así como cumplir las normas que reproducen la ritualidad. Los sistemas de cargos, los pagos de mandas, el cumplimiento del calendario festivo y otros aspectos culturales mantienen exclusivas formas de organización que marcan pautas de comportamiento y de deberes, estos aspectos también son parte de la lu’uturia yo’owe.” (Lerma 2015). Por ello, hay quienes han calificado a la organización yaqui como “teocrática”.

Los yaquis eligen a sus autoridades de manera tradicional, lo cual implica cumplir ciertos requisitos y seguir un protocolo, que involucra de manera protagónica a sus tres formas de organización: la religiosa, que es la fundamental, la militar y la civil, que pueden considerarse sus brazos, aunque la asamblea comunitaria es el formato más importante para orientar la toma de decisiones. Como producto histórico, sus decisiones se toman por consenso, en que intervienen tanto los representantes del gobierno civil, como las autoridades religiosas tradicionales y los capitanes de los grupos de fariseos, caballeros y matachines, quienes deben estar necesariamente presentes en la ceremonia de cambio de autoridad del gobierno civil que se realiza anualmente.

En cada uno de los ocho pueblos, el gobierno civil se compone de un grupo de autoridades civiles (Kobanaos o gobernadores), que duran en su cargo un año, aunque pueden ser reelegidos. El gobernador tiene funciones ejecutivas, con jurisdicción en asuntos civiles y criminales. Es la figura predominante en el establecimiento del orden interno y en la representación ante los funcionarios del Estado Mexicano, quien se coordina con los gobernadores de otros pueblos yaquis para la resolución de problemas que atañen a toda la tribu (Lerma 2015). El proceso de elección de los Kobanaos recae en las autoridades religiosas (Pueblo Mayor, Pueblo Vasario y cantoras), quienes también consagran la investidura del cargo al tomar su juramento y entregarles el bastón de mando.3

Desde los últimos meses del año, las autoridades discuten sobre cuáles son los mejores candidatos e inician un proceso de auscultación, cabildeo y creación de consenso, en el que las mujeres tienen voz y voto, aunque no suelen ser electas a cargos públicos.4 Entre el 11 y el 31 de diciembre se desarrolla este proceso, que incluye también comenzar las tareas de convencimiento, pues no es un cargo fácil de cumplir. Se nombra una comisión que va a anunciar al gobernador electo su nombramiento, así como a sus cuatro ayudantes, designados como segundo, tercero, cuarto y quinto gobernadores. Los nuevos gobernadores y los salientes, así como la comunidad en pleno, asisten a la misa que se oficia en vísperas del Año Nuevo (Ruíz 2013).

El día 5 de enero en la mañana el tambulero anuncia el cambio de autoridades que se lleva a cabo al día siguiente, cuando acuden los convocados a la ceremonia. Una vez reunidos, toman su lugar jerárquicamente en las bancas dispuestas para el cambio de varas, el cual ocurre con gran solemnidad. La entrega se efectúa siguiendo un protocolo en el que los discursos forman parte importante, como también las manifestaciones de aprobación por parte de las autoridades religiosas, civiles y militares.5 Descalzos y sin sombrero, los nuevos gobernadores se van incorporando paulatinamente a la banca, al lado de los gobernadores salientes, bajo la conducción del Maestro principal, en presencia de un altar sobre un petate de carrizo, donde se coloca una figura vestida de cruz, y una copa con agua bendita, al lado de las varas y el chicote de los gobernadores, ungidos con el agua y flanqueados por dos veladoras encendidas.

Los lugares donde estos procedimientos se realizan son decisivos, como también la presencia de las autoridades, incluyendo a la tropa o sociedad civil. La Guardia Tradicional o Komunila es considerada por la tribu yaqui como la segunda Santa Iglesia y es donde   se llevan a cabo las reuniones de cada pueblo. Aquí, generalmente hay alguna habitación que funciona como oficina y almacén, y está la enramada, bajo la cual hay bancas de troncos de mezquite puestos en cuadro, con hileras reservadas a las autoridades tradicionales. Como dice don Alejandro Ribera Leyva, asesor de la comisaría de las autoridades tradicionales, “Para nosotros, eso es muy importante. La ramada, lugar donde se debate, se conforma de tres troncones en donde están las autoridades: el gobernador, el segundo, el tercero, el alguacil, los capitanes, el comandante, el puesto del pueblo mayor, aquéllos que de alguna manera cumplieron un cargo asesorando al pueblo mayor” (Ramírez 2011).

Concluida la entrega, y después de sonar tambores frente a la Santa Cruz, los participantes se enfilan ordenadamente hacia la iglesia para oficiar la misa en honor a los Santos Reyes. La milicia permanece inicialmente afuera, adentro el Maestro principal, Temastimol y las cantoras en el atrio adornado entonan sus cantos. Los nuevos gobernadores reciben la bendición, con la responsabilidad de entregarse al cargo comunitario por un año, aunque en muchos casos las personas de la comunidad pueden proponer que se quede el mismo gobernador. En la iglesia pueden repartirse naranjas u otros dones hasta que, al término de la ceremonia, se ofrecen alimentos tradicionales a los asistentes.

La autonomía de cada uno de los ocho pueblos es uno de los principios más enraizados entre la tribu yaqui, ninguna persona ajena a la comunidad puede participar en la elección de un Kobanao. En el caso de Loma de Guamúchil–Pueblo de Cócorit, suele comunicarse su elección a los nuevos cargos el mismo día del juramento, lo que implica en ocasiones ir a buscar a los candidatos a sus casas, como también pedir permiso a sus cofradías, si acaso pertenecen a alguna. Cuando se enteran, los elegidos difícilmente pueden rehuir del cargo, que es considerado una dura carga, como bien lo indica el juramento que hacen en la Guardia, que también corresponde a los cargos militares. Las autoridades militares comprenden diversos cargos jerárquicos: Capitán Yoowe, Capitán Segundo (Wiko´o ya´ura), Comandante (Nejja Ya´ut), tenientes, sargentos, cabos, alférez o abanderado, tambulero y la tropa. Todos los hombres mayores de catorce años forman parte del ejército yaqui, de manera obligatoria.

Por su parte, las autoridades religiosas son depositarias del conocimiento de la liturgia y el ritual del ciclo anual. Se compone de los Maethom (maestros), dirigidos por un Maestro principal, un Temastimol (encargado de la iglesia) de las mujeres, quienes participan dentro de las estructuras del Teopo (iglesia) y el Pahkome (los fiesteros). La Kiyohteiyohue es la maestra litúrgica, y es también responsable del cumplimiento del ciclo ritual. Se encarga de la realización de ceremonias que se llevan a cabo en los pueblos y hogares yaquis, al igual que las Kopariam (cantoras), mujeres que entonan su rezos en latín; y las Tenanchis (bandereras), jóvenes que prestan auxilio a las Kiyosteis, quienes median las relaciones entre el pueblo yaqui y los santos que habitan en las iglesias de cada pueblo. Pertenecen también a este sector los chapayecas, pascolas, venado y la caballería, además de los fiesteros, que van rotando a través de un complejo sistema de reciprocidades y compromisos.

Los yaquis tienen un alto sentido de religiosidad, lo cual se manifiesta en el respeto que les merecen las autoridades y el orden ritual que caracteriza el ciclo anual de la tribu. Su patrona, la Virgen del Camino, les acompaña espiritualmente en sus actividades cotidianas. El fervor sincero y la fe en un orden superior, les confiere una suerte de inmunidad, forjada en el marco del catolicismo yaqui, una religión propia, que se ha mantenido como patrimonio cultural de la tribu al margen de la evolución del catolicismo nacional, aun cuando conserve nexos con ciertos curas de la diócesis de Ciudad Obregón. Su religiosidad se manifiesta especialmente en las festividades colectivas y familiares, donde emergen música, cocina, vestuarios, danzas, rituales, pirotecnias y vendimias.

La Cuaresma (Waejma) es la fiesta de expresión religiosa de mayor trascendencia, el evento ceremonial de renovación espiritual y moral que determina una división dual del calendario ritual, coincidente con la división estacional entre la época seca de invierno y la de lluvias de verano, que culmina en la Semana Santa. Constituye la ratificación de la historia ancestral (Batnataka, tiempo inmemorial) de la expresión creadora de la unidad y fortaleza de la tribu y su reafirmación de total armonía con el Juya Ania. Sus protagonistas representan todos los personajes que intervinieron en la pasión de Cristo: fariseos o chapayekas, Pilato, soldados romanos y el propio Jesucristo, a los que se suman un tambulero y flautista y un cuerpo de vigilancia, caballeros, con grados militares para proteger y vigilar el orden.6 Junto a ellos, las tres Marías (la madre de Jesús, María Magdalena y la esposa de Cleofás) tienen también un papel representativo.7 El Miércoles Santo es de tinieblas, cuando en la madrugada se entra en la temporada de la oscuridad, donde se conmemora la pasión con mayor rigor. El Sábado Santo ocurre el clímax de toda la actividad ceremonial, cuando en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo los yaquis entran en purificación de sus almas siguiendo al venado que anuncia la primavera y la continuidad del mundo, al igual que los matachines y pascolas con sus coloridos vestuarios y flores.8 Los chapayekas se despojan de la parafernalia para incinerarla junto con el Judas. La entrada del venado, los pascolas y los matachines anuncia que el mundo yaqui ha sido renovado.9

Conflictos de división

La relevancia de describir la forma tradicional de elección de autoridades en los pueblos yaquis procede de la división que existe desde hace algunas décadas entre la tribu. Desde los años noventa se generó la división entre dos facciones, una que se ha opuesto a la construcción del acueducto Independencia y que ha construido lazos externos con otras organizaciones en resistencia, y otra, que ha mantenido una postura de colaboración con dicho acueducto, creando autoridades alternas que se ostentan como auténticas y que carecen del consenso comunitario con la tradición. Por ello, El Colegio de Sonora recibió, en noviembre de 2015, la solicitud del Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Sonora de elaborar un peritaje antropológico relativo a la tribu yaqui y sus formas de organización tradicional.

Pese a los problemas internos en la división de la tribu yaqui, interesa anotar el hecho histórico de que estos han estado frecuentemente manipulados desde el exterior, especialmente con miras a facilitar la desposesión de territorio y recursos, como se registra históricamente en la región yaqui, lo cual ha ocurrido con el contubernio de sectores empresariales y el poder político, tanto desde las administraciones estatales como desde los partidos políticos. La implementación del Plan Integral de Desarrollo de la Tribu Yaqui (PIDTY), que inició en 1983 y tuvo una segunda etapa en 1991, devino en la fragmentación de la tribu, cuando se constituyó un fideicomiso con los Gobernadores Tradicionales, algunos maestros bilingües (asesores inicialmente y representantes del gobierno estatal).10 Las dos cabeceras de los Gobiernos Tradicionales (Vícam Pueblo y Pótam) desconocieron a la dirigencia del PIDTY con acusaciones de corrupción. Esto provocó la división de los Gobiernos Tradicionales de las dos cabeceras, unos apoyando los proyectos del PIDTY y otros solicitando su cierre. Para poder seguir recibiendo el financiamiento, los gobernadores que estaban a favor del PIDTY se organizaron en otras guardias tradicionales. De este modo se formaron la de Vícam Estación y la de Pótam Pinito. Quienes siguieron apoyando el PIDTY fortalecieron su facción en la Guardia Tradicional de Vícam Estación y quienes se opusieron hicieron lo mismo en la sede de Vícam Pueblo, acusando a los “Paticy” (Proyecto de Asistencia Técnica Integral a las Cooperativas Yaquis) de estar coludidos con el PRI, el partido en el poder (Valenzuela 2004, Restor 2007).11 Este sector de la tribu realizó en mayo de 2015 una Caravana nacional en defensa del agua, el territorio, el trabajo y la vida, a la que tuve la oportunidad de asistir, invitado como asesor del pueblo guarijío de Sonora, al que también esta administración panista se ha encargado de intentar dividir para construir una presa en su territorio, con procedimientos muy similares a los empleados con el pueblo yaqui y el acueducto Independencia (Haro 2013).

En casos de disputa de representatividad es conveniente utilizar como criterio el apego a los usos y costumbres de la tribu yaqui y legitimar a las autoridades elegidas mediante la costumbre tradicional, además de contar con el consenso comunitario. Es importante asentar este precedente, en vista de que cada vez son más frecuentes los casos en los que se intenta o logra dividir a una comunidad indígena para facilitar el despojo, como sucede ahora con los yaquis.

Bibliografia

Aguilar Zéleny, Alejandro, Gerardo Conde y Roberto Ramírez. 2011. Con el diablo en el rostro y la cruz por dentro. Yaquis de Hermosillo. En Los dioses, el evangelio y el costumbre. Ensayos de pluralidad religiosa en las regiones indígenas de México (vol. IV), editado por E. Quintal, A. Castilleja y E. Masferrer. México: INAH, CONACYT

1 El pasado miércoles 6 de enero de 2016 se llevó a cabo el cambio de autoridades civiles en los ocho pueblos tradicionales de la tribu yaqui, con la asistencia de Jesús Armando Haro, investigador del Centro de Estudios en Salud y Sociedad, como representante de El Colegio de Sonora, para testimoniar la forma tradicional en que se efectúa el cambio de autoridades en Loma de Guamúchil, sede de poderes del pueblo tradicional de Cócorit, en una ceremonia que se conduce cada año con gran solemnidad en cada pueblo, y, que, en esta ocasión tuvo como objetivo tomar el juramento de cinco nuevos gobernadores y otorgarles la responsabilidad del cargo por un año, lo cual se llevó a cabo en el recinto oficial que es la Guardia Tradicional, donde las autoridades del pueblo, capitán de caballería, capitán de fariseos, maestros principales, cantoras, monja mayor y en su totalidad del pueblo que es la Tropa Yoremia, tal como lo manda y exige la ley de la tribu yaqui. El Maestro principal fue el encargado de otorgar el consejo y el mandato y recibir el juramento de Juan Luis Matuz González, como Gobernador Primero; David Espinoza Valencia, Gobernador Segundo; Vicente Lares Buitimea Gobernador Teniente; José Ángel Martínez Tepaya, Gobernador Mol; Roberto Valenzuela Valencia Gobernador, Alaguasil (sic). “Al recibir el consejo, juramento y el mandato por parte del maestro principal los gobernadores se comprometen firmemente a cumplir y hacer valer nuestros derechos como indígenas, proteger al pueblo y a la nación yaqui ante cualquier situación a nuestros usos y costumbres, al territorio el cual es herencia de nuestros antepasados”, señala la comunicación recibida, firmada por las autoridades de la Nación Yaqui del pueblo de Cócorit, Loma de Guamúchil, Río Yaqui, Sonora: Gobernador C. Juan Luis López González; Pueblo Mayor, C. Moisés Buitimea Hernández, Capitán César Cota Tórtola, Comandante C. Roberto EstreIla Arce, Secretario Sergio Felipe Estrella Álvarez. En la ceremonia estuvieron también como testigos de honor, Raymundo Rodríguez Díaz, de asuntos indígenas de la Secretaría de Gobierno estatal y Ramón Martínez Coria, asesor del pueblo guarijío y presidente del Foro para el Desarrollo Sustentable. No hubo representantes del Instituto Estatal Electoral ni de Participación Ciudadana de Sonora, quienes fueron también invitados al acto, aunque sí de algunos medios de comunicación de Ciudad Obregón.

2  Centro de Estudios en Salud y Sociedad, El Colegio de Sonora, aharo@colson.edu.mx; pueblos.geo@yahoo.com.

3 El primer gobernador lleva un bastón de 75 centímetros de alto, con puño de plata y regatón de hierro; el segundo, tercer y cuarto gobernador llevan bastones más pequeños; el quinto gobernador, el chicotero alawasim, por último, encargado de imponer la justicia, lleva un látigo de cuero enrollado en la cintura. Una de las funciones del Kobanao es presidir el consejo de ancianos –o de “principales”– que se reúne, a veces durante semanas enteras, a discutir los problemas de la comunidad. Este consejo está constituido por aquellos que han ejercido antes el cargo de gobernador (Pueblo Basario) (INE s.f.). Es auxiliado por un secretario general (Ji´ojtereo) y cabe señalar que los documentos oficiales son signados por tres personajes únicamente: gobernadores, capitanes y secretarios.

4 Para ser elegible al cargo hay que ser miembro de la etnia, ser originario de la comunidad, estar casado por la Iglesia, ser mayor de 50 años, hablar la lengua yaqui , tener conciencia colectiva de territorio y autonomía y conocer el protocolo de Usos y Costumbres (Ruíz 2013).

5 La importancia de los discursos ha sido resaltada por José Luis Moctezuma (2007) como una forma protocolaria yaqui, presente en momentos rituales, y también de toma de decisión: “Los discursos, la mayoría en lengua yaqui, le dan sentido al debate, a fin de que las autoridades decidan lo que procede en cada caso tratado, ya sea para dotar de tierras a una familia, apoyar a los fiesteros para un ritual religioso, tratar problemas de linderos, sancionar a quien cometió alguna falta —como ingerir licor durante la Cuaresma— o ponerse de acuerdo para llevar a cabo una acción encaminada a ser escuchados por los funcionarios del Estado”.

6 Los fariseos o chapayekas que integran la “Costumbre” requieren llevar una estricta disciplina, que comienza con una conducta respetuosa en recintos sagrados, llevar una máscara de cuero, que sólo se pueden quitar acostados y nadie debe tocar; abstenerse de hablar, bañarse a diario, comer carne, fumar o beber alcohol. No pueden tener relaciones sexuales ni subirse a ningún automotriz si son miembros de la guardia militar y tienen que aguantar los azotes si trasgreden estas reglas. Deben además dormir en chozas improvisadas durante los 40 días de la Cuaresma (Aguilar Zéleny, Conde, y Ramírez 2011). Los chapayecas requieren estar casados para poder usar las máscaras; mientras eso no sucede, sólo pueden desempeñar la labor de los cabos, subgrupo de judíos conformado por niños y jóvenes, quienes también, vestidos de blanco y con un sombrero negro cubierto por un velo del mismo color, marchan detrás de la doble fila de chapayecas (Moctezuma CDI).

7 Las procesiones (Contis) que se efectúan los viernes caminando, cargando a los santos alrededor de la iglesia, en las cuales se distribuyen trece cruces de rama de álamo, representan las estaciones del viacrucis y son alusivas a la ratificación del territorio, que se recorre también en esta temporada en sentido opuesto a las manecillas del reloj para recordar la herencia histórica de los mayores. En este viacrucis se jura honrar al Yo’o Ania (mundo de los animales) y al Juya Ania (mundo del monte), señalando que la espiritualidad yaqui está íntimamente vinculada con la naturaleza.

8 Los Matachines, comandados por el Monaha, son varones del ejército de la Virgen y al cuidado de su santo patrón, San José Patriarca. Representan una herencia seguramente jesuita, que conmemora la victoria de los cristianos sobre los moros. Ellos danzan en todas las procesiones religiosas y en los funerales y cabos de año. Llevan corona, peto, palma con motas y sonaja como parte de su parafernalia. Los pascolas son la personificación del mal, pero vueltos en contra de su padre, el diablo, para ayudar a los humanos. Son los “payasos sagrados”, que trasgreden el orden para instruir y divertir (Olavarría 1992)

9 “Estalla la Gloria y al mismo tiempo la danza de venado, fascinante, majestuosa. Su danza es un poema yoreme que sella el corazón y hace correr lágrimas de emoción en algunos visitantes del grupo. La alegría yaqui se vivió ese día con danzas que iniciaron desde el atardecer hasta la salida del sol del Domingo de Pascua. Llenaron de fuerza y energía el aliento inquebrantable del yaqui de antes y de hoy” (Duarte 2014).

10 “La forma como se negoció el plan no dejó convencidos a todos los miembros de los Gobiernos Tradicionales ya que este se acordó teniendo como intermediarios a maestros bilingües de la comunidad, ajenos a los puestos de dirección tradicionales” (Lerma 2015). Para De la Maza (2003) la división es propia de la complejización de la situación yaqui en la que algunos sectores han estado más involucrados con la modernización y asumido el estatuto de una “clase política” al interior de la tribu.

11 “La duplicación de autoridades se presentó sobre todo en las cabeceras yaquis –Vícam, cabecera de los pueblos del norte; y Pótam, cabecera de los pueblos del sur–, estableciéndose un gobierno dual en la Guardia Tradicional de Vícam Estación, para distinguirse de Vícam Pueblo, y otro en Pótam Pinito, frente a la antigua Guardia de Pótam tradicional. Desde entonces el debate acerca de quién representa a los pueblos originales ha sido constante (…). El principal opositor al movimiento es un grupo reducido de profesores bilingües yaquis, quienes representan el brazo más cercano a la burocracia sonorense. Son los herederos del último programa sobreviviente del PIDTY, el Proyecto Educativo de la Tribu Yaqui, mismo que es rechazado o reclutado por el gobierno de Sonora según le convenga, a través de la Secretaría de Educación y Cultura” (Lerma 2014).

De la Maza, Francisca. 2003. El sistema político yaqui contemporáneo: un análisis del gobierno, los conflictos y su relación con el Estado mexicano en el pueblo yaqui de Pótam, Sonora. Tesis de maestría. México: Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social.

Duarte, Guadalupe. 2014. Semana Santa con la Tribu Yaqui. Subversiones, 9 de agosto

(http://subversiones.org/archivos/30281).

Figueroa, Alejandro. 1993. Reproducción cultural e identidad étnica entre los yaquis y mayos. Memoria del XVI Simposium de Antropología e Historia de Sonora, pp. 255-268. Hermosillo: UNISON.

Haro, Jesús Armando. 2013. Prevención del desplazamiento forzado. Los guarijíos de Sonora y el proyecto de presa Bicentenario (Los Pilares). En El desplazamiento interno forzado en México. Un acercamiento para su reflexión y análisis, editado por Oscar Torrens, pp. 185-212. México: CIESAS, El Colegio de Sonora, Senado de Chiapas, Miguel Ángel Porrúa (http://seguridadpublica.cide.edu/documents/130662/283707/Libro_sobre_desplazados).

Instituto Nacional Electoral (INE). s. f. Los yaquis. Formas de gobierno en las comunidades indígenas de México (http://www.ine.mx/documentos/DECEYEC/vgn_ivestigacion/formas_de_gobierno_comunid ades.htm).

Lerma Rodríguez, Enriqueta. 2011. La legitimidad de la lucha yaqui por el agua. La Jornada del Campo 51, 17 de diciembre (www.jornada.unam.mx/2011/12/17/cam-lucha.html).

Lerma Rodríguez, Enriqueta. 2015. En busca de la autonomía entre los yaquis. Múltiples proyectos de desarrollo y una sola «gran verdad» Revista Pueblos y Fronteras 10 (19): 285-307.

Moctezuma, José Luis. 2007. Yaquis. México: Comisión Nacional Para El Desarrollo De Los

Pueblos Indígenas.Olavarría, María Eugenia. 1992. Símbolos del desierto. México: UAM-I.

Ramírez, Érika. 2011. Yaquis, jornaleros en su propia tierra. Contralínea 235, 29 de mayo (http://contralinea.com.mx/archivo-revista/index.php/2011/06/02/yaquis-jornaleros-en-su- propia-tierra/).

Ruíz, María Trinidad, 2013. Cambio de autoridades en la tribu yaqui. Sur de Sonora 4 de enero. ( http://www.surdesonora.com/blog/cambio-de-autoridades-en-la-tribu-yaqui).