» Convocatorias

  • seminarionog-598 Seminario sobre Desarrollo Humano en la Región Transfronteriza Sonora-Arizona »

    Para enriquecer aún más la discusión sobre los objetivos del Seminario sobre Desarrollo Humano en la Región Transfronteriza Sonora-Arizona 2015-2016, el SDHT continuará su cuarta [...]

» Novedades Editoriales

  • lacondiciones-607 Las condiciones de la participación social en la educación. Alcances y límites »

    Las condiciones de la participación social en la educación. Alcances y límites coordinado por el doctor Marcos Jacobo Estrada Ruiz.

  • travezias-607 Travesías azarosas. Relato demográfico del siglo XX sonorense. »

    Travesías azarosas. Relato demográfico del siglo XX sonorense, coordinado por la doctora Ana Lucía Castro Luque.

FOTO DE LA SEMANA: “Sin título”

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

tiempos-609

¡Oh libertad!, ¡Cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

Zulema Trejo Contreras*

La frase anterior se pronunció por primera vez hace tres siglos en París en la plaza de la revolución, hoy conocida como plaza de la concordia. La autora de esta sentencia fue Marie Jeanne Roland, conocida en su época como madame Roland. Esta mujer entró a la esfera pública en el torbellino ocasionado por la revolución francesa, y si bien su participación  no estuvo avalada por sus escritos (sólo escribió un texto, su autobiografía, redactada durante el tiempo que estuvo prisionera). La participación de Marie Jeanne se ubica más en la línea de las mujeres que estaban detrás de los hombres del momento, en este caso su esposo, que llegó a ocupar un puesto en el gobierno revolucionario.

La participación política de madame Roland se llevaba a cabo principalmente en su casa, puesto que tanto ella como otras mujeres del siglo XVIII y XIX, tenía por costumbre recibir en su casa a un grupo de amigos que discutían acerca de diversos temas: literarios, políticos, religiosos. Obviamente en el salón de Marie Jeanne Roland se reunían para debatir los asuntos políticos del momento, de modo que entre los habituales asistentes a estas reuniones se encontraban Robespierre, ampliamente conocido en la historia por haber sido el líder de la época del terror y el cierre de las iglesias en Francia, Jacques Pierre Brissot quien en 1791 solicitó la abolición de la monarquía y la instalación de la república. La casa de los Roland era en el París revolucionario de fines del siglo XVIII el punto de reunión de los personajes políticos más importantes del momento.

Los biógrafos de madame Roland mencionan que fue en las reuniones semanales que se celebraban en su casa donde ella exponía sus opiniones respecto a los sucesos del momento, de ahí que los testimonios que se conocen de sus ideas políticas provengan de medios indirectos, es decir, se conocen a través del relato de las personas que la escucharon. De su autobiografía se desprende, más que sus opiniones políticas, su proceso de aprendizaje y experiencias como hija de un impresor y posteriormente esposa de un funcionario de provincia; destaca en su autobiografía que fue prácticamente autodidacta por lo cual su conocimiento acerca de filosofía, política e historia lo adquirió mediante lecturas realizadas sin el acompañamiento de un mentor.

Madame Roland compareció una única vez en la tribuna de la Asamblea Nacional, pero no lo hizo para exponer sus opiniones políticas ni para hacer alguna propuesta de carácter político; su comparecencia tuvo como objetivo refutar las acusaciones de traición a la revolución que su esposo y ella habían recibido. Sus contemporáneos dejaron testimonio de la elocuencia de Marie Jeanne Roland al comparecer ante la asamblea, de su capacidad para refutar todas las acusaciones que pesaban en su contra, así como de la habilidad con que consiguió evitar que ella y su esposo fueran castigados por traidores.

Sin embargo, en los momentos en que Madame Roland se presentó ante la Asamblea Nacional, la época del terror (se le llama así a este periodo de la revolución francesa por la cantidad de personas que murieron en la guillotina, muchas veces sin ser juzgados, o habiendo sido acusados de crímenes que no cometieron) se encontraba en su punto culminante y el triunfo de los Roland en la asamblea fue pasajero. Poco tiempo después de ser absueltos Marie Jeanne fue arrestada, juzgada y liberada. Dos horas después de su liberación se la volvió a arrestar y se la trasladó a la prisión de La Conserjería. En aquel tiempo era sabido que a quienes se les aprisionaba en La Conserjería sólo les esperaba un destino: la guillotina. Madame Roland no fue la excepción, fue condenada a muerte y ejecutada en la guillotina. La frase que titula esta colaboración fue pronunciada por ella cuando se le dio oportunidad de decir sus últimas palabras.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.