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El cantar de los sapos

Sergio Ramírez*

Hace poco entendí el por qué ya no veía  ranas y sapos cuando termina la lluvia. La explicación es, primeramente, porque he dejado de observar a la naturaleza de forma tan aguda como cuando era niño. Segundo, a excepción de este año, ya casi no llueve, las lluvias traen vida; otra razones son que hay más construcciones y menos espacios verdes; las calles están pavimentadas y hay banquetas de cemento, eso hace que el suelo ya no retenga el agua.

Recuerdo que cuando niño, al terminar de llover, se escuchaba el croar de los sapos en los charcos de agua que se hacían en los terrenos baldíos; de repente se multiplicaban; había tantos, que buscaban meterse hasta en tu casa. Por las tardes-noches y de madrugada el sonido de estos animales era en ocasiones tan fuerte que batallabas para dormir; era una fiesta de estos anfibios  buscando pareja. Terminada la temporada de lluvias, a los días todavía quedaban pequeños charcos de agua verdosa y había vida aún.

Los sapos y ranas se quedaban bajo la tierra, en la humedad o sin ella, no importaba que no lloviera. En cierta ocasión, cuando hacíamos un hoyo en casa para trazar los cimientos de una pared, nos encontramos con un sapo que salió de debajo de la tierra, ahí estaba, bien vivo. Si bien son vulnerables a cambios en el ambiente, tienen la capacidad para permanecer hasta por 10 meses bajo la tierra y cavar hasta 1.5 metros. Hoy no creo que existan bajo la tierra ya pavimentada.

Esta época romántica del cantar de los sapos que me tocó vivir de niño, fue cuando nuestra ciudad capital tenía poco más de 340 mil habitantes, poco antes de 1980; para 1990, sumó cien mil más. Desde entonces, el crecimiento acelerado de la población y de la mancha urbana terminó convirtiendo mucha tierra agrícola de las orillas de Hermosillo en zonas residenciales.

A decir de los especialistas en la materia, en el mundo hay poco más de 4 500 especies de ranas registradas y sus poblaciones han disminuido de manera acelerada desde 1950 a la fecha. Muchas especies están en peligro de extinción. Lo delicado aquí, no es que estamos dejando de ver estos espacios de vida que traían las lluvias a la zona urbana, sino que ahora la destrucción está  en las zonas rurales. El uso de agroquímicos en el campo para acabar con la maleza, hongos, insectos y  otros agentes, están cortando la cadena alimenticia de los animales y el medio ambiente.  Esta es otra de las explicaciones del porqué ya no he vuelto a ver ranas ni sapos al terminar de llover.

*Egresado de la 7ma. generación 1997-1999 de El Colegio de Sonora, maestría con especialidad en Desarrollo Regional.