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Los de antes. Rosario Ibarra de Piedra

Zulema Trejo Contreras*

La primera noticia que tuve de la existencia de doña Rosario Ibarra de Piedra fue a principios de la década de 1980 cuando una de mis compañeras de clases me dijo indignada –nunca supe la causa de su indignación–: “¿Y ya supiste de esa Piedra, que quiere ser presidenta?, ¡Es el colmo!”. Mi compañera sabía muy bien que el apellido de la candidata era Piedra, pero no tenía idea de su nombre, tampoco del partido político que la postulaba y mucho menos sabía quién era; valga aclarar que tampoco yo sabía quién era la Piedra, e incluso mi ignorancia iba más allá de la de mi amiga, porque hasta que ella me lo dijo, no sabía que existiera una candidata a la presidencia de la república.

Actualmente el nombre de Rosario Ibarra de Piedra no nos suena tan ajeno como en la primera ocasión que fue candidata a la presidencia, su figura ya es reconocida nacional e internacionalmente e incluso ha sido candidata en numerosas ocasiones, la última en 2006, al premio Nobel de la Paz. Lo anterior no quiere decir que Ibarra de Piedra no fuera conocida antes de la revolución que en los medios de comunicación implicó internet, sino que su lucha, su activismo político, no podía llegar más allá de donde los medios de comunicación de la época lo permitían, y dado que el activismo de la señora Ibarra resultaba incómodo para algunos sectores de la sociedad, la difusión de su lucha no era precisamente amplia ni regular.

La mejor forma de describir a esta mujer es usando como calificativo el apellido de su esposo: es una piedra firme, fuerte, resistente, cuyos golpes resuenan alto y producen eco. Rosario es una madre que no sabe qué pasó con su hijo, un hijo que arrestaron en 1975 y del cual no se ha vuelto a saber nada. ¿Murió?, ¿está preso?, ¿lo exiliaron? Tras cuarenta y un años de formular estas preguntas, la señora Ibarra de Piedra todavía no encuentra respuesta, como no la han encontrado muchas de las madres y abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina ni los familiares de personas desaparecidas durante la dictadura de Augusto Pinochet en Chile.

La figura de Rosario Ibarra de Piedra es emblema de la lucha que mantienen todos aquellos que perdieron familiares y/o amigos el 2 de octubre de 1968, el 10 de junio de 1971 (este día una marcha estudiantil en la ciudad de México fue reprimida por un grupo paramilitar denominado “Los Halcones”) y más recientemente, el 26-27 de septiembre de 2014. Ibarra de Piedra ocupa también un lugar importante entre las madres y abuelas cuyas pérdidas las convirtieron en activista, líderes que han hecho y siguen haciendo cuestionamientos cuyas respuestas van llegando a cuentagotas, gotas que arrancan otras gotas de los rostros que contra viento y marea esperaban ver regresar a la misma persona que un día se fue o se llevaron.

La figura de Rosario Ibarra de Piedra, quisiera decir, forma parte de un pasado que no ha vuelto a repetirse, que no volverá a repetirse. Desafortunadamente el arresto, la desaparición o la muerte de personas a causa de sus ideas políticas sigue repitiéndose a lo largo y ancho del mundo. Un ejemplo muy reciente de que en los últimos años la práctica de apresar a los opositores  se siguió ejerciendo, se encuentra en el proyecto de ley que se presentó, en enero del presente año, ante la Asamblea Nacional venezolana para que se otorgue un decreto de amnistía a quienes están presos por sus ideas políticas. Este proyecto lo presentó, curiosamente, también una mujer, Lilian Tintori, quien encabezó la entrega del documento y dio las declaraciones pertinentes a la prensa.

En México, hace aproximadamente cuarenta años, Ibarra de Piedra hizo una huelga de hambre para solicitar amnistía a los presos políticos. En respuesta, el gobierno mexicano de 1978 concedió la amnistía solicitada, pero se calcula que continúan sin aparecer unas cuatrocientas personas que fueron arrestadas durante las décadas de 1960 y 1970.

*Profesora-invetsigadora en El Colegio de Sonora.