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Proceso electoral en EEUU

 

Álvaro Bracamonte Sierra*

Aunque pudiera parecer ajeno a lo propiamente nuestro lo que suceda en materia electoral en el vecino del norte, en realidad eso debería ser de interés para todos los mexicanos. Alguien dijo no hace mucho tiempo que influye tanto en México quien gane la Casa Blanca, que deberíamos tener derecho a voto. No lo tenemos, pero eso no implica dejar de observar las incidencias de la dura y larga batalla política que en estos días se libra en ese país. Lo sorprendente en esta ocasión es que el establishment norteamericano está siendo torpedeado desde la derecha y desde la izquierda. La perspectiva progresista organizada en torno a los demócratas experimenta un desafío inesperado procedente del ala más radical del partido: la del senador por Vermont, Bernie Sanders, quien se hace llamar un socialista democrático. Se trata de un maduro legislador con una retórica “transformacionista” que captura la simpatía de los jóvenes estadounidenses.

Prueba de ello son los holgados triunfos en entidades donde domina la población universitaria; el caso más claro es Colorado, entidad con abundantes instituciones de educación superior. La prédica de Sanders tiene un olor similar a la de Obama en el 2008: busca romper la red de complicidades e intereses que ahogan las posibilidades de cambio verdadero en esa nación. Su contrincante, la señora Clinton, es la reina del partido. Pero esa condición no le ayuda a conectar con las bases partidarias que no confían en ella pese a su oratoria articulada y convincente; todo indica que ganará, pero al final tendrá que recoger el reclamo de los simpatizantes de Sanders, quien ha hecho de las primarias demócratas un duelo interesante: se pensaba que sería un paseo aburrido protagonizado por la ex esposa del presidente Clinton.

Por el lado de la derecha, el reto impuesto por la iconoclasta candidatura del empresario Donald Trump al conservadurismo republicano es más serio que el observado en el lado demócrata: el magnate está plenamente perfilado para ganar las primarias y enfrentar a Hillary Clinton en noviembre próximo. Si no pasa nada extraordinario a mediados de marzo, el protagonista de talk shows contará con una ventaja irreversible, escenario impensable apenas unos meses atrás. Consiguió este posicionamiento utilizando un discurso populista que contrasta con la sobriedad habitual que distingue a los herederos de Lincoln.

El tono rupturista que imprime a sus arengas le está granjeando el favor de las bases religiosas del partido: lo mismo critica a musulmanes que a negros, pero sobre todo pone en entredicho la línea ideológica del viejo partido, circunstancia que preocupa a los líderes del mismo. Por ello no es descabellado adelantar que al final, en la Convención programada para mediados de año, el resto de los aspirantes se sume y descarrile la aspiración del mesiánico y controvertido magnate. Trump ha encendido la tirria de los mexicoamericanos, y en general de los hispanos, con sus diatribas desmesuradas hacia todo lo que proviene de México.

Ha dicho que construirá un muro a lo largo de la franja fronteriza y obligará a los mexicanos a pagarlo. Estas tonterías y otras similares obligaron al gobierno de Peña Nieto y a dos ex presidentes a responder con dureza al candidato republicano. Personajes notables sugieren que desde este lado de la frontera debe contribuirse a detener al bravucón. Recomiendan influir en los amigos o familiares que viven legalmente en el otro lado para que voten contra Trump. Sin embargo, esta idea, que parece buena, supone promover el eventual triunfo de cualquiera de los dos cubanoamericanos que disputan la candidatura. Marco Rubio (senador por Florida) y Ted Cruz (senador por Texas). Vale comentar que estos legisladores pueden ser peores que el fantoche y fanfarrón empresario.

En estas circunstancias, y si los sondeos son correctos, el mejor escenario es que gane Trump la interna para que luego pierda contra el candidato demócrata sea éste la señora Clinton o el socialista Bernie Sanders. Ya veremos.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora