» Convocatorias

  • luto-534 Comunidad Colson expresa sus condolencias »

    Personal de El Colegio de Sonora expresa sus condolencias al doctor José Marcos Medina Bustos por el  sensible fallecimiento de su madre Sra. Esther Bustos, el [...]

  • seminarionog-598 Seminario sobre Desarrollo Humano en la Región Transfronteriza Sonora-Arizona »

    Para enriquecer aún más la discusión sobre los objetivos del Seminario sobre Desarrollo Humano en la Región Transfronteriza Sonora-Arizona 2015-2016, el SDHT continuará su cuarta [...]

» Novedades Editoriales

  • violenciainter-612 Violencia interétnica en la frontera norte novohispana y mexicana. Siglo XVII-XIX »

    Violencia interétnica en la frontera norte novohispana y mexicana. Siglo XVII-XIX. Editorial: El Colegio de Sonora, El Colegio de Michoacán, A.C. UABC

FOTO DE LA SEMANA: “En el malecón”

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

observatorios-612

La violencia estructural y sus consecuencias

Ramiro López*

Los constantes actos de violencia que se viven en el país como las desapariciones forzadas de estudiantes y periodistas, las pérdidas humanas a consecuencia de la lucha entre grupos criminales, y entre estos y las fuerzas del orden público, los asesinatos de mujeres, las violaciones y todas las demás manifestaciones de criminalidad que de manera casi común observamos, logran capturar la atención de los medios de comunicación y de diversos grupos de la sociedad civil. Se organizan marchas y solicitudes a través de plataformas virtuales como change.org con el fin de buscar justicia y un cese a estos actos criminales. Sobra decir que estos reclamos sociales son por demás necesarios y justificados. No obstante, por debajo de esa violencia personal y directa que todos vemos con preocupación y disgusto, subyace otra forma de violencia que por no ser tan visible resulta difícil de identificar y, por lo tanto, no aparece en los medios ni convoca a multitudes a manifestarse en su contra. El problema es que no por ser invisible es menos dañina que la violencia personal.

Me refiero a lo que el sociólogo y matemático noruego Johan Galtung denominó “violencia estructural”. La violencia estructural es la violencia indirecta en la que no hay un emisor único, fácil de identificar, que la ejerce con el objetivo de causar daño; esta violencia tiene su origen en la estructura social misma, es causada por un conjunto de estructuras institucionalizadas por lo cual es más difícil de erradicar. El problema es que ambos tipos de violencia, personal y estructural, tienen consecuencias indeseables, incluso esa violencia invisible de la que hablamos puede tener efectos más nocivos a largo plazo. De acuerdo con el autor antes mencionado, la violencia estructural limita la satisfacción plena de las necesidades básicas, por lo que también puede ser identificada como injusticia social.

Este tipo de violencia, aunque no resulta tan evidente ni mata de manera directa, está siempre presente en forma de desigualdad e inequidad social. La cada vez mayor brecha entre pobres y ricos, la corrupción que limita los recursos que se destinan al desarrollo, la explotación de los trabajadores y los bajos salarios que apenas alcanzan para subsistir, la falta de acceso a educación de calidad o el limitado acceso a servicios médicos, son todas formas de violencia estructural cuyo resultado último es tal vez peor que el de la violencia directa al condenar de manera inmediata a millones de personas a vivir una vida de carencias tanto físicas como emocionales e intelectuales, y en el largo plazo incluso puede conducir  a la muerte a más personas que la violencia directa misma.

Además, existe un vínculo muy fuerte entre ambos tipos de violencia; en cualquier momento la violencia estructural puede derivar en conflictos violentos con alto costo humano. De hecho, muchos de los problemas y el descontento social que vemos actualmente son el resultado de un hartazgo acumulado hacia la violencia estructural de la que hemos sido víctimas de manera casi permanente. Las posibles reacciones ante la violencia estructural pueden ser las manifestaciones públicas violentas o, por el contrario, una actitud de conformismo y resignación ante la dificultad de saber cómo, contra quién o contra qué se debería luchar. Evidentemente es esta última la reacción que conviene a quienes tienen el poder y el control, pues les permite continuar como beneficiarios del ejercicio de la violencia invisible y mantener el status quo.

Para prevenir los actos de violencia directa es importante identificar las causas reales que los producen, pero a pesar de esta dificultad, es muy importante que seamos capaces de reflexionar y reaccionar ante este ejercicio violento y ante la desigualdad social. Como ciudadanos libres en una sociedad que se dice democrática, tenemos la obligación de mantenernos alertas y defender nuestro derecho a vivir en un ambiente libre de violencia, tanto personal como estructural, y tener la oportunidad de un desarrollo pleno. Para prevenir los conflictos violentos es importante que podamos identificar las causas verdaderas que los producen y no solo las consecuencias.

*Estudiante de Doctorado en El Colegio de Sonora.