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FOTO DE LA SEMANA: “Energía”

La imagen fue capturada por Ana Sánchez.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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La precampaña por la gubernatura de Sonora., la primera escaramuza de Abelardo L. Rodríguez

Parte 1 de 2                                                                                                                                                                                                                                                                                                                Jorge Mario Álvarez*

Una de las asignaciones pendientes que tenemos los historiadores regionales en Sonora, tiene que ver con los estudios posrevolucionarios, en específico con los de la segunda mitad del siglo XX.  Apatía, precaución o tal vez la cercanía con los hechos y personajes han dejado esa tarea para las nuevas generaciones de historiadores.

Así, uno de los temas aplazados ha sido el gobierno de Abelardo L. Rodríguez, a pesar de que en el imaginario colectivo, el general Rodríguez es uno de los personajes históricos más importante de la región. Si bien existen trabajos sobre el tema, no son suficientes para un periodo tan importante de la historia sonorense.

Cuando estaba recolectando información para realizar la tesis doctoral que lleva como título “La relación Estado-Iglesia y el anticomunismo en el estado de Sonora 1943-1949” me encontré con información valiosa que contrastaba con lo que se ha construido alrededor del general Rodríguez.

Una de las primeras señales que surgieron conforme me sumergía en los archivos hemerográficos fueron las constantes manifestaciones de oposición de los distintos actores sociales como sindicatos, periodistas, civiles, contra el gobierno de Rodríguez. Esta era una visión totalmente distinta a la que se obtiene de la poca historiografía del periodo, sobre todo cuando se afirma que su gobierno transcurrió en una tranquilidad social.

A partir de este hallazgo en la hemerografía, me surgieron dudas sobre cómo había sido el proceso por el cual había llegado a ser electo gobernador, sobre todo cuando se ha afirmado que un grupo de sonorenses se acercaron al expresidente para que aceptara la candidatura para ese puesto. Esto se ha tomado como un acto de fe y se da por hecho que el proceso de selección para gobernador se dio de facto una vez que este grupo de ciudadanos se lo solicitó. Este artículo trata de cubrir de manera general esa laguna historiográfica.

Una de las primeras acciones que marcaría el rumbo del gobierno de Abelardo L. Rodríguez fue recriminar a los dirigentes del Partido de la Revolución Mexicana cuando manifestó, en el marco de su designación como candidato oficial, la necesidad de desaparecer al PRM. El mensaje iba en clara referencia a sus cuadros sindicales y agraristas.

Esta reprimenda formaba parte del giro político que el gobierno de Manuel Ávila Camacho había emprendido en todos los órdenes que tenían que ver con el desmantelamiento del proyecto cardenista. La derecha, de la cual formaba parte Rodríguez, había emprendido una campaña contra el PRM, en especial contra Antonio Villalobos, pues lo consideraban demasiado débil con el ala izquierda del partido.

El enfrentamiento del general Rodríguez con el partido oficial no era nuevo. Desde la época en que fue presidente de la República se enfrascaron, él y el partido, en una pugna por motivo de la modificación del artículo 3, cuando la educación se volvió socialista. En aquella ocasión, el presidente del PNR, Carlos Riva Palacios, no sólo no tomó en consideración la oposición de Abelardo L. Rodríguez a la educación socialista, sino que pasó por encima de la figura presidencial. Difícilmente éste olvidaría el altercado.

El partido oficial en tiempo de Cárdenas había tomado una gran fuerza, no sólo se constituyó como instrumento de la política de colaboración de clases, sino que era la caja de resonancia de los debates nacionales. El partido oficial estaba influenciado por los líderes sindicales pro cardenistas. Así, en el periodo ávilacamachista, una de las modificaciones al partido fue en el sentido de “dejar de ser el centro de los debates políticos y estar presente lo menos posible en la vida nacional” (Garrido 1982,307).

La política de “unidad nacional” de Ávila Camacho se encaminó a despolitizar no sólo al partido oficial, sino la vida general del mexicano. La guerra mundial fue el pretexto recurrente para zanjar cualquier intento oposición.  A pesar de que la política de “unidad nacional” aplacó la influencia social del partido oficial, este siguió manteniendo una relación de supuesta cordialidad con el Partido Comunista Mexicano (PCM) y con la CTM.

El enfrentamiento con el PRM en Sonora tuvo como antesala el proceso por el cual Rodríguez fue designado candidato único para gobernador de Sonora. La selección del candidato oficial estuvo caracterizada por una oposición a su figura. Un sector importante de la capital sonorense rechazó abiertamente su presencia, a pesar de que él mismo cuenta en su autobiografía que un grupo de sonorenses le pidió que fuera gobernador de Sonora, ya que las condiciones políticas y económicas por las que pasaba el estado necesitaban de un hombre con su experiencia (Rodríguez 2006,183).

Antes de aceptar la candidatura de este grupo, el 29 de noviembre de 1942 viajó a Hermosillo en compañía de su esposa Aida Sullivan de Rodríguez y del general Fausto Topete para calibrar el ambiente político. En el mitin de bienvenida, el general Rodríguez, ante un grupo numeroso de simpatizantes, centró su discurso en explicar por qué un expresidente de la República aceptaba una candidatura a gobernador:

“Se ha opinado también que yo no debo de aceptar la gubernatura de Sonora porque mi posición al lado del Gobierno Federal es mucho más importante que ser gobernador de un Estado (…) para mí, personalmente, es mucho más importante ser gobernador de mi Estado, aunque esto sea por motivos afectivos e íntimos, que ocupar cualquier otro puesto, por más importante que éste parezca, porque como gobernador me pondré en condiciones de desarrollar una intensa labor en su beneficio” ( Moncada 1997,19-20).

Después de sondear el ambiente político en Sonora, el general regresó a la Ciudad de México con muy buenas expectativas a esperar la invitación oficial de PRM.

Sin embargo, desde antes de la invitación de Rodríguez, Herminio Ahumada, yerno de José Vasconcelos, promotor del proyecto de la fundación de la Universidad de Sonora, también venía trabajando en sus intenciones por ser gobernador de Sonora. A mediados de 1942, Vasconcelos se trasladó de Estados Unidos, donde radicaba, hacía la ciudad de Hermosillo para organizar la campaña de su yerno, sin embargo, un grupo de ciudadanos encabezado por Abraham Mendívil, entonces director del diario El Imparcial y secretario general del PRM en Sonora, les hizo la vida imposible, hasta lograr que Vasconcelos dimitiera[1] (Ibídem, 18).

Para principios de enero de 1943, el Comité de campaña de Herminio Ahumada se reformuló; la ausencia de Vasconcelos y de Marcos Coronado, líder obrero y social en el grupo de trabajo, fue ocupado por el profesor Julio Sánchez, Eduardo Esquer, Jesús María Suarez y el periodista Israel González, director del periódico El Pueblo. La presencia de Rodríguez en la carrera por la gubernatura había prendido las alarmas de los grupos anti-callistas, por lo que el grupo de Ahumada basó la propuesta política bajo la consigna de “Esta candidatura no es del PRM. Es democrática”.

Así, en la contienda por la selección del candidato del PRM se presentaban ante la opinión pública dos imágenes totalmente opuestas. Frente a Abelardo L. Rodríguez, representante de la iniciativa privada, del regreso del callismo y del hombre escogido por el Presidente para continuar con su política, aparecía Ahumada como un servidor público honrado y como el hombre que podría conciliar las distintas posturas políticas de la región.

Sin duda, dentro de los cálculos del PRM y del propio Rodríguez no estaba la adhesión de las fuerzas de la izquierda oficial que Ahumada estaba obteniendo. Ese era un factor que contravenía la política de la “unidad nacional”, y es que Ahumada también había despertado el interés entre el movimiento agrarista del valle de Yaqui representado por Maximiliano “Machi” López, así como del sindicato de la sección número 8 de los ferrocarrileros con sede en Empalme, Sonora y otros sindicatos independientes.

La sección 8 de los ferrocarrileros fue el sindicato que mayor ímpetu mostró en la oposición al general Rodríguez. En las plazas públicas circularon cartas donde manifestaban:

“Sepan, el general Abelardo L. Rodríguez y sus secuaces, que Sonora no es el campo propicio para el desenfreno de apetitos innobles; sepan los inmorales capitalistas que el pueblo de Sonora ya se cansó de la misma farsa de ‘otros’ de sus colegas y que ahora, con el justo derecho de mejorar en todos sus aspectos, está dispuesto a romper los viejos moldes, donde por tanto tiempo se han acomodado los políticos que solo han sabido vivir explotando al pueblo, escudados tras los puestos públicos dignos de estar ocupados por hombres cultos, honrados y sinceros”.[2]

El ambiente anti Rodríguez estaba subiendo de tono conforme pasaban los días. Dos días antes de que se llevara a cabo el V Congreso General Ordinario de la Federación de Trabajadores del Estado de Sonora, adherida a la CTM, en donde además de renovar el cuadro dirigente de la Federación se iba a oficializar la postulación de Rodríguez como candidato de la CTM Sonora, se dio a conocer un “Manifiesto al pueblo de Sonora”.

Este manifiesto estaba firmado de nueva cuenta por los ferrocarrileros de la sección 8, así como por el comité Pro Ahumada y personajes que se identificaban con la filosofía del recién formado Partido Acción Nacional. En el manifiesto repudiaban la riqueza obtenida como funcionario público:  “El general Rodríguez es de los hombres que desde hace tiempo se turnan en el poder, monopolizándolo, en los puestos de mayor significación y en las comisiones más jugosas; de los que entorpecen y bloquean el avance de la nación hacia mayores alturas”[3] (los panfletos no perdían la oportunidad en mencionar su riqueza a base del gobierno).



[1] Las diferencias entre Abraham Mendívil y José Vasconcelos provenían desde 1939, cuando Mendívil lo retó en un duelo a muerte. Esta anécdota está plasmada en Mi duelo a muerte con Vasconcelos de José Abraham Mendívil, Ed. Publicación Mendívil, 3ª Edición, Hermosillo, 1972.

[2] El Pueblo 4 de enero de 1943.

[3] El Pueblo 9 de enero de 1943.

*Egresado del programa de maestría en El Colegio de Sonora.