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FOTO DE LA SEMANA: “Dos poderes”

La imagen fue capturada por Keyvan Sebastián Arias.

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Turbulencia económica

 

Álvaro Bracamonte Sierra*

La semana pasada la Secretaría de Hacienda entregó los precriterios de política económica para el 2017. Se trata de un avance del programa económico para el próximo año; a simple vista esos precriterios anticipan un entorno futuro complicado derivado esencialmente de la contracción del mercado petrolero. En efecto, el desplome de los precios del hidrocarburo está afectando los ingresos del país y, por tanto, el gasto a ejercer en el 2017. Pese a que la baja de los precios se experimenta desde finales de 2014, los ingresos se habían mantenido sin mucha variación gracias a las coberturas adquiridas; no obstante, para 2017 esa estrategia parece inviable debido al bajo nivel del precio del energético: las coberturas son recomendables cuando los precios son altos, pero no cuando registran bajas considerables.

Con ese telón de fondo los precriterios visualizan una reducción muy significativa de los ingresos no tributarios, los cuales están compuestos mayoritariamente por la renta petrolera. Esta situación explica los recortes anunciados tanto para este año como para 2017. Recordemos que hace unas semanas Hacienda informó que aplicaría un recorte preventivo al presupuesto de este año: el ajuste ascendió a 132 mil millones de pesos correspondiendo 100 mil a Pemex y el resto al gasto corriente de las distintas dependencias federales. Los precriterios contemplan un nuevo recorte de 175 mil millones, que sumados a los anteriores representan más o menos el 7 por ciento del presupuesto a ejercer en este año fiscal. Naturalmente estos ajustes repercuten en las variables económicas más importantes: por ejemplo, las estimaciones de crecimiento económico tanto para 2016 como para 2017 se están reduciendo notablemente.

Es preocupante la afectación que se generará en muchos proyectos de infraestructura y también en los programas que tienen que ver con la Cruzada nacional contra el hambre como es el Prospera. Los recortes no estaban previstos por las autoridades económicas del país; por lo menos no en la cantidad anunciada. El gobierno de Peña Nieto replanteó al inicio de su gestión el papel que el presupuesto tendría en la estabilidad y el crecimiento económico: pasó de un rígido presupuesto equilibrado a uno cuyas reglas partirían del balance estructural. Esta redefinición abrió la posibilidad de instrumentar por primera vez en treinta años una política contracíclica para prevenir o al menos mitigar caídas abruptas en la producción o el empleo; es decir, el gobierno puede intervenir aumentando el gasto cuando advierte signos de recesión económica. Si el gobierno federal tiene esta atribución, cabe preguntarse por qué recorta el gasto cuando la coyuntura sugiere un incremento que compense la desaceleración del PIB derivada de la reducción de los ingresos que propicia la debacle del mercado petrolero. La respuesta reside en que la Federación se sobreendeudó aceleradamente entre 2012 y 2015 (la deuda pública pasó de representar el 40 por ciento del PIB a casi el 60) y se elevó significativamente el déficit fiscal que las autoridades financieras se comprometieron a equilibrar antes del 2018.

En tales circunstancias era inevitable la reducción del gasto para dar cumplimento con lo establecido en la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria. Evidentemente todas las entidades federativas resentirán los ajustes anunciados por la Secretaría de Hacienda. En Sonora, ya pudimos ver algunas de esas repercusiones: en el primer trimestre se recibieron menos contribuciones federales respecto al mismo periodo del año pasado. Seguramente esta situación se acentuará en la medida en que los recortes se generalicen y abarquen las partidas correspondientes a Sonora.

En resumen, el escenario macroeconómico a futuro no es favorable. El presupuesto no será un factor dinamizador del crecimiento; por el contrario, los ajustes debilitarán las posibilidades de alcanzar el ritmo de expansión que el país requiere urgentemente. En consecuencia, se espera que la pobreza y la desigualdad crezcan debido a la estrecha relación que existe entre pobreza y estancamiento económico. Sobre esto volveremos en otra colaboración.

*Doctor en Economía. Profesor-Investigador de El Colegio de Sonora.