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El lado oculto del general. El papel de Abelardo L. Rodríguez como informante del gobierno de los Estados Unidos Parte 1

Miguel Ángel Grijalva Dávila*

 

Cuatro sonorenses llegaron a la presidencia durante la Revolución Mexicana, de ellos, el general Abelardo L. Rodríguez quien vivió más tiempo. Rodríguez tuvo un destacado papel en el movimiento revolucionario e importantes cargos de gobierno, pero nunca tuvo la dicha de ser considerado un líder de la talla de sus colegas.

El general Álvaro Obregón fue el jefe militar más importante de la revolución, era un genio innato en el campo de batalla, permaneció invicto durante la guerra y esto le valió el respeto y la subordinación de un amplio sector del ejército, lo que a su vez significó el liderato del grupo en el poder. Después de Porfirio Díaz, el general Obregón ha sido el único que ha logrado reelegirse para un segundo periodo presidencial, pero José de León Toral se lo impidió al asesinarlo en 1928. Luego de aquel magnicidio, su colega Plutarco Elías Calles consolidó su liderato, fue el arquitecto del nuevo estado-nación mexicano y por su notable influencia en la política lo apodaron como el “Jefe Máximo”. Por su parte, Adolfo de la Huerta intentó consolidar su liderazgo frente a Obregón y Calles, pero su rebelión de 1924 fracasó y fue derrotado. El camino de Abelardo L. Rodríguez fue distinto, nunca se rebeló a sus superiores y aunque llegó a ser presidente, sus años en el cargo se consideran aún como parte del “Maximato”, periodo en el que Plutarco Elías Calles ejerció una gran influencia sobre la presidencia.

Muchos de los textos centrados en el general Rodríguez ponen especial interés en abordar su faceta militar, política y empresarial. Como el de la destacada escritora Enriqueta de Parodi, quien publicó un pequeño libro sobre el general Rodríguez, pero sólo se interesó en su obra educativa, desde los años de su gobierno en Baja California, su paso por la presidencia y, sobre todo, su obra en este ramo mientras fue gobernador de Sonora, donde –según la autora– se destacó como el gobernador sonorense que más se había interesado en mejorar la educación.(1) Otro texto que aborda la obra educativa de Rodríguez es la tesis de titulación de Josué Barrera Sarabia presentada en el año 2009.(2) Sin embargo, ambas lecturas tienen importantes diferencias: el de Enriqueta de Parodi se publicó en 1957 y la investigación de Barrera es del 2009, el primero no es una investigación histórica sino un libro realizado con información a la que la autora tuvo acceso por trabajar en el gobierno de Rodríguez y, por otro lado, la tesis de Barrera es una investigación propiamente dicha, con análisis riguroso y crítica de fuentes.

La biografía del general Rodríguez realizada por Joaquín Piña abarca desde el nacimiento del general hasta los años de su presidencia en la década de 1930. Es un pequeño texto que como su título indica, Abelardo L. Rodríguez: su vida pública,(3) se centra en esta faceta de la vida del general, por lo que omite abordar aspectos de su vida privada como familia y negocios. Además es un texto publicado durante el periodo en el que Rodríguez gobernaba Sonora, y por lo tanto es un libro propagandístico con las intenciones de transmitir una imagen positiva del personaje en un momento en el que se especuló que deseaba regresar a la presidencia.

Luego se publicó la autobiografía de Abelardo L. Rodríguez,(4) texto que consta de casi quinientas cuartillas en las que el general relató sus experiencias en la revolución mexicana, en la política y sus viajes. Este libro salió de la imprenta en 1962, en los últimos años de vida del general. Además de ser un recuento de sus andanzas, es también un documento en el que Rodríguez perpetuó sus opiniones con respecto a hechos del pasado, posturas de gobierno, políticas e ideologías. Es también, la base de la biografía escrita por Carlos Moncada. A finales del siglo XX, este destacado periodista publicó Aquel hombre: Abelardo L. Rodríguez,(5) un texto que no logró trascender las visiones mostradas por Enriqueta de Parodi y Joaquín Peña, pues como los dos anteriores, el de Moncada es una alabanza a la vida de Rodríguez. Esta visión se debió quizás a que la biografía de Moncada fue editada por la Fundación Esposos Rodríguez, organización fundada por el general y su esposa.

En el siglo XXI se ha despertado un creciente interés de investigaciones históricas centradas en dos temas de la vida de Rodríguez: su polémica riqueza y su participación en negocios ilegales o inmorales, como el conflicto de intereses, apuestas, prostitución, el tráfico de influencias, drogas y alcohol. A estos temas se ha dedicado José Alfredo Gómez Estrada, y sus resultados están en dos libros: Gobierno y casinos. El origen de la riqueza de Abelardo L. Rodríguez (6 ) y Lealtades divididas. Camarillas y poder en México 1913- 1932.(7) La popularidad de esta faceta del general ha crecido tanto que incluso la serie televisiva “Embajadores de la Mafia”, producida por History Channel, dedicó un capítulo al general Rodríguez y su relación con el crimen organizado mientras fue gobernador de Baja California (1923-1929).

Esta ponencia no es un análisis ni de la vida del general Rodríguez ni de su obra cultural o educativa, ni una investigación sobre el origen de su riqueza y relación con la corrupción y el crimen. Es un acercamiento a una faceta del general Rodríguez muy poco conocida y menos estudiada: su papel como informante del gobierno de los Estados Unidos. Poco conocemos de este lado del general Rodríguez por dos razones: la primera es la naturaleza de dicho papel, el cual requería discreción; la segunda razón es porque esta faceta del general está más relacionada con el periodo de la Guerra Fría, en el que Rodríguez tuvo menos protagonismo.

De la presidencia al gobierno de Sonora

Para comprender la relación de Rodríguez con las autoridades estadunidenses es necesario conocer sus posturas y actitudes ante los políticos de izquierda y de orientación marxista. Pero, sobre todo, es importante conocer estas posturas de Rodríguez durante su periodo como gobernador de Sonora (1943-1949), pues estos son los años del final de la Segunda Guerra Mundial y el inicio del distanciamiento entre los Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

El general Anselmo Macías Valenzuela dejó el cargo de gobernador de Sonora en 1943 y fue sucedido por el general Abelardo L. Rodríguez, último militar en el gobierno estatal de la entidad, primero asignado a cumplir un periodo de seis años y, a su vez, el primer político-empresario, pues para esta década era más un hombre de negocios que de vida castrense. Con este cargo se convirtió en un político muy particular de la revolución, pues fue el único que gobernó una entidad después de haber sido presidente, y también fue de los pocos que gobernó en dos entidades, ya que había gobernado Baja California en la década de 1920.(8) Su gobierno fue el inicio de 18 años de gobernadores provenientes de la clase empresarial, por lo que durante casi dos décadas la prioridad del gobierno en la entidad fue proteger el bienestar del empresariado. Rodríguez y sus seguidores constituyeron una camarilla regional que coincidió con las aspiraciones del gobierno alemanista y con las exigencias de producción para consumo de productos en Estados Unidos, condición creada por la Segunda Guerra Mundial.(9)

Rodríguez comenzó un largo periodo de influencia política en la entidad.(10) Tan pronto cayó la autoridad de Plutarco Elías Calles y salió de la presidencia Lázaro Cárdenas, el general Rodríguez tuvo el camino abierto para consolidarse como el hombre fuerte de la región. Si bien antes fue un personaje de gran importancia, durante y después de su administración su control fue mucho más visible, pues los gobernantes que lo sucedieron (Horacio Sobarzo Díaz como provisional, Ignacio Soto Martínez y Álvaro Obregón Tapia), tenían fuertes vínculos con él, contrario al caso de quienes lo precedieron (Anselmo Macías, Román Yocupicio y Jesús Gutiérrez Cázares). La influencia del general Rodríguez llegó a tales grados, que agentes del gobierno federal opinaron que en la región podía imponerse al presidente (11)  y el cuerpo diplomático estadounidense dijo que Sonora era “su feudo político”.(12)

El ala cardenista de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) no vio con buenos ojos la llegada de Rodríguez al gobierno. Las tensiones entre los gobernadores sonorenses y la CTM venían desde la fundación de la misma y su pugna con el gobierno de Román Yocupicio, quien tuvo diferencias con el presidente Lázaro Cárdenas y el proyecto

sindical  impulsado  por  Vicente  Lombardo  Toledano.(13)   Cuando  el  partido  hegemónico nombró candidato al gobierno del estado a Rodríguez en 1943, los líderes de la CTM lo criticaron por el origen de su riqueza.(14) Al respecto, el autor Carlos Moncada afirma que no existen pruebas de que dicha riqueza tuviera un origen ilícito,(15) sin embargo, investigaciones más exhaustivas como las de José Alfredo Gómez Estrada sugieren lo contrario.(16)

Hayan sido legales o no las empresas de Rodríguez, no cabe duda de que para obtener ganancias se necesita talento, y aquello le sobraba al general. Su éxito no provino únicamente del acceso a beneficios a través del gobierno, pues de ser así todos los políticos hubieran triunfado en sus empresas, lo cual no ocurrió. El ejemplo más claro de esto es Plutarco Elías Calles, quien si bien no se interesó tanto en dedicarse a los negocios (los pocos intentos que hizo fueron un fracaso), se hizo de la fama de ser un mal empresario e incluso de ser rescatado financieramente por sus hijos.(17)

Durante su campaña electoral, Rodríguez ofreció un banquete a los miembros de su partido. En dicho evento pronunció un discurso en el cual atacó a los políticos cardenistas, (18) quienes a su vez contestaron los ataques a través de un desplegado de la CTM donde lo acusaron de no apegarse a los principios de la revolución y de corrupto.(19) Las fricciones se intensificaron y, una vez en la gubernatura, Rodríguez declaró desaparecido en Sonora al Partido de la Revolución Mexicana (PRM). La principal razón de esta acción eran las diferencias que el general tenía con Antonio Villalobos, presidente nacional del partido y conocido colaborador de Lázaro Cárdenas.(20)  Rodríguez acosó a los cardenistas durante su gobierno, no les concedió puestos importantes en la administración e intervino para que no obtuvieran diputaciones en las elecciones de 1946. Una vez que el PRM cambió su nombre a Partido Revolucionario Institucional (PRI), con la ayuda de los hermanos Gustavo y Ernesto Uruchurtu el general Rodríguez realizó labores de convencimiento ante Rafael. Cabe señalar que José Alfredo Gómez Estrada le da la razón a Carlos Moncada Ochoa en cuanto a que no existe, o ha sido encontrada, prueba que vincule de manera definitiva a Rodríguez con actividades ilegales. Sin embargo, Gómez Estrada afirma que no hay duda de que el general participó en corruptelas, pues la enorme fortuna que acaparó, la cual si es comprobable, no se explica ni con los puestos públicos o militares que tuvo, ni con las ganancias de sus empresas legítimas. Pascasio Gamboa –primer presidente nacional del PRI–, para que los cardenistas en Sonora quedaran al margen de las decisiones del partido.(21)

Antes de terminar su periodo de gobierno, Rodríguez pidió una licencia de tiempo ilimitado y viajó a la Ciudad de México. Oficialmente se dijo que se había separado del cargo para hacer gestiones gubernamentales en la capital, atender sus negocios o para guardar reposo y no agravar sus problemas con la diabetes que padecía. Pero contrario a lo que oficialmente se dijo, extraoficialmente se rumoraba que la verdadera razón por la que dejó el gobierno de la entidad eran sus supuestas intenciones de buscar la candidatura a la presidencia en 1952. Su estadía en la capital  acrecentó estos rumores.(22)

Si dejó el gobierno con la intención de evaluar sus posibilidades para regresar a la presidencia, es algo que no podemos comprobar por la misma naturaleza con que se realizan estas operaciones: de manera discreta, privada y a puerta cerrada. Sin embargo, sus excusas oficiales son muy debatibles, pues no necesitaba desprenderse de su cargo para realizar gestiones de gobierno, tenía años en cargos públicos y aquello no interfería con el éxito de sus negocios privados,(23) y si realmente tenía problemas de salud y requería reposo, no hubiera realizado el largo viaje en barco que inició al poco tiempo.

En la opinión del historiador Luis Medina, el general dejó la gubernatura no por razones de negocios, salud o política, sino simplemente para jubilarse. Como político de derecha, con el sexenio alemanista en boga, el anticomunismo como dogma, el capitalismo como vía indudable para México y la izquierda oficial neutralizada, el general no tenía que seguir en la custodia de estos propósitos.(24) Pero esta postura de Medina también es debatible, pues si Rodríguez combatía realmente a la izquierda, como lo demostró al rechazar a los políticos y propuestas de influencia cardenista, las décadas de 1950 y 1960 no eran periodos idóneos para bajar la guardia contra esta corriente, pues las manifestaciones de inconformidad sindical, electoral y estudiantil que se presentaron, estuvieron claramente influenciadas por Lázaro Cárdenas y en otros casos por ideólogos de influencia marxista.

La aseveración de Luis Medina de que Rodríguez se jubiló tiene a su vez un buen fundamento: después de dejar la gubernatura en 1949, no volvió a ocupar cargos públicos sino hasta 1961, cuando fue nombrado presidente de la Comisión Nacional Consultiva de Pesca. Dicho todo lo anterior, surge la pregunta: ¿Qué hizo el general Rodríguez después de 1949? La respuesta inmediata es que se retiró de la política para dedicarse a sus negocios, pero no se necesita investigar mucho para concluir que siguió interfiriendo en la política regional y nacional.

Si Rodríguez realmente se hubiera retirado, no hubiera ejercido su influencia sobre el gobierno de su sucesor Ignacio Soto Martínez, primero al representar el partido hegemónico bajo las siglas PRI y ser ganador oficial en un polémico proceso electoral, durante el cual la prensa independiente acusó a Rodríguez de beneficiar económica y gubernamentalmente la campaña del candidato priista.(25) Ignacio Soto Martínez tenía fuertes vínculos con el general Rodríguez, de hecho, ambos fueron de los principales promotores del Tratado del Pacífico Norte, lo que eventualmente los convirtió en los principales beneficiarios.26 Hasta antes de su candidatura, Soto Martínez se conocía por ser el gerente de la Fábrica de Cemento de Hermosillo, compañía con la que el general Rodríguez se asoció, y como empresario de bienes raíces. Ayudados con la complicidad del secretario de Agricultura Marte R. Gómez, ambos crearon la colonia de El Pitic en la ciudad de Hermosillo,(27) que al poco tiempo se convertiría en una de las colonias residenciales más lujosas del estado.

Conforme se desarrolló el sexenio, Rodríguez desempeñó un papel importante en la política sonorense y a nivel nacional, su influencia quedó registrada en los documentos del Departamento de Estado del gobierno de Estados Unidos. Rodríguez no sólo no se retiró, sino que no dejó de entrometerse en asuntos de gobierno, motivado en gran medida por su rivalidad con Lázaro Cárdenas y la creciente participación de éste en movimientos opositores. Es por esta rivalidad, que el gobierno de los Estados Unidos vio a un aliado en el general Rodríguez.

 

 1 Parodi, Abelardo, 1951.

2 Barrera, “Arte”, 2009.

3 Piña, Abelardo, 1945.

4 Rodríguez, Autobiografía, 1962.

5 Moncada, Aquel, 1997.

6 Gómez, Gobierno, 2002.

7 Ibíd., Lealtades, 2012.

8 Otro caso de un político en el gobierno de dos entidades fue el de Ignacio L. Pesqueira, también de origen sonorense, quien gobernó Sonora en 1913 y Sinaloa en 1917. En ambas ocasiones fue gobernador sustituto.

9 Guadarrama (et. al), “Gran”, 1985, p. 153.

10 Es posible que el control del general Abelardo L. Rodríguez en Sonora fuera parecido al de Gonzalo N. Santos en San Luís Potosí. Sin embargo, de haber sido así, no cabe duda de que el general Rodríguez operó con mucha más discreción, prudencia y sensatez que Gonzalo N. Santos.

11  Informe de los agentes Romualdo Vadillo y Joaquín Rodríguez, 8 de marzo 1949, AGN, DGIPS, Caja 802, Expediente 4.

12 Informe de la embajada estadunidense, 21 de enero de 1955, NARA U.S.A., GP 84, U. S. Embassy, México

City; Classified General Records; Security – Segregated Gr 1941-49, 1950-58.

13 Parra, Formación, 2001, p. 34.

14 Moncada, Aquel, 1997, p. 40.

15 Ibíd., p. 35-37.

16  Gómez, Gobierno, 2007; Lealtades, 2012.

17 Buchenau, Plutarco, 2007, p. 93; Otro personaje que constantemente ayudó financieramente a Elías Calles fue el propio Rodríguez.

18 Moncada, Sucesión, 1988, p. 78.

19 Ibíd.

20 Medina, Civilismo, 1979, p. 74-75.

21 Moncada, Aquel, 1997, p. 40.

22 Ibíd., p. 34-35. Abelardo L. Rodríguez fue presidente sustituto en 1932, por lo que no tenía impedimento

jurídico para no competir en las elecciones de 1952 y ocupar el puesto de presidente de nuevo. Dicho sea de paso, la sucesión en aquel año estaría a cargo de Miguel Alemán Valdés, hombre con el que Rodríguez siempre tuvo buena relación y visiones en común.

23 Al contrario, según José Alfredo Gómez Estrada parte importante del éxito empresarial de Rodríguez provino de su posición en un cargo público influyente y las ventajas que esto acarrea.

24 Medina, Civilismo, 1979, p. 110.

25 El periodista Israel González y su diario El Pueblo, no pararon de criticar al general Rodríguez, pues nunca dejaron de ver su sombra y control en la política (Plancarte y Munguía, El Pueblo, 1987, p. 44-45); los investigadores de la DGIPS, coincidieron en la opinión de que fue el general Rodríguez y no el presidente o el partido, el principal responsable de que Soto Martínez fuera candidato y después gobernador electo, AGN, DGIPS, Caja 797, Exp. 005.

26 Guadarrama (et. al.), “Gran”, 1985, p. 160-161.

27 Ibíd., p. 154.

*Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora