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La imagen fue capturada por Inés Martínez de Castro.

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¿Existe un momento y un lugar para el narcotráfico?

Francisco Piña Osuna*

Explicar la conducta delictiva resulta una empresa de amplio y caprichoso espectro. En  sus extremos se encuentra que el contexto es un factor que empuja con ferocidad hacia la delincuencia, o que la capacidad estratégica es el elemento crucial para sumergirse en la trasgresión. Detenerse a nombrar a los autores que representan ambos polos no sería engorroso para nada, pero sí un poco dilatado. Hablaremos de una interesante noción.

David Matza (2014)[1] sostiene que el delito no solo es un proceso de condicionamiento a lo largo de la vida del sujeto, y explicado por un perfil desviado. Una noción como la anterior comete un sesgo parcial, pues ignora a aquel trasgresor que explica su accionar en un momento y espacio determinados: el que no se valió de una estrategia previa, el que la ilegalidad no suponía (en principio) su modo de vida futuro, o aquel cuyos comportamientos e ideas están lejos de encajar en un perfil patológico. Para Matza existen casos en los que sencillamente “la ocasión hace al ladrón”.

Matza no ubica el delito solo como una contracultura de oposición o contestataria frente a la sociedad, sino que se explica mediante una serie de Técnicas de neutralización, las cuales se aplican en ocasiones especificas para negar un delito o una ofensa. Son recursos que buscan minimizar el daño y la culpa, donde el trasgresor debe su conducta a elementos externos a su control y traslada su responsabilidad hacia las propias víctimas. En su roce con la sociedad, con los grupos de pares y ante el bombardeo mediático, el sujeto va interiorizando estos recursos. La idea de un delincuente con procesos de socialización diferentes al modo de vida convencional puede ser cuestionada.

Dominar las Técnicas de neutralización facilita el ingreso a un estado que el propio Matza denomina drift (deriva), en la cual el individuo puede quebrantar determinadas leyes, en momentos específicos y en contextos determinados, sin tener que hacerlo todo el tiempo. Es decir, existen momentos y contextos en los que es menos posible discernir los beneficios de una vida convencional, es justo ahí donde se plantea “la deriva” y donde la opción de delinquir es más atractiva.

Si analizáramos con esta idea el narcotráfico, podríamos encontrar interesantes convergencias. Por ejemplo, la cultura de las drogas ha dispuesto un contexto donde su tráfico está justificado. Esto podría explicar que personas presas por estos delitos[2] tiendan a la minimización de sus acciones:

“…es una actividad normal en el pueblo, todos lo hacen, esto no va acabar nunca…”  (informante A);

“…los plebes necesitan la droga, no pueden vivir sin ella…” (informante B);

“…el gobierno no se fija en los que se hacen ricos con esto, yo pensaba ¿por qué se tiene que fijar en mí? Si yo lo que hacía era poquito…” (informante C);

“Yo lo que siempre veía era que nada era parejo, los que tenían mucho tenían más y yo no veía nada, lo que hacía con la droga era una forma de que las cosas fueran más parejas” (informante D).

Esta minimización del daño permite que el momento de iniciación en el tráfico de drogas cumpla con la idea de deriva:

“…entro a la casa de mi camarada, veo esos paquetes grandísimos, marihuana de toda, paquetes de todos colores, nunca había visto tanta, hasta el techo, y ahí me dije, aquí es, aquí me quedo…” (informante C);

“…llegaron al taller, ellos ya eran clientes de ahí y nos dijeron a mí y a un amigo si queríamos trabajar con ellos, ayudándoles cobrando dinero, yo le pensé como dos semanas y ya les iba a decir que no, pero me regalaron una pistola y un rifle, me gustaron, quería seguir manejándolas y pues les dije que si…” (informante E);

“…le pregunté a mi hermana por qué no había ido a la escuela y me dijo que no tenía cuadernos, eso me llegó, me dejó muy triste, me dio coraje, salí de la casa, fui con un vecino que vendía cristal, le dije que me diera un poco, lo vendí, agarre el dinero y volví a la casa. Le dije a mi hermana aquí está el dinero para el cuaderno. Entonces vi que con la droga podía ayudar en la casa” (informante D).

Las anteriores narrativas a la luz de las nociones de neutralización y deriva aportadas por Matza dejan las siguientes interrogantes: ¿Hasta qué punto la cultura del narcotráfico ha permitido que una persona justifique e incluso minimice un acto ilícito? ¿Es el narcotráfico una opción de vida tan palpable en nuestro contexto, que la decisión de dedicarse a ello puede ser una cuestión inmediata? ¿Cuáles son los momentos y cuáles son los espacios que, en nuestro contexto, facilitan a tal grado la actividad del narcotráfico?



[1] Matza, David. 2014. Delincuencia y Deriva. Buenos Aires: Siglo XXI.

[2] Estos testimonios se extraen de un trabajo de investigación que se está llevando a cabo por parte del autor del artículo.

*Estudiante del doctorado en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora. fpina@posgrado.colson.edu.mx