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El lado oculto del general. El papel de Abelardo L. Rodríguez como informante del gobierno de los Estados Unidos Pt 2

Miguel Ángel Grijalva Dávila*

 

El general paladín de la derecha

Con la creciente participación de Lázaro Cárdenas en movimientos opositores considerados de izquierda, como lo fue la campaña presidencial de Miguel Enríquez Guzmán en 1952, el expresidente michoacano representó un riesgo para los intereses estadunidenses en México. Además, no era secreto que Cárdenas era aliado de grupos de orientación marxista. Por ello, los estadunidenses mantuvieron buenas relaciones con aquellos políticos que fueran un contrapeso a Cárdenas. Los expresidentes Manuel Ávila Camacho y Adolfo de la Huerta eran considerados líderes neutrales o mediadores (28) entre las dos alas mejor consolidadas en el partido: la cardenista y la alemanista. Por otra parte, Miguel Alemán Valdés y Abelardo L. Rodríguez eran considerados los contrapesos de Cárdenas, siendo Rodríguez para los estadunidenses el más indispensable en la lucha contra la izquierda y el comunismo.

Rodríguez era un hombre de frontera, vivió en los Estados Unidos y sus antecedentes como gobernador de dos estados fronterizos lo hicieron convivir con la política del país vecino e identificarse con muchas de sus ideas. Así lo expresó en su ideario mientras fue gobernador de Sonora y cuando dijo ser un ferviente admirador del presidente estadunidense Franklin D. Roosevelt.(29) La política cultural de su sexenio también es un reflejo de su filiación,  pues aunque Enriqueta de Parodi no lo menciona,(30) gran parte de la obra cultural del sexenio de Rodríguez tuvo el objetivo de combatir a políticos y sindicalistas de izquierda, a los cuales caracterizó como ajenos a la identidad sonorense.(31) Por ello, la política cultural tuvo un matiz xenofóbico y promovió la idea de que la izquierda, el socialismo o el comunismo no tenían arraigo en el estado.(32) Los edificios construidos en el sexenio, similares a los edificios californianos de la época, son un ejemplo ilustrativo del deseo de Rodríguez por emular a los Estados Unidos.(33)

Su autobiografía es la confesión más indudable de que Rodríguez tenía filias por la política estadounidense imperante y era un anticomunista declarado. Luego de viajar a la Unión Soviética, el general criticó al gobierno y al sistema comunista, pues en sus propias palabras lo que había en la URSS:

“No eran los lineamientos que habían trazado para ese edificio los marxistas Lenin y Trotsky, quienes habían planeado el verdadero comunismo (prédica que siempre he conceptuado como utópica, mientras existan la vanidad y el egoísmo humano) […] La URSS es ahora un estado totalitario con doscientos millones de esclavos, que se encuentran entre hombres mujeres y niños. Pueblo esclavo que utiliza el monopolio del Estado como maquinaria para producir; pero al que no se le concede ni siquiera razonar.”(34)

Rodríguez mantuvo concordancia con sus ideas y con sus acciones de gobierno, pues combatió al ejido de producción colectiva, a la CTM y al Partido de la Revolución Mexicana por considerarlo bajo el control de Cárdenas. Estas acciones del expresidente explican por qué los estadunidenses recurrían a él constantemente para obtener información y opiniones de la política en México.

El general informante

A inicios de la década de 1960, el diplomático estadunidense Edward G. Cole realizó una evaluación sobre la conveniencia de intervenir en México para frenar al comunismo.(35) Esto, cuando el gobierno estadunidense se encontraba preocupado por la ambigua postura del presidente Adolfo López Mateos, quien se negaba a tomar partido entre los bloques comunista y capitalista en los años más tensos de la Guerra Fría y tan sólo un año antes de la crisis de los misiles.

Cole informó al Departamento de Estado que no era conveniente intervenir en México, pues sería visto como una gravísima violación a la soberanía nacional y provocaría críticas al país vecino del norte. A pesar de que el presidente López Mateos dio señales de desconfianza al otorgar privilegios al conocido amigo del bloque soviético Vicente Lombardo Toledano, según Cole no era necesaria la intervención estadunidense, pues el comunismo en México era combatido de manera eficaz en los tres frentes más importantes: la vida cotidiana, la sindical y la política. En la vida cotidiana, Cole dijo que la Iglesia católica estaba realizando labores anticomunistas que influían de manera importante en los mexicanos. En la vida sindical, mencionó las labores de la CTM, organización con el control de la mayoría de los trabajadores y con una clara postura de combate al comunismo. Por último, en cuanto al ámbito político mencionó que Abelardo L. Rodríguez era la figura de mayor influencia que actuaba públicamente contra el comunismo y alentaba al resto de los políticos a unirse contra esta corriente.(36)

El informe de Cole no sólo mostró las dudas que los estadunidenses tenían de López Mateos y la confianza que tenían en Rodríguez, sino que también comparó la influencia de este último con la de instituciones poderosas como la Iglesia católica y la CTM. Como se mencionó en el párrafo anterior, para el diplomático estadunidense el general era la fuerza anticomunista más importante de la política, no el Partido Revolucionario Institucional, sino Abelardo L. Rodríguez como individuo. Las acciones de Rodríguez, desde que fue gobernador de Sonora hasta los inicios de la década de 1960, no dejaron duda de su filiación anticomunista. Además, como no detentaba cargo público alguno, podía darse la libertad de actuar de manera más abierta. Esta fue la misma táctica de Lázaro Cárdenas, quien pidió su baja del ejército en 1960 para tener más libertad para influir en la política.(37)

Las claras posturas anticomunistas y anticardenistas de Rodríguez propiciaron que los Estados Unidos recurrieran a él en busca de opinión e información de la política nacional. Por ello, en la década de 1950 el general fue uno de los medios por los cuales el gobierno estadunidense se enteraba de lo que pasaba y se decía en los altos círculos de la política mexicana. Así ocurrió cuando se aproximó la sucesión de Adolfo Ruiz Cortines en 1958, momento en que los estadunidenses intentaron anticipar quién sería el candidato presidencial del PRI y, con ello, el nuevo presidente. Entre un mar de opiniones inciertas y dudosas, recurrieron a la del general Rodríguez, quien les dio mejores predicciones, pues afirmó que el siguiente presidente sería o Ernesto Uruchurtu, regente del Distrito Federal o, como ocurrió, Adolfo López Mateos, secretario del Trabajo y Previsión Social.(38)

De esta forma, en ese contexto de la política mexicana y la Guerra Fría, Rodríguez jugó un papel como informador y enlace entre el gobierno de Estados Unidos y el ala alemanista del PRI. Como Miguel Alemán Valdés y Rodríguez compartían el liderato de este grupo, se reunían frecuentemente para discutir los problemas del país, reuniones a las que ocasionalmente acudía Ernesto P. Uruchurtu, regente del Distrito Federal, quien los mantenía al tanto de lo que el presidente Ruiz Cortines sabía, no sabía o creía saber.(39)  Por esta razón, durante la década de 1950 el general se dejó ver públicamente en repetidas ocasiones con Miguel Alemán.(40) Ambos exmandatarios conjuraban contra el comunismo, la izquierda y la influencia de Lázaro Cárdenas.

Ya fuera porque Miguel Alemán y Abelardo L. Rodríguez pensaban que Lázaro Cárdenas afectaba sus intereses, o por considerar que la influencia del michoacano desequilibraba la vida política, ambos expresidentes operaron para reducir la influencia de Cárdenas al mínimo. En el año de 1960, el general Rodríguez pretendió provocar un suceso poco común para personajes supuestamente retirados de la política: convencer al gobierno de que expulsara del país a Lázaro Cárdenas.

En un documento redactado por el embajador de los Estados Unidos, Robert C. Hill, este diplomático informó a su gobierno que acababa de tener una plática telefónica con el general Rodríguez y que, a su vez, este le confesó sus planes para hacer que expulsaran de México a Lázaro Cárdenas.(41) Según el embajador, Rodríguez intentó convencer al presidente López Mateos, a través de Antonio Ortiz Mena, secretario de Hacienda y Crédito Público, de que exiliara a Lázaro Cárdenas por su constante intervención en la vida política nacional. No cabe duda de que las acciones de Rodríguez estaban inspiradas en el resentimiento que le tenía a Cárdenas, quien lo despojó de sus privilegios siendo presidente y expulsó del país a Plutarco Elías Calles, a quien Rodríguez siempre fue fiel. El general dejó ver ese resentimiento, pues dijo que Cárdenas intervenía más en la política como expresidente de lo que lo hacía Elías Calles cuando fue expulsado.(42) A pesar de que la petición de Rodríguez parecía tener causas personales, no hay que olvidar que también se debía a que ambos personajes tenían posturas muy distintas en el contexto de la Guerra Fría.

Hasta donde el embajador le dio seguimiento a la historia, el presidente López Mateos no dio respuesta a la petición de Rodríguez y, como sabemos, la pretendida expulsión de Cárdenas nunca se realizó. Coincidiera o no con Rodríguez, el presidente López Mateos no tenía la libertad de tomar una decisión de tal magnitud, pues de haber expulsado a Cárdenas se hubiera tenido que enfrentar al descontento de todos los seguidores del michoacano.

Consideraciones finales

Podemos concluir que, como informante de los Estados Unidos, Abelardo L. Rodríguez cumplió un papel de aliado en la lucha contra la izquierda y fue fuente de información privilegiada para el gobierno del país vecino del norte. Por su influencia, en su calidad de expresidente y por su posición en la política mexicana, el general tuvo acceso a información que los estadunidenses difícilmente podrían conseguir por otros medios, y la compartió con aquellos por la similitud en posturas con respecto al comunismo y las acciones de Lázaro Cárdenas.

Como se mencionó al inicio del texto, en este periodo de la Guerra Fría el general Rodríguez no fue un protagonista y, contrario a la creencia de algunos, no era un hombre retirado. Su cooperación con los diplomáticos estadunidenses para proporcionar información y sus gestiones para vigilar el rumbo de la política mexicana comprueban que el general Rodríguez siguió interviniendo en la política nacional. Su intento por hacer que expulsaran del país a Lázaro Cárdenas es la prueba fehaciente.

Todavía para las elecciones estatales en 1961 se registró la intervención de Rodríguez en las decisiones del partido, pues operó para que Fausto Acosta Romo obtuviera la candidatura al gobierno sonorense.(43) Para la mala suerte de Rodríguez, se le retiró el apoyo al candidato Acosta Romo ante la fuerte oposición de los sonorenses que, al igual que muchos otros ciudadanos en México, para principios de la década de 1960 ya estaban cansados de las decisiones arbitrarias del partido y de los caprichos de sus hombres fuertes, como era el caso de Abelardo L. Rodríguez.

Estos han sido los hallazgos después de una breve mirada a los expedientes públicos contenidos en el Archivo Nacional del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Seguramente una revisión más exhaustiva en dichos archivos arrojará nuevos hallazgos, más aún si se revisan acervos concernientes a la seguridad y los servicios de inteligencia de Estados Unidos, donde no sería sorpresa encontrar el nombre de Rodríguez en la nómina de alguna organización estadunidense o como miembro de la red de informadores de la CIA denominada “Litempo”. La invitación queda abierta, los documentos esperan su consulta y lo mismo la vida del general Rodríguez, la cual, después de su salida del gobierno de Sonora en 1949, resulta poco atractiva para los investigadores por considerar que el general se retiró de la vida pública.

 

28  Informe de Andrew Donovan, embajada estadunidense, 21 de octubre de 1955, NARA U.S.A., RG 84, Embassy, Mexico City, Classified General Records, Security – Segregated 1941-49, 1950-58.

29 Rodríguez, Ideario, 1949.

30 Parodi, Abelardo, 1951.

31 Barrera, “Arte”, 2009, p. 44.

32 Ibíd.

33 Ibíd., p. 45.

34 Rodríguez, Autobiografía, 1962, p. 210-211.

35  Informe de Edward G. Cole, consejero de la embajada de EUA en México, 14 de febrero de 1961, NARA

U.S.A.; RG 59; Records relating to Mexico, compiled 1946-1975, documenting the period 1938-1975; HMS P2;

320 International Political Relations –General- Jan-Jul.

36 Ibíd.

37 Informe de la embajada estadounidense, 1 de diciembre de 1960, NARA U.S.A.; RG 59; Records relating to Mexico,  compiled  1946-1975, documenting the  period  1938-1975; HMS  P2;  320  International Political

38 Informe de la conversación entre William P. Snow, consejero del cuerpo diplomático estadounidense, y Sam Katz, amigo de Abelardo L. Rodríguez, 28 de marzo de 1957, NARA U.S.A.; RG 84, Embassy, Mexico City; Classified General Records; Security – Segregated GR 1941-49, 1950-58; 350 Mexico 1957.

39 Ibíd.

40 Moncada, Aquel, 1997, p. 153.

41 Informe de Robert C. Hill, embajador estadunidense, 25 de noviembre de 1960, NARA U.S.A.; RG 59; Records Relating to Mexico, compiled 1946-1975, documenting the period 1938-1975; HMS: P2; container ID: 6.

42 Ibíd.

43 Moncada, Aquel, 1997, p. 154.

Bibliografía

Barrera Sarabia, Josué, “Arte y cultura en la era de Abelardo L. Rodríguez: política cultural en Sonora de 1943 a 1949”, Hermosillo, tesis para alcanzar el grado de Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de Sonora, 2009.

Buchenau, Jürgen, Plutarco Elías Calles and the Mexican Revolution, Lanham, Rowman y

Littlefield, 2007.

Gómez Estrada, José Alfredo, Gobierno y casinos. El origen de la riqueza de Abelardo L. Rodríguez, México, Instituto Mora, Universidad Autónoma de Baja California, 2002.

Gómez Estrada, José Alfredo, Lealtades divididas. Camarillas y poder en México 1913-1932, México, Instituto Mora, Universidad de Baja California, 2012.

Guadarrama, Rocío, José C. Ramírez, Oscar Conde, Ricardo León, Cristina Martínez, Lourdes Martínez, “El Gran Proyecto” en Ernesto Camou Healy, Rocío Guadarrama, José Carlos Ramírez (Coord.). Historia General de Sonora. Tomo V. Historia contemporánea de Sonora 1929-1984, Hermosillo, Gobierno del Estado de Sonora, 1985, p. 151-171.

Moncada Ochoa, Carlos, Aquel hombre: Abelardo L. Rodríguez, Hermosillo, Instituto Sonorense de Cultura, Fundación Esposos Rodríguez, Fondo Editorial El Libro Sonorense, 1997.

Moncada Ochoa, Carlos, La sucesión política en Sonora, 1917-1985, Hermosillo, Latinoamericana, 1988.

Medina, Luís, Civilismo y modernización del autoritarismo, México,  El Colegio de México, 1979.

Parodi, Enriqueta de, Abelardo L. Rodríguez, un devoto de la educación, Hermosillo, s. e., 1951.

Parra Castro, Javier, La formación histórica de la Federación de Trabajadores del Estado de Sonora FTS-CTM, Hermosillo, Universidad de Sonora, 2001.

Piña, Joaquín, Abelardo L. Rodríguez: su vida pública, México, [s. e.], 1945. Rodríguez, Abelardo L., Autobiografía, México, s. e., 1962.

Rodríguez, Abelardo L., Ideario, 1943-1949, Hermosillo, s. e., 1949.

*Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora