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El gobierno de los niños

Zulema Trejo Contreras*

Un día el zar de Rusia Pedro el Grande llegó de visita a Francia, el emperador ruso tenía más de un año visitando los países europeos para investigar los progresos sociales, técnicos y políticos que había en éstos y trasladarlos a su reino. Mientras estuvo en Francia el zar visitó al rey como era de esperarse, para escándalo de los nobles franceses tomó en brazos al monarca y lo sentó en sus piernas para platicar con él. Pedro el Grande no hizo nada que no pudiera hacerse con un niño de cuatro o cinco años, edad que por ese entonces tenía el rey de Francia. Naturalmente Luis no gobernaba al país sino nominalmente, en realidad era su madre quien ejercía el gobierno a través de una figura legislativa denominada regencia por minoría de edad.

España también tuvo sus monarcas infantiles. La reina Isabel II subió al trono a la edad de tres años y Alfonso XIII fue proclamado rey de España en el momento de nacer, ya que fue hijo póstumo del rey Alfonso XII; estos dos monarcas vivieron su infancia reinando a medias pues si bien no ejercían el poder si estaban obligados a los deberes de representación como recibir a otros monarcas, a embajadores, a presidir las reuniones de consejos y/o parlamentos, a recibir a ministros que les informaban en presencia de sus madres y regentes de asuntos que seguramente no entendían, acerca de los cuales no iban a emitir ninguna opinión, pero debían estar formalmente enterados. Brasil, Portugal, Rusia tuvieron en varios momentos de su historia reyes o reinas niños, al igual que en los dos ejemplos mencionados anteriormente.

En algunos casos estos monarcas infantiles vivieron el tiempo suficiente para reinar por sí mismos, tal fue el caso de Luis XIV y Luis XV de Francia, Isabel II, Alfonso XIII y Carlos II de España. Otros murieron a los pocos días de nacer, como el rey Juan de Francia, algunos más perdieron el trono a manos de sus propios familiares como los hijos del rey Eduardo IV de Inglaterra, menores de edad a la muerte de su padre y asesinados en la torre de Londres se presupone que por orden de su tío Ricardo, quien se proclamó rey con el nombre de Ricardo III.

Las y los niños que subieron al trono desde la niñez pasaron de ésta a la edad adulta cuando así convino a los fines políticos del reino; por ejemplo Isabel II de España fue declarada mayor de edad a los catorce años, a los dieciséis se casó por conveniencia política con su primo hermano Francisco de Asís. En algunos casos estas mayorías de edad adelantadas, por decirlo de alguna forma, no implicaron que las y los monarcas gobernaran por ellos mismos, como en los casos de Luis XIV y Luis XV, no fue así en los casos de otros monarcas como uno de los emperadores brasileños que se hizo cargo del gobierno a la edad de quince años.

Puede parecer asombroso que entre las mujeres haya pocos ejemplos de reinas niñas, como Isabel II de España y María Estuardo de Escocia, la explicación es sencilla. En la mayor parte de las monarquías europeas las mujeres no podían heredar el trono, ese derecho estaba reservado para los hombres. Las princesas tenían por lo general otro destino que era el contraer matrimonio con el monarca extranjero que resultara más conveniente para la política del reino. De esta manera se dan matrimonios tan disparejos en edad como el de Felipe IV de España que tenía cerca de sesenta años cuando contrajo matrimonio con Mariana de Austria de quince años; o el de Isabel de Habsburgo que a los doce años se casa con el rey de Dinamarca que tiene 35 años.

Con estos ejemplos he querido señalar que la frase “si los niños gobernaran…” es más que una frase, ya han existido niños que nacieron con el derecho a gobernar, y aun así, no les fue permitido hacerlo no porque carecieran de la madurez para llevar a cabo esa labor, sino porque no convenía a los intereses de quienes les rodeaban.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.