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La imagen fue capturada por Jesús Morales.

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Modernización, convergencia y fútbol

Emanuel Meraz*

Modernización y convergencia. El medio y el fin. Está de más decir que nos engañaron. Al mundo “en desarrollo” nos prometieron que cambiar, adaptarnos, incorporar esquemas que privilegiaran el desarrollo –económico antes que nada– del individuo, la liberación de las fuerzas y los actores económicos, nos llevaría a converger, a coincidir con el estilo de vida y los derechos de lo que se solía llamar el “primer mundo”. Hoy vemos que no es así. Los Panamá Papers, la masiva filtración que hizo posible su conocimiento público, hicieron –más– evidente lo que muchos ya pensábamos: que estos medios de la modernización han servido más que nada para promover la riqueza y el crecimiento de quienes más tienen.

Sin embargo eso no es lo que me ocupa en este espacio, al menos no como foco principal. Quisiera dedicar unas líneas a un aspecto subsidiario de esta compleja realidad, una que se acerca más al ámbito de la cultura y las prácticas que al económico, aunque bien podríamos pensar lo contrario sin estar errados: el fútbol.

Y no me refiero a la presencia de Lionel Messi entre la multitud de distinguidos clientes del despacho Mossack Fonseca, la cual por sí sola nos pone a pensar en qué exactamente se ha convertido un jugador de fútbol (en el Reino Unido, por ejemplo, el sueldo promedio de los futbolistas se ha incrementado en 1,500 por ciento durante los últimos 20 años), sino a la convicción extendida y generalmente aceptada de que “en Europa se juega el mejor fútbol del mundo”.

Opiniones hay tantas como aficionados o personas en esta Tierra, pero hay verdades que son evidentes. Una es que en Europa se juega el mejor fútbol del mundo. Otra es que no siempre fue así, y las razones de porqué hoy lo es son una cara más de este proceso de modernización y de la búsqueda de convergencia que ha marcado nuestra época. Propongamos un punto de partida. Soy de la convicción de que la llegada de Diego Armando Maradona al FC Barcelona el verano de 1982 es un punto de quiebre. Antes de eso se disputaron 12 mundiales de fútbol, divididos en igual número de triunfos para los representantes de ambos continentes. Desde entonces se han jugado 8 mundiales, 3 ganados por conjuntos americanos y 5 por los representativos europeos, un número parejo en apariencia, pero que ha visto la tendencia –insólita antes del mundial de 2014– de que los europeos ligaran 3 victorias.

Lo que cambió, básica y reductivamente, es que los jugadores de mayor renombre comenzaron a llegar más jóvenes a las principales ligas europeas, a los clubes con más recursos económicos para acaparar y desarrollar talentos, llegándose al punto de que menores de edad son captados por estos equipos y puestos en “incubadoras” mediante complejos mecanismos legales y laborales. En los países latinoamericanos no existía la posibilidad de competir con este modelo, y se optó por convertir sus clubes en semilleros de talentos para su temprana exportación, lo cual, a la larga, generó un abismo competitivo entre los conjuntos europeos y latinoamericanos a nivel de clubes y de selecciones nacionales (¿otra cara de la llamada resource curse?).

Y sí. Se nos dirá que, así como el estándar de vida nunca ha sido tan alto (el optimismo del largo plazo), que los commodities del primer mundo están más cerca que nunca para todos, no sólo para el goce de quienes habitan esa zona bendita del llamado “mundo Atlántico”, y que las libertades y los derechos de estirpe occidental han ayudado a transformar cada aspecto de nuestra vida en formas que no pueden ser sino halagüeñas, el fútbol actual ha incrementado su nivel en todo el planeta. Pero también es notorio que en los últimos 30 años el nivel de desigualdad se ha disparado, que no solo la brecha que separa a los que más tienen del resto es inmensa y se ha ampliado, sino que con ella han disminuido las posibilidades de que se acorte. En resumen: que hoy es más difícil salir del hoyo, y que ese hoyo nunca había sido tan profundo. Y esto aplica tanto en la economía como en el campo de juego. Maradona dijo alguna vez: “la pelota no se mancha”. La cosa es que hoy la pelota ya no es la misma para todos. Hay quienes no podemos cubrir la cuota para siquiera mirarla.

*Asistente de investigación en El Colegio de Sonora. /@emanuelmerazy