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FOTO DE LA SEMANA: “Posando”

La imagen fue capturada por Jesús Morales.

Los invitamos a publicar fotografías de su agrado para esta sección semanal. Enviar fotos al correo: asanchez@colson.edu.mx

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Bajo el sol de Calafia

Zulema Trejo Contreras*

Cuando en la esfera pública se debaten temas polémicos y el clamor de las voces que discuten impide que se escuchen unas a otras, es mejor dejar que los vientos se calmen para retomar el tema de forma más objetiva. Apenas terminada la Semana Santa, causó furor en las redes sociales primero, posteriormente en otros medios de comunicación, el video de una joven que participó en un concurso de baile durante sus vacaciones de primavera. Al saber que esta cuestión se debatía en el ámbito público con tal ímpetu que se formaron bandos encontrados que apoyaban o denostaban a la joven en cuestión, puse más atención a las opiniones que se transmitían de boca a boca, de espacio virtual a medios impresos, de vídeos a ondas de radio.

Sí, en el video que circulaba una y otra vez en las redes sociales se veía a una joven llamada Clarissa, radicada en ciudad Obregón, que al participar en un concurso playero ejecutó un baile que, según dicen los que tienen conocimiento para hacerlo, fue una mezcla entre el twerking y el “perreo”. Fuere cual fuere la gama coreográfica a la que pertenezcan los movimientos que se ven en el polémico video, todos las críticas iban en el mismo sentido: se trataba de un baile con pretensiones de erotismo que rayaba en lo vulgar con la agravante de que lo ejecutó una mujer cuya trabajo era dar clases en una escuela primaria.

Esos fueron los hechos y a partir de ahí se desató la polémica que culminó en el despido de Clarissa. En mi opinión, el problema central de esta cuestión que estuvo tan presente en los medios no es en sí el baile, el cual puede gustarnos o disgustarnos, en ese sentido cada quien tiene derecho a expresar sus preferencias; el meollo del asunto es que se usó un comportamiento privado para afectar la vida profesional de una mujer. Clarissa no ejecutó ese baile en presencia de sus alumnos, tampoco les puso el video, no fue quien lo circuló en las redes sociales y, aún más, su participación en ese concurso que le costó el trabajo ocurrió no sólo fuera de su horario de trabajo, sino en sus vacaciones, vacaciones que además tomó lejos del lugar donde trabajaba.

Desde mi punto de vista, las críticas y señalamientos a la profesora Clarissa fueron y siguen siendo infundados. La conducta de los trabajadores fuera de su lugar y horario de trabajo competen sólo a ellos y no deben ser fiscalizadas por la empresa en la cual trabajan puesto a ésta compete únicamente lo que sus trabajadores hacen al interior de sus instalaciones. Lo que hacen en su tiempo libre no es de su competencia y ciertamente no tendría que utilizarse como causal de despido. Se aludió en múltiples ocasiones el mal ejemplo que Clarissa daba a sus alumnos, ¿cómo podría haberlo dado si ellos no estaban en el lugar donde bailó ni fue ella la que les hizo ver el video?, en todo caso el mal ejemplo si es que quiere tomársele así, lo dieron quienes permitieron que los niños vieran el video aún a sabiendas que lo proyectado en él era un comportamiento que desaprobaban.

Otra cuestión que desde mi punto de vista resulta preocupante es la vulneración del derecho a la privacidad y libertad de Clarissa. Las redes sociales, los medios de comunicación hurgaron en su vida, criticaron su comportamiento, la juzgaron, la condenaron o la absolvieron sin tomarla en cuenta; hablaron de ella como si estuviera ausente del ámbito donde se ponía en tela de juicio su conducta y eso es injusto. Hay que tener presente que Clarissa no es una figura pública, es una persona particular y por consiguiente su conducta, su forma de ser fuera de sus horarios laborales le compete única y exclusivamente a ella, a nadie más.

*Profesora-investigadora en El Colegio de Sonora.